⁴⁹
Siempre pensé que el tiempo pasaba despacio.
Hasta que dejé de contar los días.
En algún momento, sin darme cuenta, dejé de mirar el calendario.
Ya no importaba si era lunes o sábado.
Si habían pasado dos semanas o dos meses.
Lo único que importaba era que, por primera vez en mucho tiempo, me sentía en paz.
Y eso hacía que todo pasara demasiado rápido.
El último día del año llegó casi sin avisar.
La ciudad estaba distinta.
Había luces colgadas entre las palmeras, música en cada esquina y personas caminando con una alegría contagiosa.
Todo parecía preparado para despedir un año que, al menos para mí, había cambiado absolutamente todo.
Me puse un vestido blanco de hilo, fresco y liviano, perfecto para el calor del verano.
El pelo suelto.
Unas sandalias simples.
Cuando salí del dormitorio encontré a Dylan esperándome junto a la puerta.
Llevaba una camisa blanca de lino con las mangas apenas arremangadas, una bermuda marrón y zapatillas claras.
Nos quedamos mirándonos unos segundos.
Él sonrió primero.
—¿Qué?
Negué con la cabeza.
Sonriendo también.
—Nada...
Creo que estamos combinados.
Él bajó la vista hacia su ropa.
Después volvió a mirarme.
—Tenés razón.
No lo habíamos planeado.
Y quizá por eso me pareció todavía más lindo.
Parecía una de esas pequeñas coincidencias que solo pasan cuando dos personas empiezan a compartir una misma vida.
La playa estaba llena.
Había familias, grupos de amigos, turistas, parejas...
Todos esperaban el mismo momento.
Nosotros caminábamos despacio, sin apuro.
Como si la noche quisiera durar un poco más.
Cuando faltaban apenas unos segundos para las doce, Dylan buscó mis manos.
Las sostuvo entre las suyas.
No dijo nada.
Tampoco hacía falta.
A nuestro alrededor comenzaron a escucharse las voces.
—¡Diez!
—¡Nueve!
—¡Ocho!
Mientras todos miraban el cielo...
yo me quedé mirándolo a él.
Contemplando al hombre que tenía enfrente.
Su tranquilidad.
Su forma de enfrentar cada problema sin desesperarse.
La paciencia que había tenido conmigo incluso cuando yo misma no sabía qué hacer con mi vida.
Todavía me preguntaba qué había visto en mí para quedarse tanto tiempo.
Y, aun así...
sentí una felicidad inmensa al saber que seguía ahí.
A mi lado.
Pensé que el futuro seguía siendo incierto.
Como para cualquier persona.
Pero también tuve una certeza.
La de que, pasara lo que pasara...
íbamos a enfrentarlo mucho más unidos que antes.
—¡Tres!
—¡Dos!
—¡Uno!
El cielo explotó en colores.
Los fuegos artificiales iluminaron el mar como si fuera de día.
La gente empezó a brindar.
Algunos lloraban.
Otros reían.
Muchos se abrazaban.
Yo hice lo primero que me nació.
Abracé a Dylan.
Él me devolvió el abrazo con la misma fuerza.
Apoyó la frente contra la mía.
—Feliz Año Nuevo, Dyl.
Susurré.
Él sonrió.
—Feliz Año Nuevo, Ali.
Y fue en ese instante...
cuando entendí la enorme satisfacción que sentía simplemente por estar donde estaba.
Con la persona correcta.
Seguimos caminando por la costanera.
La música empezaba a quedar atrás.
El ruido de los fuegos artificiales se mezclaba con el sonido de las olas.
Fue entonces cuando los vi.
En una pequeña plaza frente al mar, un hombre tocaba la guitarra mientras algunas personas seguían cantando.
Y, entre todos ellos, había una pareja de ancianos bailando.
Él llevaba un sombrero claro.
Ella un vestido floreado que se movía con el viento.
No parecían preocupados por quién los miraba.
Solo se miraban entre ellos.
Como si después de tantos años siguieran encontrando algo nuevo en los ojos del otro.
Me quedé observándolos sin decir una palabra.
—¿Qué mirás tanto?
preguntó Dylan, siguiendo la dirección de mi mirada.
Sonreí apenas.
Sin dejar de observarlos.
—Pensaba...
Ojalá lleguemos a esa edad nosotros también.
Mirándonos así.
Él no respondió enseguida.
Miró a la pareja.
Después volvió a mirarme.
Y sonrió de esa forma tan tranquila que siempre conseguía transmitirme paz.
Seguimos caminando.
Y, por primera vez desde que habíamos llegado a la costa...
sentí que el futuro ya no daba miedo.
Me daba esperanza.
Y ganas de vivirlo.
Lo que yo todavía no sabía...
era que, para Dylan, ese instante acababa de responder una pregunta que llevaba semanas haciéndose.
Sin decir una sola palabra...
acababa de tomar la decisión más importante de su vida.
.
.
.
💌 Nota de autora:
Ok. Lo más emocionante que vas a leer está a punto de empezar en los próximos capítulos. 🥹❤
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Editado: 20.10.2026