Shira: La joven guerrera

Capítulo Ⅴ

—Señor, no son enemigos, nos defendieron de los soldados de Dirzan, no deberíamos pagarles así. —habló un elfo joven acercándose hacia quien parecía ser el líder.

—Muy bien. —giró un poco su cabeza hacia la izquierda y todos tiraron sus arcos, entonces Jenay y yo nos colocamos lado a lado quedando frente al líder— ¿Quienes son ustedes?

—Soy Jenay, hijo de Leonor, su padre fue Guillermo, en nuestra familia tenemos la habilidad para leer símbolos y éramos buenos con las armas, fueron destruidos por Dirzan, sólo quedo yo —el líder le observó por unos instantes, puso su mano en la frente de Jenay y levantó su cabello, miró, luego quitó su mano.

—Bien —Guardó silencio unos instantes y luego fijó su mirada en mí—¿Y tú?

—Soy... —Aclaré mi voz, pero dudé unos instantes, elevé mi tono de voz para dar seguridad — Soy Shira, hija de Adelaida, mi tío fue un ángel, el mío para especificar, se llamó Júpiter. Mi padre murió cuando era joven así que no recuerdo nada de él, mi tío murió cuando tenía cinco años y mi madre hace seis días fue llevada por Dirzan sin razón aparente.—De repente se formó un gran murmullo entre los elfos y el líder me miró sorprendido.

—¿Adelaida? ¿Seguía con vida? —pasó sus dedos de su mano derecha suavemente por su cuero cabelludo, y en su rostro se tornó frustración.

—¿No debería estarlo? —Pregunté confundida.

—No. Es decir sí.—Habló turbio— Es mejor que entremos al bosque antes de que vuelvan más soldados.

Entramos al bosque, pude notar que algunos árboles se giraban para vernos, algunos se sorprendían al verme, otros se inclinaban para hacer reverencia al Líder de los elfos.

—Jenay... —susurré entre dientes indicándole que me explicara quienes eran esos seres, él se encontraba unos pasos tras de mí, aquellos seres me producían calosfríos.

—Ah, sí, son los Ent, guardianes de bosques, son entre hombre y árbol, tranquilos, amigables, aunque no se rebelan mientras están en el bosque así que es extraño que estén mostrándose —hizo una pausa— ¡ah!, cierto, lo olvidaba, son aliados de los elfos de bosque, tal vez por eso se muestran, no debes temerles.

—Tienes razón humano —habló un Ent, sus voces son graves, son bastantes grandes, de al menos cinco o seis metros de altura. Jenay le dio una sonrisa a aquel ser, su piel es una gruesa corteza marrón, sus brazos están hechos de ramas, sus pies parecen ser un tronco de árbol y sobre su cabeza tienen largas hojas.

Me acerqué al líder de los elfos para sacar información.

—Usted, ¿conoce a mi madre? —Estaba confundida, mi madre nunca salía del pueblo, siempre pensé que era una especie de ermitaña o algo así. Alcanzar sus pasos se me dificultaba, por lo que tenía que ir corriendo para al menos ir unos pasos tras él.

—Sí así es, fuimos buenos amigos en la clase de hechicería.

—¿Clase de hechicería? ¿Mi madre es una hechicera?

—Al parecer hay muchas cosas que no conoces de tu madre.—adelantó unos pasos y yo me quedé atrás.

Al llegar al centro del bosque nos sentamos en un gran tronco que estaba en el suelo, el tronco era circular, de unos noventa grados, el lugar era bastante acogedor, los árboles de gran tamaño y se entrelazaban entre sí, por esta razón no se podía ver el cielo. Pequeñas luces verdes alumbraban todo el centro del bosque y un gigantesco Ent se encontraba frente a nosotros, este parecía no poder moverse ya que sus ramas y raíces estaban clavados en ese lugar. De ancho era dos metros, después de él no había más camino, por lo que ese lugar estaba en forma circular.

Los elfos nos dijeron que esperáramos allí pues buscarían comida para nosotros. Observé a Jenay el cual estaba concentrado mirando su pergamino, sentado, a una distancia muy corta en mi lado izquierdo.

—Jenay, me he robado unas hojas del bosque, colócalas sobre tu herida, retrasarás la infección de esta manera hasta que encontremos algo mejor. —murmuré y al instante cerró el pergamino y lo sostuvo en su mano derecha, se inclinó hacia adelante descansando los codos en sus rodillas, me miró fijamente y noté que estaba muy cansado y a dolorido.

—Tú también estás herida Shira, deberías usarlas para ti.

—Jenay—hablé haciendo una incómoda pausa—mis heridas son recientes—, me acerqué para levantar su camisa y exprimir el jugo de las hojas sobre las heridas.

—Está bien, tú ganas —dijo entre quejidos—, siempre ganas.

—¿Existe otra razón por la que quieras vengarte de Dirzan?—Pregunté para romper la tensión

—Quiero vengar la muerte de mi pueblo, no me rendiré hasta lograrlo. Tú llegaste a ayudarme e inmediatamente supe que los dioses respondieron mis plegarias, así que debemos estar juntos porque al igual que yo, eres fuerte.




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