Shira: La joven guerrera

Capítulo ⅩⅣ

Jenay observaba los mapas detenidamente, no sabía que buscaba, yo ya había terminado de comer.

—¿Cuándo piensas decirme? —dije rompiendo el silencio, Jenay levantó la mirada unos instantes, pero volvió a concentrarse en el mapa.

—Estoy buscando un atajo.

—Has pasado los últimos quince minutos buscando un atajo. —crucé mis brazos. Jenay volvió a mirarme. Noté como había pasado el tiempo, el ya tenía inicios de barba, las cuales eran castañas como las ondas de su cabello.

En Girsus la barba era sinónimo de madurez, por lo tanto puedo decir que Jenay no era maduro hasta este momento.

Cuando a un hombre ya adulto en Girsus no le crecía barba, era objeto de desconfianza, nadie se fía en alguien que no es maduro para llevar el control en una situación, por lo tanto era mejor dejarlos a un lado. Algunos, consultaban hechiceros para poder tener barba.

Aunque a diferencia de Jenay, Elioth no tenía rastro alguna de barba al igual que cualquier otro elfo, su cabello era largo, y su mirada profunda.

—Es que es mejor buscar un buen atajo que irnos si tener un plan y para cuando lleguemos sería demasiado tarde. —Asentí, tenía razón, y es verdad que estaba madurando.

—De acuerdo—dije dejando la razón en sus manos.

Abrió sus ojos como si hubiera encontrado un tesoro y apuntó con su dedo a un lugar del mapa.

—¡Aquí está! —gritó en un volumen bajo, puso su mano izquierda sobre su boca mientras que con la otra señalaba el mapa. En su rostro se tornó preocupación.

—¿Qué sucede? —me enderecé sobre la silla.

—Es que, encontré un atajo, pero, tendríamos que cruzar El Pozo de la Muerte. —abrí mis ojos, El Pozo de la Muerte era una cueva en la que vivían los lobos. En una parte de ésta hay un antiguo pozo que se convirtió en un lago por una inundación, si entráramos a la cueva tendríamos que enfrentarnos a los lobos y cruzar el pozo obligatoriamente ya que no había otro espacio que cruzar.

—¿Qué haremos? —expresó Elioth rompiendo su silencio, era callado en exceso.

—Ustedes eligen —habló Jenay—, cruzar por ahí nos restaría dos días de camino o podría, también matarnos.

Recuerdo cuando miraba el bosque a través de la ventana, en la fría y oscura noche, recuerdo el miedo que esto me provocaba, sólo imaginar lo que podría sentir al estar dentro de ese lugar, y la posición en la que vi por última vez el cuerpo de mi tío. Pero sé que tenía que crecer, tenía que olvidar para enfrentar la vida, mi vida, la que se cruzó por mi camino, y es que si no tomaba una decisión clara en ese momento, la vida de más de doscientos hombres podría perderse.

—Pasaremos por el Pozo de la Muerte. Pero necesito que tú —cambié mi dirección a Elioth —uses tu magia para ayudarnos.

—Soy novato, aún soy nuevo en esto de la magia.

—Cualquier cosa ayudaría —contestó Jenay.

—Todos lo necesitamos. —Dije mirando fijamente a esos ojos amarillos y extrañamente. Asintió con inseguridad y tomó el último trago de una vaso que estaba en la mesa.

—Bien, pero te advierto que la cueva a parte de lobos feroces tiene cristales azules en su pared que son capaces de borrar la memoria. —Le dijo Jenay a Elioth

—¿Por qué no me dijiste eso antes? —vociferé alterada.

—Ya lo sabía —expresó Elioth entre un corto silencio.

—Porque sabía que dirías que no siendo así. Pero mira el lado bueno. Ambos tenemos pasados oscuros que queremos olvidar, si llegáramos a tocar esos cristales olvidaríamos todo lo malo. —dijo animándome.

—Pero yo no quiero perder mi memoria —volvió a hablar Elioth.

—El problema es, Jenay, que ese pasado triste que llevamos nos ha hecho quienes somos ahora, nos ha hecho fuertes, y no sólo olvidaríamos lo triste, lo oscuro, lo malo, sino que también olvidaríamos lo que nos hizo feliz, olvidaríamos quienes somos. —Me puse de pie lentamente, evitando hacer ruido con la madera— Ahora, vayámonos.

Esta vez, Elioth guardó silencio y obedeció, ya que se sintió ignorado.

Afuera sobornamos a un hombre para que nos "prestara" su caballo, no podíamos llevar los caballos de los soldados de Dirzan ya que éstos tienen un sello en su cuello para ser identificados, y no quisiera que nadie nos tomara por enemigos o que fuéramos un punto blanco para Dirzan.




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