(serie recuerdos)- Recuerdos de Dioses - 4

XV

HADES

“El siglo de los siglos no existe, no hasta que pierdes lo que te importa”

-Mi señor esta seguro de lo que esta apunto de hacer, no tiene miedo que su hermano lo desafié a una guerra- menciona con cuidado Adrián, mientras las almas en pena son arrastradas con una cuerda en fila india, son las nuevas que llegaron en esta semana, son mas dos mil alrededor de todo el mundo, últimamente el mundo mortal parece loco por la cantidad absurda que hay, aunque cada siglo es diferente, los cerebros de los mortales me parece que son muy similares como sus formas de actuar.

Observo a Adrián junto a una cofre, le pedí que me trajera un anillo mas estilo femenino para mi futura reina, que aun no sabe que va ser mi reina. Sonrió con malicia. Y camino para mirar el enorme cristal en forma de circulo, es muy rojo y delicado. Espero que le guste, por si es el caso igual tendrá que usarlo.

-Amo si me escucho, no tiene …

-Si te escuche pero acaso importa hoy en día, los dioses del olimpo hasta con sus primos se juntan para formar bastarnos ilegítimos. Si Zeus se entera que lo haga, aquí estaré esperándolo aunque el no pisaría mi suelo. Es un cobarde.

Cierro la caja y sigo viendo el sufrimiento, las gotas acidas cae por sus rostros quemando su piel, y despedazándose en el proceso.

Mañana será el día en que capture a la doncella. Belleza exquisita, cabellera larga que muestra su inocencia y su cero experiencia hacia nosotros los dioses, ¿Pero me vendrá bien hasta después de muchos años?

-Adrián, me podrías dejar solo- abre los ojos y asiente educadamente.

Toda mi vida estado solo y ahora por fin podre ser feliz, no importa lo demás, no importa el que diran, no importa los sentimientos, capaz en algún momento lleguen de la forma mas inesperada, pero ahora disfrutare.

Me acuesto un rato en la cama llena de sabanas de seda y miro al techo oscuro, acabo de recordar que mi familia no tiene sentimientos, provenimos de una existencia cósmica , donde los seres humanos nos adoran. ¿Qué se sentirá sentir de verdad?

“Hades no sabrás hasta que lo experimentes”

**

Belleza, pero una que mata y enjaula.

La carrosa es blanca llena de plantas y hojas verdes, acaso no había otra. Miro de reojo a Adrián y evalúa mi mirada, parece un poco tenso.

-Que más se puede hacer?, ¿Te parece romántico esto? - una gota de sudor le resbala por la cien.

-Hicimos lo que usted pidió señor, dijo que quería algo femenino y que vaya más o menos con el gusto de la doncella.

-Puedes poner una granada en el medio, que este bien pegada, quiero que signifique el inicio de nuestra eternidad donde va nacer algo romántico y no tendrá fin.

¿Porque mis palabras suenas medio vacías cuando todo esta completo?

¿Acaso estoy nervioso?

Imposible.

Jamás.

Asiente y se lleva la carrosa.

Mientras desaparecen en la oscuridad vuelvo a mirar la enorme vista de mi cuarto, aquí no hay luz, no hay sol, no hay validez ni sombra solo oscuridad dónde tampoco existen estrellas. ¿Será que le gustará? Debería mandar a remodelar la habitación o debo dejarla a gusto de ella. Ya veré. Hoy el día, el día donde tendré una reina, una leal, y será mía.

El viento despeina mi cabello arreglado haciendo que caiga mi corona de puntas negras. Voy muy apuesto justo para sorprender a mi prometida, sin que ella lo sepa. Detengo la carrosa justo donde yace acostada. Antoine me dijo que estaba en su día de descanso y que tomaría una siesta en el césped, en su lugar favorito. Me bajo de la carrosa y camino sigilosamente con un poquito de nervios. Miro su cuerpo relajado y ojos cerrados y debo admitir que es hermosa la ninfa, calleo rojizo, piel blanca y brillante sin una gota de manchas o granos. Labios rosados. Nació perfecta. Abre los ojos y justo cruzamos, ella y yo, ¿Debería sentir algo verdad?, pero no siento nada si no más bien posesión, algo que quiero quitar a mi hermano.

-¿Quien eres?- pregunta asustada y la jaló de la parte superior de su vestido, ahora estamos frente a frente y más cerca de lo que me gusta admitir.

-Tu peor pesadilla ninfa del bosque- tiembla, llora y forcejea para salir huyendo, ¿Uh?, eso me gusta- ahora eres mía Perséfone.

-No, por favor. No.

-Deja de forcejear que es imposible- con eso le cargó y la monto en el carruaje - ahora sostente que va ser un largo camino a tu reino.

Me observa atemoriza y con súplica pero es lo de menos por ahora.




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