Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo cuarenta ♡

⁴⁰

El timbre sonó dos veces.

Dylan dejó el destornillador sobre la mesa y caminó hasta la puerta.

Cuando abrió, sonrió sin poder evitarlo.

—¿Ali?

Ella levantó una bolsa de papel.

—Traje facturas.

—Entonces pasá antes de que cambie de opinión.

Entró riéndose.

El departamento seguía igual que siempre.

Un poco desordenado.

Una campera tirada sobre una silla.

Dos tazas en la mesada.

Y la ventana abierta dejando entrar el aire cálido de la tarde.

—Cada vez hace más calor.

Comentó mientras dejaba la bolsa sobre la cocina.

—Por suerte.

Respondió Dylan.

—Ya me cansé del frío.

Ella lo miró de reojo.

—Vos te cansás de todo rápido.

Él sonrió.

—No de todo.

Ali no respondió.

Solo escondió una sonrisa mientras acomodaba los platos.

Cafetera.

Facturas.

Dos tazas.

La escena era tan cotidiana que parecía repetirse desde hacía años.

Aunque, en realidad, hacía muy poco que habían vuelto a encontrarse de verdad.

—¿Y?

Preguntó Ali.

—¿Cómo estuvo el trabajo?

Dylan tardó unos segundos en contestar.

Demasiados.

Ella levantó la vista.

—¿Qué pasó?

Él respiró hondo.

—Hoy me ofrecieron un proyecto.

—¿Bueno?

—Muy bueno.

Ella sonrió enseguida.

—¡¿Y esa cara entonces?!

Él soltó una risa.

—Porque tiene una condición.

Se hizo un pequeño silencio.

—¿Cuál?

—Es en la costa.

Ali abrió grande los ojos.

—¿En serio?

—Sí.

Frente al mar.

Tres meses.

Ella apoyó lentamente la taza sobre la mesa.

—Tres meses...

Repitió casi para ella.

Dylan asintió.

—Me dan un departamento.

Buen sueldo.

Y si todo sale bien...

puede abrirme muchas puertas.

Ali sonrió otra vez.

Esta vez con sinceridad.

—Dylan...

¡Es una oportunidad increíble!

Él la observó unos segundos.

—¿Vos irías?

Ella soltó una risa.

—Yo sí.

Sin pensarlo.

¿Quién dice que no a vivir tres meses frente al mar?

Los dos se rieron.

Pero la risa duró poco.

Porque la realidad terminó alcanzándolos.

Tres meses.

No eran unas vacaciones.

No era un fin de semana.

Era tiempo.

Mucho tiempo.

Después de un rato cambiaron de tema.

Hablaron de cualquier cosa.

De una película.

De Mateo.

De Tayler.

Intentaron que la conversación volviera a ser liviana.

Pero la propuesta seguía sentada entre los dos.

Invisible.

Cuando ya estaba por irse, Ali caminó hasta el balcón.

Desde ahí se veía casi toda la ciudad.

El viento movía apenas las cortinas.

—Es lindo este departamento.

Dijo de repente.

Dylan apoyó un hombro en el marco de la puerta.

—Sí.

Me gusta.

Ella siguió mirando hacia afuera.

—Qué feo va a ser que quede vacío tres meses.

Él la miró.

No respondió enseguida.

Porque esa frase había despertado una idea que llevaba toda la tarde intentando ordenar.

Sonrió apenas.

Muy apenas.

Como quien termina de encontrar una pieza que faltaba.

—Tal vez...

No tenga que quedar vacío.

Ali giró la cabeza.

—¿Cómo?

Dylan negó despacio.

—Nada.

Todavía no.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué significa "todavía no"?

Él se acercó hasta quedar frente a ella.

—Significa que necesito que pienses algo.

—¿Qué cosa?

La miró unos segundos.

Con esa calma que ella ya conocía.

—Prometeme que no me vas a responder hoy.

Ali arqueó una ceja.

—Ahora me dio curiosidad.

Él sonrió.

—Era la idea.

Ella le dio un golpecito suave en el brazo.

—Sos insoportable.

—Un poco.

Caminaron juntos hasta la puerta.

Antes de salir, Ali volvió a mirarlo.

—¿De verdad estás bien?

Él asintió.

—Sí.

Creo que hoy empezó una etapa nueva.

Ella sonrió sin entender del todo.

—Ojalá sea una buena.

—Creo que puede ser la mejor.

Ali bajó por el ascensor pensando en esa última frase.

No sabía por qué.

Pero sentía que Dylan no le había contado toda la historia.

Y, por primera vez...

esa idea no le daba miedo.

Le daba ganas de descubrir cuál era el resto.




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