Siempre encontramos el camino de vuelta

Capitulo cincuenta ⁠♡

⁵⁰

POV Dylan

Nunca fui de creer que una sola noche pudiera cambiar una vida.

Hasta Año Nuevo.

No fueron los fuegos artificiales.

Ni el brindis.

Ni siquiera el abrazo.

Fue una sola frase.

"Ojalá lleguemos a esa edad mirándonos así."

Desde que Ali la dijo, no pude dejar de pensar en ella.

No porque fuera una frase romántica.

Sino porque entendí algo que, hasta ese momento, no había querido admitir.

Ella ya no hablaba del presente.

Empezaba a imaginar un futuro.

Y yo también.

A la mañana siguiente me desperté antes que ella.

Todavía dormía.

Tenía el pelo desordenado sobre la almohada y abrazaba una de ellas como hacía casi todas las noches.

Sonreí sin darme cuenta.

Me quedé observándola unos minutos.

Pensando.

Qué extraño era todo.

Meses atrás estaba convencido de que nunca volveríamos a estar así.

Hubo un tiempo en que verla feliz conmigo parecía imposible.

Otro en el que pensé que ya no quería compartir su vida conmigo.

Y, sin embargo...

ahí estaba.

Durmiendo tranquila.

En nuestro departamento.

Con la confianza de quien sabe que está en casa.

Respiré hondo.

Me hice una pregunta que llevaba demasiado tiempo postergando.

¿Qué estaba esperando?

Si quería compartir mi vida con ella...

¿por qué seguir esperando el momento perfecto?

Tal vez el momento perfecto no aparecía.

Tal vez uno tenía que decidir que había llegado.

Y yo acababa de hacerlo.

Esperé a que Ali siguiera durmiendo.

Salí al balcón.

Cerré la puerta con cuidado.

Saqué el celular.

Había una sola persona con la que quería hablar.

Jazmín.

Atendió después del segundo tono.

—Buen día.

¿Sobrevivieron al brindis?

Sonreí.

—Sí.

Necesito pedirte un favor.

Del otro lado hubo un silencio corto.

Después escuché una risa.

—¿Qué hiciste ahora?

—Todavía nada.

Pero quiero hacer las cosas bien.

—Dylan...

dijo mi nombre alargando la última letra.

Ya sabía.

Habíamos quedado en que si yo algún día le pidiese un favor, era porque se trataba de esto.

—¿Le vas a proponer matrimonio?

Miré el mar.

Respiré despacio.

Y sonreí.

—Sí.

Esta vez el silencio fue distinto.

Más cálido.

—Sabía que este día iba a llegar.

No respondí.

Porque, sinceramente...

yo no estaba tan seguro.

Hasta anoche.

—Necesito que me ayudes con una cosa.

—Decime.

—El anillo.

Esperé que me dijera cuál comprar.

O qué piedra elegir.

Pero respondió algo completamente distinto.

—No.

Fruncí el ceño.

—¿No?

—No voy a elegirlo por vos.

Porque la persona que la conoce sos vos.

No yo.

Me quedé callado.

Ella continuó.

—Solo contestame una pregunta.

—¿Cuál?

—¿Qué querés que sienta cuando abra la caja?

No hizo falta pensarlo demasiado.

—Quiero que sienta que la conozco.

Que se dé cuenta de que presté atención a cada detalle.

Que entienda que esto no es un impulso.

Es una decisión.

Del otro lado sonrió.

Lo supe sin verla.

—Entonces ya sabés cómo encontrar el anillo correcto.

Esa misma tarde salí solo.

Le dije a Ali que tenía que resolver unas cosas del trabajo.

No me gustó mentirle.

Pero quería que todo fuera una sorpresa.

Entré a varias joyerías.

Ninguna me convencía.

Todo era demasiado llamativo.

Demasiado frío.

Hasta que vi una pequeña vitrina al fondo del último local.

Había un anillo sencillo.

Elegante.

Con un zafiro azul profundo que cambiaba de brillo cada vez que la luz lo tocaba.

No era el más grande.

Ni el más caro.

Pero me hizo pensar en ella.

Porque Ali nunca necesitó llamar la atención para que el mundo la mirara.

Simplemente tenía esa forma de iluminar los lugares donde estaba.

Lo sostuve entre los dedos unos segundos.

Y, por primera vez en mucho tiempo...

no tuve ninguna duda.

Era ese.

Salí de la joyería con una pequeña bolsa cuidadosamente cerrada.

Sentía una mezcla extraña.

Nervios.

Felicidad.

Miedo.

No a que dijera que no.

Eso nunca cruzó mi cabeza.

Tenía miedo de no estar a la altura del momento.

Porque hay decisiones que uno toma una sola vez en la vida.

Y yo quería que ella recordara esa para siempre.

Al volver al departamento guardé la caja en el fondo de mi valija, debajo de varias remeras.

Respiré aliviado.

Justo en ese momento escuché la puerta abrirse.

—¿Dylan?

Era Ali.

Entró con dos bolsas del supermercado y una sonrisa.

—¿Me ayudás?

La miré.

Ella todavía no sabía nada.

Y, por primera vez desde que la conocía...

me estaba costando muchísimo guardar un secreto.

Sonreí.

Tomé una de las bolsas.

Y pensé que faltaba muy poco.

Muy poco para hacerle la pregunta que llevaba meses esperando responder.

.

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.

💌 Nota de autora:

Yo te avise. 🙂‍↕️

Ahora sí... Disfruta de la mejor parte. 🤍




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