Shira: La joven guerrera

Capítulo ⅩⅤ

Desperté en un monte lleno de trigo, casi flotaba cuando saltaba, mi piel estaba impecable, mi melena reluciente, limpia y larga, mi ropa blanca. El aire era dulce a mis pulmones, me revolcaba en las flores y escuchaba una hermosa melodía, que después de un rato mencionaba mi nombre.

—Shira —se escuchaba melodioso mi nombre en su voz— ¡Shira! —la voz soñaba un poco más distorsionada y mi risa se desfiguró— ¡Shira! —al abrir mis ojos era un chico con cabello castaño, nariz puntiaguda y ojos verdes que me llamaba y me golpeaba con sus manos, lo detuve con un puñetazo, pero luego reaccioné a lo que había hecho.

Estábamos en el Bosque de la Verdad.

—¿En serio Shira?, ¿En serio?, te salvo la vida y ¿Así me agradeces?—Jenay,— me aclaró una voz que retumbó en mi cabeza. Este chico estaba sosteniéndose las mejillas del dolor.

—No me salvaste nada, idiota, estabas pegándome. —me puse de pie, tambaleándome por un pequeño mareo.

—¿Qué sucede aquí? —habló Hatalayent, le miré inmediatamente con media sonrisa figurada en mi rostro.

—Así que estás vivo Hatalayent —caminé hacia él y nos saludamos de mano.

—Así que me recuerdas, Shira. —tras él llegaron varios elfos, heridos. Caminé hacia ellos y ayudé a uno a caminar.

—¿Qué les pasó? —un nudo sé enredó en mi garganta.

—No creo que quieras saberlo, Shira, sólo te digo que ya no estamos seguros en ningún lugar fijo. La bruja Leah nos atacó. —me sorprendí un momento y recordé cómo los soldados dijeron que la bruja Leah se había ido, seguro en ese momento se dirigió a ellos.

—Entonces si nos recuerdas, sabes quién soy, ¿Verdad? —interrumpió Jenay acercándose a paso lento.

—Eres un idiota eso eres —dije.

—Ah —respondió poco sorprendido— entonces sí me recuerdas.

—No digas groserías delante de la niña —dijo Elioth.

—¿Qué... —llegué a decir cuando el mismo elfo se movió frente a mí y detrás de él se encontraba una niña sentada en una roca— niña...

—Es una maga —respondió Hatalayent— o una aprendiz todavía.

Me tiré en el suelo, con un sonido quejoso en mis labios, la cabeza me dolía fuertemente.

—Está bien —fue lo único que pude decir. Acurruqué mi cabeza entre mis manos y cerré mis ojos.

—¿En serio estás de acuerdo?, ¿No tendrás alguna queja? —preguntó Jenay sarcásticamente.

—Creo, Jenay que con el único que tengo problemas es contigo. No estoy de humor para hablar.

—De todas formas, —interrumpió Hatalayent— no pedí su opinión, mientras estemos juntos yo soy el líder y si alguien se une o no es mí decisión. —asentí.

—Ellos se acercan —susurró por primera vez, aquella niña con voz temerosa —y no habrá nada para detenerlos, Dirzan hará todo por seguir en su reino.

—Pero es imposible que entren aquí, ¿Cierto? —dijo un Elfo llamado Zigot.

—Nada es imposible. Con estás fuerzas oscuras, incluso el alma más pura, puede romperse. —Jenay y yo, miramos intimidados a aquella niña, que llena de sabiduría nos brindaba temor. Su actitud era serena, parecía más muerta que viva, su cabello era negro como la oscura noche, al igual que sus ojos, sus labios estaban secos y pálidos y su piel maltratada, símbolo de una mala vida.

—Entonces es mejor que nos vayamos —asentí rápidamente y con nerviosismo.

—Sí, pero ¿Tienen algo de comer?, Jenay y yo morimos de hambre —dije.

Hatalayenth nos lanzó unas manzanas, Jenay llevó dos en sus manos y se dirigió a la niña, esta lo recibió sin negación, y comió. Me acerqué a paso lento.

—¿Cómo te llamas? —pregunté, sin mirarme se limpió los labios, su semblante al comer había cambiado.

—Eider —respondió y continuó comiendo.

Cambiamos rumbo hacia el Puerto Oscuro, Hatalayenth aseguró que si caminábamos en las rocas que están entre los árboles y el agua de aquel lugar, sería imposible que nos encontraran, no explicó porqué pero aseguró que en el largo pantano se encontraban unos extraños cocodrilos que si te dejabas tocar por ellos, tu piel se desmoronaba como ácido del demonio. Y entre los árboles, animales salvajes.

Todas estas bestias malignas habían sido producto de la magia oscura de Dirzan.

El Puerto Oscuro sería un atajo hacia un campo abierto donde nos prepararíamos para luchar.

Le pregunté a Elioth y Jenay cómo los encontraron dijeron que ellos nunca llegaron, los soldados de Dirzan los atacaron primero y se refugiaron en otro lugar. Cuando salimos de la cueva ellos estaban allí y se dirigieron todos hacia El Bosque de la verdad.




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