Short3

Capítulo 1

El amanecer llegó sin colores, cubriendo las avenidas con una capa de niebla gris y pesada que reducía la visibilidad a unos pocos metros. Mateo caminaba apresuradamente, manteniendo las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo para protegerse del viento helado que soplaba desde el río circundante. La ciudad apenas despertaba, mostrando su rostro más monótono de camiones de basura vaciando contenedores metálicos y empleados de limpieza barriendo las aceras mojadas frente a las tiendas cerradas. A pesar del cansancio físico que entorpecía sus movimientos, su mente funcionaba a una velocidad vertiginosa, repasando cada bit analizado durante la noche en el laboratorio subterráneo. Las coordenadas grabadas en el firmware del servidor maldito daban vueltas en su cabeza como un bucle infinito de ejecución que no encontraba una condición de salida válida.

Al llegar a la esquina de la calle Mayor, se detuvo frente a la fachada imponente de la antigua biblioteca municipal. El edificio, construido a finales del siglo diecinueve con bloques de piedra maciza y ventanas altas de arco de medio punto, llevaba clausurado más de una década debido a problemas estructurales y a la falta de presupuesto gubernamental para su restauración histórica. Las puertas principales de roble oscuro estaban reforzadas con cadenas oxidadas y carteles desteñidos que prohibían el paso bajo amenaza de sanciones legales severas. Sin embargo, Mateo no buscaba la entrada principal destinada al público del siglo pasado. Sabía que todo sistema complejo, ya fuera un programa informático de millones de líneas o un edificio gubernamental antiguo, siempre poseía una entrada de servicio o una puerta trasera diseñada para el mantenimiento técnico fuera del horario oficial.

Rodeó la manzana con paso firme, fingiendo ser un transeúnte común que buscaba una cafetería abierta a esas horas tempranas. En el callejón trasero, oculto tras varios contenedores de reciclaje industrial llenos de cartón, encontró una pequeña compuerta metálica que daba acceso a las antiguas tuberías de calefacción por vapor del complejo. Para su sorpresa, el candado que debía asegurar la compuerta no estaba cerrado a fondo; la argolla de acero colgaba suelta, mostrando marcas recientes de aceite lubricante que contrastaban con el óxido general de la estructura exterior. Alguien había utilizado esa vía de acceso no hacía muchas horas. Con un esfuerzo contenido que hizo crujir sus hombros, levantó la pesada tapa de hierro y se deslizó hacia la oscuridad del sótano, encendiendo la linterna de su teléfono móvil para iluminar los escalones de piedra resbaladiza.

El aire en el interior era denso, impregnado de un olor penetrante a papel descompuesto, humedad acumulada y polvo centenario que dificultaba la respiración normal. Mateo avanzó con cautela, apuntando el haz de luz hacia el suelo para evitar tropezar con los restos de tuberías caídas y estantes de madera podrida que bloqueaban los pasillos estrechos del sótano bibliotecario. A medida que se adentraba en el laberinto subterráneo, el silencio exterior de la ciudad fue reemplazado por un eco sordo y familiar que no esperaba encontrar en un lugar teóricamente abandonado desde el año dos mil quince. Era el sonido inconfundible de ventiladores de alta velocidad trabajando a pleno rendimiento, combinados con el olor característico a silicio caliente que impregnaba las salas de servidores modernas. El pulso se le aceleró de inmediato en el pecho.

Siguiendo el flujo del aire caliente a través de los corredores oscuros, llegó a una antigua bóveda que originalmente albergaba los manuscritos más valiosos de la colección de la ciudad. La pesada puerta blindada estaba abierta de par en par. En el interior, montados sobre estructuras de metal improvisadas que contrastaban con las paredes de ladrillo antiguo, se alzaban tres racks completos de servidores de última generación, cuyas luces LED iluminaban la estancia con un brillo azulado constante y fantasmal. Cables de fibra óptica de color amarillo brillante corrían por el techo, conectándose a una toma de corriente industrial que parecía haber sido desviada ilegalmente de la red de alumbrado público principal. Mateo se acercó a la consola central de administración, con el corazón golpeándole las costillas con violencia. Al tocar el teclado, la pantalla se encendió de inmediato, mostrando una terminal de comandos idéntica a la que había analizado horas antes en su propio laboratorio, confirmando que el nodo de su empresa no era más que un simple satélite de esta infraestructura clandestina oculta bajo la historia de la ciudad.



#1191 en Fantasía

En el texto hay: tren

Editado: 20.10.2026

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