Uldred apareció dos días después. Irrumpió en la cámara de vigilancia de Varek sin molestarse en anunciar su visita y cerró de un golpe seco la pesada puerta de hierro a su espalda. No sonreía, y esa ausencia de su habitual sarcasmo bastó para poner a Varek en estado de alerta máxima..
—Ha llegado el momento de cobrar el favor —dijo Uldred, yendo directo al grano.
Varek dejó sobre la mesa de obsidiana el informe de patrulla que examinaba y lo miró fijamente.
—¿Qué quieres?
—Desaparecer.
Varek no respondió de inmediato, estudiando la postura rígida,la tensión en los hombros que delataba algo más que simple preocupación. Uldred se acercó a la mesa y apoyó las palmas sobre la superficie gastada, inclinándose ligeramente hacia delante.
—Kael ha comenzado una purga en los niveles superiores —explicó en voz baja—. Tres comandantes han desaparecido en dos noches. Cinco administradores han sido interrogados en las fosas inferiores y dos de ellos no regresaron.
—¿Por qué ibas a estar en la lista?
—Porque llevo demasiado tiempo sobreviviendo a los cambios de régimen.
—Eso no suele ser motivo suficiente para una disolución.
—Están revisando archivos de hace quinientos años.
—Manipulaste registros.
—Sobreviví —corrigió Uldred.
—No es lo mismo.
—Aquí abajo suele ser exactamente lo mismo. —Uldred se inclinó ligeramente hacia adelante, clavando sus ojos en los de Varek—. Necesito que mi muerte conste firmada y sellada en los registros oficiales antes de que los inquisidores lleguen a los míos.
—Kael puede reconocer el rastro de una esencia disuelta a leguas de distancia. Una firma falsa no aguantará ni el más mínimo escrutinio.
—Por eso he venido a cobrarte un favor y no a pedirte que escribas simplemente «Uldred ha muerto» en un pedazo de pergamino.
—Quizá pueda ayudarte.
—Eso ha sonado peligrosamente parecido a una idea.
—Lo es. —Varek se levantó despacio de su asiento—. Necesito un recipiente.
La sonrisa astuta que a menudo definía el rostro de Uldred se extinguió por completo, dejando paso a una mueca de repulsión.
—No me gusta cómo ha empezado esta conversación.
—Quiero realizar una Desposesión.
Por primera vez desde que se conocían, Uldred se quedó absolutamente mudo, parpadeando con un estupor que apenas podía creer.
—Eso no existe. Es una fábula para asustar a los neófitos.
—Morven discrepa.
Uldred cerró los ojos y dejó caer la cabeza con frustración, como si acabara de recibir una noticia terriblemente predecible.
—Morven. —Abrió un ojo, resignado—. Por supuesto que es Morven. ¿Por ella?
Varek mantuvo la vista fija en él, impasible, sin darle el gusto de confirmar sus sospechas con una palabra o un gesto. Uldred soltó una risa seca, desprovista de humor.
—Increíble.
—¿Quieres desaparecer o no?
—Continúa.
—El ritual necesita que mi esencia atraviese otro cuerpo demoníaco antes de dispersarse en el vacío. Si ese cuerpo es de nuestra naturaleza, su firma infernal quedará alterada de forma irreversible.
—¿Cuánto?
—Lo suficiente para que la antigua deje de ser reconocible para los rastreadores de Kael durante un tiempo.
—Mi firma actual parecería destruida a ojos de la fortaleza.
—Y el residuo del ritual servirá como prueba irrefutable. —Varek lo miró con absoluta gravedad—. Prepararé la certificación oficial de tu disolución antes de comenzar. Si Morven confirma que el proceso ha concluido y tu firma ha mutado, el registro quedará sellado de forma permanente.
—Y nuestro pacto...
—El favor quedará completamente saldado.
Uldred comenzó a pasearse despacio por la estancia, con los brazos cruzados a la espalda, barajando con frialdad las probabilidades de salir con vida de semejante locura.
—¿Qué tendría que hacer exactamente?
—Dejar que mi esencia atraviese tu núcleo.
—Eso no ha mejorado en absoluto la propuesta.
—No puedes intentar retenerla. Ni un solo fragmento.
—¿Qué ocurre si lo hago?
—Podemos morir los dos en el acto.
—Directo al punto.
—O quedar unidos.
—¿Unidos cómo?
—Dos esencias luchando dentro del mismo núcleo, intentando devorarse mutuamente durante el tiempo que tardemos en destruirnos por completo.
—Prefiero la muerte limpia.
—Entonces deja que salga sin oponer resistencia.
—¿Qué gano además de una experiencia traumática y una firma arruinada?