Si yo hubiera contado la Historia

Capítulo 60 — El día que la frontera tembló

Un día sin aviso, algo cambió en el aire y la línea se debilitó.

Todo parecía en calma hasta que una tarde, sin aviso, el cielo sobre ambos mundos se oscureció al mismo tiempo. Vientos extraños empezaron a soplar desde más allá de las montañas, trayendo consigo un frío que no era de invierno ni un calor que fuera de primavera. Las hojas de los árboles se detuvieron en seco. Las flores cerraron sus pétalos como si se escondieran. Y en la frontera, la línea que separaba los dos mundos pareció perder su brillo, su fuerza, su propósito.

Yuki lo sintió antes de verlo. Sintió algo romperse en su interior, como si el equilibrio que siempre había llevado consigo se desordenara de golpe. Su cuerpo empezó a temblar sin saber por qué. El cristal sobre su pecho dejó de brillar. Corrió hacia el refugio y encontró a Milori de pie junto al arroyo, mirando hacia la frontera con expresión grave y asombrada.

—Algo ocurre —dijo él sin apartar la vista—. La frontera… se debilita. Lo que siempre los mantuvo separados… está perdiendo su poder.

—¿Qué significa eso? —preguntó Yuki acercándose a él, sintiendo cómo el aire cambiaba a su alrededor—. ¿Se unirán los mundos? ¿O se destruirán?

Milori la miró y tomó sus manos entre las suyas con firmeza.

—Nadie lo sabe. Las leyes antiguas dicen que si la frontera cae, todo se desordena. Que el calor y el frío se mezclarán y destruirán el equilibrio de siempre. Pero también dicen… que cuando la frontera desaparece, es porque algo nuevo está por nacer.

Yuki miró hacia la línea que ya no parecía tan clara. Pensó en las semillas que había plantado, en la flor que florecía entre la nieve, en sí misma… hija de ambos mundos, prueba de que podían unirse sin destruirse. Quizás aquello no era un castigo. Quizás era el momento que tanto habían esperado.

—Si los mundos se unen… —dijo ella con voz suave y decidida—, entonces no habrá más fronteras. No habrá más leyes que nos separen. Podremos caminar juntos. Tú, mamá y yo. Sin escondernos. Sin despedirnos.

Milori la miró con ojos llenos de amor y también de temor.

—O quizás… el mundo aún no está listo para ello. Y lo que venga… será más difícil de lo que imaginamos. Pero pase lo que pase… estaremos juntos. Y eso… nos dará más fuerza que cualquier frontera que pudiera existir.

Y nadie supo aún si era el fin de todo o un nuevo comienzo.




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