Shira: La joven guerrera

Capítulo ⅩⅡ

—¿Cómo vamos a salir muchachos? — Elioth miró a todos lados y notamos que no había ni un rasguño en las rocas que indicaran debilidad para poder escapar. Entonces Jenay fue corriendo al templo, luego de un rato volvió algo agitado, se habían escuchado ruidos de estruendo cuando estaba allí.

—¿Que sucede? —pregunté— No me digas que buscabas al Carrions.

—Sí y no lo encontré —lo miré exasperada sin decir nada, por poco y estallo de la rabia, pero recordé lo que él me dijo. Respiré profundamente.

—Desapareció, entonces tendremos que sentarnos mientras se nos ocurre algo —dije mientras me acomodaba en el suelo.

Luego de un rato, Jenay se puso de pie rápidamente como si tuviera una idea brillante.

—¡Puedo llamar a Pyrón! —Choqué la palma de mi mano contra mi frente "¿cómo no lo pensó antes?", me puse de pie y le di una patada en los huevos, mientras gritaba y se estrujaba contra el suelo le dije:

—¿No crees que se te pudo ocurrir eso hace quince minutos? —no dijo nada, sólo quejidos y en ese momento se escuchó un ruido, como de un golpe contra la pared.

Me acerqué y recosté mi oído contra la fría roca, escuche hacia el otro lado.

—Se escucha como si fuera algo grande que tratara de romper la... ¡Roca! —me eché atrás rápidamente y en ese mismo momento la cabeza de un gigantesco dragón había entrado. Jenay dio un brinco del susto y sacó su espada.

—¡Diablos! —Grité al aire, saqué mi arco y en ese momento apareció el Carrions.

—He llegado.

—Ahora sí apareces —dijo Jenay.

El dragón era verde olivo, con dientes grandes y colmillos filosos, su boca estaba bañada en sangre y sus ojos llenos de maldad. De repente entró un soldado de Dirzan por encima de la espalda de aquel monstruoso ser con un martillo gigante dispuesto a destruir.

Jenay y yo nos lanzamos hacia el dragón, tiré varias flechas hacia su cuellos pero éstas sólo cayeron como si su cuerpo fuera de hierro. Al mismo tiempo, aquel fino palo rozaba la herida que tenía en la palma de la mano. Jenay también trató de clavar su espada pero ésta lo único que hizo fue doblarse.

En ese mismo instante el soldado lanzó un martillazo hacia Jenay pero por suerte se pudo agachar, entonces al momento tiré de mi flecha hacia sus piernas pero él se las quitó y echó poca sangre para la que debería, me quede sorprendida.

—¡Al parecer son invencibles! —grité y lanzó el martillo hacia mí, abrí mis ojos, saqué mi espada y con todas mis fuerzas logré desviar aquel martillo de hierro, grande y cuadrado. Sentí cómo se estremecieron mis manos.

—¡Ayúdenme! Gritó el Carrions —quien estaba empujando un muro. Elioth, quien frenaba al dragón con sus poderes, se dirigió hacia él.

—¿Qué tratas de hacer? —preguntó Jenay mientras se dirigía a él.

—Sólo ayúdame y cierra la boca. —El dragón me elevó por los aires mientras el soldado se dirigía hacia Jenay. Saqué la espada la cual me ayudo no caer en la boca del dragón. Mis piernas quedaron abiertas sosteniéndose de la mandíbula y hocico del dragón, clavé mi espada entre sus dientes y este trató de quitárselo. Salté y me deslicé de su cuerpo y clavé dos flechas en la espada del soldado, captó mi atención y lanzó el martillo de hierro hacia mí, pero Elioth lo desvió con sus poderes y destrozó el hocico del dragón, al mismo tiempo, enterrando la espada en su mandíbula.

El grito del dragón fue tan fuerte que retumbó el la cueva. El muro que Jenay y el Carrions estaban tratando de empujar cayó sobre el soldado. La cueva empezó a temblar.

—Rápido —gritó el Carrions— salgamos antes de que esto se derrumbe.

Me dirigí al dragón, saque mi espada, entonces despertó, abrió su boca para tragarme, corrí, me subí en su espalda, Jenay, Elioth y el Carrions también lo hicieron y salimos corriendo. Casi al instante la cueva se derrumbó. Los muchachos saltamos celebrando la victoria pero el Carrions nos interrumpió.

—No celebren y váyanse corriendo, que si estos vinieron aquí es porque los están siguiendo. —nos detuvimos y le miramos.

—Como aún tenía contaminada mi sangre seguro nos siguieron hasta aquí.

—Entonces debemos huir lo antes posible —dije.

—Espero y tengan victoria, para liberar nuestro país, y no lo olvides Jenay "Primer Ministro del Reino" —en ese mismo momento desapareció como un circulo espiral. Salimos corriendo a toda velocidad hacia El Bosque de la Verdad, mientras más rápido llegáramos, más protegido estaríamos, ya que allí los seres oscuros no pueden entrar, el bosque estaba a media hora de camino y no creo que podríamos durar ese tiempo corriendo.

Corríamos, las ramas de los arboles golpean nuestro rostro, escuchábamos el crujido de los seres que nos seguían. Miré a Jenay un momento, noté que entre los arboles había una sombra con ojos que lo veía, pero no me fijé en el camino y tropecé. unos pasos más dio Jenay y se giró para volver a mí. Elioth me agarró de las manos elevándome hacia arriba, pero mi tobillo falcejeó. 




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