Shadow of Glory: Libro uno (edicion en español)

6. La bestia en cuclillas

“sin saberlo, condenarán a su especie por pura codicia y curiosidad”

Qui Mortem – Archidemonio.

Los primeros rayos de sol comenzaron a iluminar los campos cercanos a la ciudad de Gramorg, iluminando a su vez al pequeño ejército de caballeros Poskianos qua acompañaban a los Bucullatus y al demonio que dormía en una jaula cargada por pequeños golems que avanzaban lentamente.

El pequeño ejército se había detenido a menos de un kilómetro de la ciudad, a la lejanía se lograba divisar el castillo construido sobre la montaña. Decidieron parar para que los soldados recuperaran sus fuerzas y los Bucullatus entregaran energía mágica a los golems.

La líder de los Bucullatus, una joven mujer llamada Verónica, observaba con odio la ciudad, deseando sumirla en llamas.

- Señorita Verónica – esta fulminó con la mirada al caballero arrodillado que había osado mencionar su nombre y levantó su brazo – digo… maestra, el Unom Somna solicita hablar con su persona – la maestra miró una última vez con fastidio la ciudad y se dirigió junto a su maestro.

Él estaba al lado del demonio, observándolo cautelosamente. De una jaula de madera más pequeña que estaba cerca sacó un gato, recitó una bendición para el gato y lo lanzó dentro de la jaula del demonio. Apenas el animal cayó en la jaula, el demonio despertó, atrapó al felino sin darle la oportunidad de escapar y lo devoró de un bocado.

- Qué criatura tan fascinante – dijo el anciano satisfecho – tan fuerte y ágil como la más feroz de las bestias y a la vez tan dócil e inteligente – cubrió la jaula con una tela que recogió del suelo. Verónica se acercó a él haciendo una ligera reverencia.

- Querida… Finalmente estamos aquí – dijo mirando el castillo con desprecio, volteó a ver a su aprendiz y le dedicó una sonrisa – finalmente llevaremos a cabo nuestra venganza – Verónica se paró a su lado prestando atención a lo que decía – Draco, Federic y Fender; sus sirvientes y los pobladores de su pecaminosa ciudad, todos morirán hoy.

Verónica observó la ciudad imaginando la escena, una pequeña sonrisa se asomó en sus labios carmesí.

- Van a recibir su merecido – aseguró Verónica, se dio la vuelta hacia los soldados que se levantaron exaltados – además, de esta forma “él” estará satisfecho – murmuró, su padre asintió y miro una vez más el castillo.

- Cómo va aquello que me mencionaste – preguntó el anciano.

- Si tenemos suerte, tendremos a una nueva pieza en el tablero en cuanto lleguemos a Gramorg – respondió con una sonrisa – nos facilitara mucho las cosas, te contaré después si funciona, maestro.

- Tendrás otra mascota – dijo el anciano mirando a un encapuchado que estaba recostado en el suelo, la bruja sonrió todavía más.

Verónica reunió a todos los soldados que la acompañaban y les indico que continuaran con el recorrido, varios soldados terminaron su descanso a regañadientes y recogieron sus suministros. Dos de los Bucullatus tomaron a los caballos, que se movían alterados y los amarraron a la jaula mientras un domador los tranquilizaba; el aura asesina del demonio era palpable para cualquiera que estuviera cerca.

Continuaron avanzando con un solo objetivo en mente: reducir a Gramorg hasta sus cimientos.

Los aprendices se encontraban en el campo de entrenamiento del castillo. Silo y Lodtrack estaban teniendo un combate de entrenamiento.

- Silo, corrige tu postura – indicó Draco, presenciando el combate con atención. El elfo hizo caso omiso a las indicaciones de su maestro – Lodtrack, cubre tu punto ciego.

Silo combatía con ferocidad, sin permitir que Lodtrack pudiera pensar siquiera. Quería demostrarle a Draco que no era alguien reemplazable. Pero notaba cómo sus músculos comenzaban a sucumbir ante la fatiga, mientras que Lodtrack apenas parecía cansado.

- Silo ya perdió su ventaja. Y eso que él fue el que insistió en pelear contra Lodtrack – dijo Chub un poco aburrido – Lodtrack no será el más ágil, pero es un especialista en resistencia y fuerza. No puedes extender una pelea con él si no quieres morder el polvo.

Jill y Virtof miraban el combate en silencio, analizando cada detalle. Draco dejó de corregirlos y se sirvió una jarra de cerveza Dostav.

Lodtrack continuó a la defensiva durante unos golpes más. Nada más notar la disminución de velocidad de Silo, se abalanzó contra él, golpeándolo con el escudo, causando que perdiera el equilibrio. Mando un tajo a su pierna que hizo que cayera de rodillas. Con un golpe de la empuñadura, lo tiro al suelo y ganó el combate.

Draco los miró de manera indiferente, como si fuera el resultado lógico, lo que enfureció más a Silo.

- ¡Otra vez! – dijo respirando agitadamente – fue un golpe de su suerte.

- Apenas puedes ponerte en pie. Deberías descansar un poco – respondió Lodtrack sonriendo sarcásticamente. Silo iba a responderle cuando Draco habló:

- ¿Suerte dices? ¿Eres tan mediocre que rebajas tu derrota a mala suerte? – los ojos de Draco centellaban de furia. Lodtrack sintió un estremecimiento que le borró la sonrisa en el momento. Silo miró temeroso a Draco.

- Lo que pasa es que…

- Sin excusas. Incluso si perdiste porque tu contrincante tuvo suerte, fue porque tú le diste la posibilidad. Además, un guerrero debe responder a cualquier situación. No trates de justificarte conmigo. Si esto fuera un combate real, estarías muerto. ¿Entonces le echarías la culpa a tu mala suerte? – apartó la vista y volvió a servirse licor – dale doscientas vueltas al campo de entrenamiento. Ya que tanto te quejas de tu suerte, compensémosla con entrenamiento… - Draco miró a sus aprendices y notó cómo miraban el gigantesco campo que debía tener un perímetro de mínimo 300 metros, temerosos de recibir el mismo castigo – ¡el resto, batallas de dos contra dos!

Lodtrack y sus compañeros suspiraron y obedecieron sin rechistar. Lodtrack y Jill formaron una pareja, y Virfot y Chub la otra. Tomaron armas de bronce y combatieron entre si un rato. Lodtrack y Virfot intercambiaban golpes, y Jill intentaba golpear a Chub, que desviaba todos sus golpes con facilidad.




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