Shurmax- El origen

CAPITULO 1 -EL NIÑO DE HARMORIAL

CAPITULO 1 -EL NIÑO DE HARMORIAL

Un cielo grisáceo se extendía sobre todo el continente.

El humo de la guerra había comenzado a cubrirlo todo. Ya no se trataba solamente de los campos de batalla; sus efectos alcanzaban los pueblos, los bosques y hasta el aire que respirábamos.

Cada día era más difícil respirar.

Me llevé una mano al pecho mientras caminaba entre los árboles.

-Esto va a terminar dañándome los pulmones...

Intenté no pensar demasiado en ello, tenía cosas más importantes de las que preocuparme, debía encontrar algo que comer antes de que anocheciera, si no encontraba nada, tendría que pasar otro día sin probar bocado,el bosque tampoco era un lugar seguro.

Entre los árboles podían esconderse animales salvajes, soldados enemigos e incluso personas desesperadas por conseguir cualquier cosa que llevarse a la boca. Aun así, seguí avanzando.

Aparté algunos matorrales y revisé el suelo

-nada-

Continué buscando.

Hasta que finalmente encontré unos hongos, me agaché y los observé con cuidado. Los reconocía. Eran comestibles.

-Por fin...

Los recogí uno por uno y los guardé dentro del pequeño morral que llevaba conmigo.

No era mucho pero al menos aquella noche tendría algo que comer

Me incorporé y levanté la mirada.

fue entonces cuando lo vi.

A lo lejos, al otro lado de la montaña, una luz atravesó el cielo.

Un instante después, un misil descendió sobre la aldea.

El estruendo llegó hasta mí.

La explosión levantó una enorme nube de humo y polvo.

Me quedé inmóvil.

Por unos segundos, no pude escuchar nada más que un zumbido dentro de mis oídos.

Miré hacia el lugar donde estaba mi casa.

Mi hogar.

Y entonces comprendí.

-No...

El morral cayó de mis manos.

Las piernas comenzaron a temblarme.

Mis padres estaban allí.

Mi hermana también.

Estaban esperándome.

Había salido aquella mañana para buscar comida.

Les había prometido que regresaría.

Pero ahora...

Ahora ya no quedaba prácticamente nada.

Corrí.

No recuerdo cuánto tardé en llegar.

Solo recuerdo haber atravesado el bosque sin sentir las ramas golpeándome, sin notar las piedras bajo mis pies y sin escuchar nada más que mi propia respiración.

Cuando finalmente llegué, me encontré frente a un montón de ruinas.

Donde antes estaba nuestra casa ahora solo quedaban escombros.

Me quedé mirando.

Esperando encontrar alguna señal.

Algo.

Cualquier cosa.

-Mamá...

Mi voz apenas salió.

Busqué entre los restos con las manos.

Aparté piedras.

Madera.

Polvo.

Nada.

Entonces encontré algo.

Un pequeño collar.

Lo reconocí inmediatamente.

Mi madre siempre lo llevaba consigo.

Lo sostuve entre mis dedos.

Y en ese momento ya no pude mantenerme de pie.

Caí sobre las ruinas.

Las lágrimas comenzaron a salir sin que pudiera detenerlas.

Lloré hasta quedarme sin fuerzas.

Lloré por mi madre... por mi familia....

Por todo lo que había perdido en un solo instante.

No tenía nada.

Solo aquel collar.

Y finalmente me obligué a levantarme.

No podía quedarme allí.

No sabía hacia dónde ir.

No sabía qué iba a hacer.

Pero sabía que tenía que continuar.

Así que guardé el collar con cuidado y emprendí el camino, atravesaría el bosque. Rodearía la montaña Y seguiría caminando hasta encontrar algún lugar donde pudiera sobrevivir.

Cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior.

Sentía el corazón cada vez más hundido y la mente llena de recuerdos que no podía detener.

Todos aquellos recuerdos que antes me hacían sentir seguro ahora solo conseguían hacerme daño. El dolor se extendía lentamente por mi pecho mientras mi mente comenzaba a nublarse.

Ya no sabía cuánto tiempo llevaba caminando.

El camino se volvía cada vez más difícil de distinguir y la noche comenzaba a caer sobre el bosque.Necesitaba encontrar un lugar donde pasar la noche.

Fue entonces cuando miré hacia arriba.

Un árbol.

Quizá no era el lugar más cómodo para dormir, pero parecía lo suficientemente seguro.

No sabía qué podía encontrarme en el suelo durante la noche.

Así que comencé a trepar.

Cada movimiento requería más esfuerzo que el anterior. Mis brazos temblaban y mis piernas apenas respondían, pero continué subiendo hasta llegar tan alto como mis fuerzas me permitieron.

Me acomodé sobre una rama gruesa y apoyé la espalda contra el tronco.

Desde allí podía ver el horizonte.

El sol estaba desapareciendo lentamente.

El cielo se había teñido de tonos anaranjados y rojizos, pero debajo de aquella belleza solo podía ver destrucción.

Humo.

Incendios.

Ruinas.

Un mundo sumido en el caos.

Bajé la mirada.

Si tan solo pudiera estar con mi familia...

Si tan solo me hubiera ido con ellos...

Quizá no estaría sufriendo tanto.

Mis ojos comenzaron a cerrarse.

Ya no tenía fuerzas para seguir pensando.

No sé en qué momento me quedé dormido.

Cuando abrí los ojos, ya no estaba en el bosque.

Estaba en casa.

En nuestro patio.

Todo parecía exactamente como antes.

Mi madre estaba junto a mi hermana.

Jugaban juntas mientras mi padre permanecía sentado bajo el gran árbol, observándolas con una sonrisa.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

-¡Mamá!

Corrí hacia ellas.

Quería abrazarlas.

Quería decirles que las había extrañado.

Que estaba ahí.

Que todo estaba bien.

Pero por más que corría, no conseguía acercarme.

Ellas seguían estando a la misma distancia.

-¡Esperen!

Corrí más rápido.

Mis piernas me comenzaron a doler.

Pero no importaba cuánto lo intentara.

No podía alcanzarlas.

Entonces todo comenzó a desvanecerse.




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