Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 12 - ELECTRICIDAD MAGNÉTICA

ELECTRICIDAD MAGNÉTICA

Elena

Hace 2 años

Septiembre de 2024.

Murgia, Álava (País Vasco)

Este mes está siendo una auténtica locura. Nunca imaginé que viviría aquí, en el pueblo. Lo he sentido como un hogar puntual, para el verano, pero ahora Murgia se había convertido en mi hogar y me encantaba.

La razón de estar aquí es porque me han contratado para trabajar como maestra en el colegio del pueblo. Cuando lo conseguí no me lo creía, fue un sueño. Ya no solo por estar aquí, sino por conseguir por fin ser profesora. Los niños a los que doy clase son una maravilla, tengo poquitos, pero es perfecto, me da la oportunidad de poder atender a todas sus necesidades.

Así que mis días consistían en dar clases por las mañanas, ir a comer con los abuelos y pasear por las tardes por el pueblo. Iba dos veces por semana a clase de baile y me habían ofrecido enseñar a un grupo de los peques.

Ahora estamos enfrascados en las fiestas. Desde el colegio habíamos organizado una serie de actuaciones y estaba dando los últimos retoques al vestuario de mis niños.

Los niños corretean nerviosos por toda la plaza y, tanto los docentes del colegio como las familias, estamos terminando de retocar los decorados y los accesorios que van a usar. De repente se forma un revuelo y oigo como los niños gritan alegres en una dirección. Cuando alzo la mirada me encuentro a Unai agachado hablando con los niños.

Sonrío al verlo feliz. Siempre que está con los niños se le ve así, con una gran sonrisa pintada en su cara. Creo que una parte de él echa de menos ser un niño y sentir y vivir el fútbol como lo hacía de pequeño.

Unai posa su mirada en mí cuando siente que lo estoy mirando y me sonríe ampliamente. Le devuelvo la sonrisa y un rubor se instala en mis mejillas. Rápidamente me centro en colocar los lazos a uno de los vestidos.

Por mi mente pasan las imágenes de esa noche. Aún la recuerdo como si hubiera ocurrido ayer, lo que sentí estando con él, al despertar entre sus brazos, sintiendo su calor, los latidos de su corazón…

—Hace mucho que no lo veía así —la voz de Irati me saca de mis pensamientos.

—¿Qué? —le digo descolocada.

—Unai —me dice señalándolo con la mirada.

—No entiendo —sigo desconcertada. ¿Unai está bien? ¿Por qué lo dice cómo si hubiera estado mal todo este tiempo? Que yo sepa la recuperación de su mano iba bien.

—¿No lo sabes? —me mira sorprendida—. ¿No te lo ha contado?

—¿Quién y el qué?

—Unai, lo ha dejado con Clara.

—¿Qué? —las cosas que tenía en la mano se me caen encima de la mesa y la miro con el corazón acelerado.

—Vaya… No te lo ha contado —se acerca más a mí y mira a los lados, asegurándose de que nadie la oiga—. ¿Te acuerdas de la operación? —me dice y yo asiento. Cómo para no recordarlo después de la noche que pasamos—. Pues cuando volvió a casa se encontró a Clara con un tío en la cama.

—¿Cómo? —mi mirada se posa en Unai, en cómo se habrá sentido durante este tiempo—. ¿En su casa? —sigo sin creerme que haya podido hacer eso. No se merecía eso. Es ruin, asqueroso y de ser una hija de puta en toda regla.

—Sí —se queda unos minutos en silencio y yo no puedo dejar de mirarlo—. ¿Por qué no te veo tan sorprendida?

—Yo…

—Tú ya lo sabías —me señala con el dedo de forma acusadora.

—No —niego rápidamente, porque es la verdad, no sabía lo de esta última vez—. Solo que no me sorprende —me encojo de hombros y vuelvo a coger uno de los lazos de encima de la mesa.

—¿Por qué no te sorprende? —sigo con lo mío sin contestarla—. Elena…

—No es la primera vez que lo hace —confieso.

—¿Cómo dices? —me coge del brazo para hacer que la mire—. ¿Cómo que no es la primera vez?

—Pues porque la he visto con otros chicos mientras estaba con él—explico sin dar muchos detalles, tampoco necesita saber cuántas veces la he visto ni en qué situaciones la he encontrado.

—¿Y no se lo has dicho? —me mira acusadoramente y enfadándose conmigo poco a poco.

—¿Por qué te crees que llevamos tanto tiempo sin hablarnos? —digo sin más y en sus ojos veo que ha comprendido lo que he querido decir.

Me alejo de ella y voy en busca de la niña del vestido para que se pueda vestir ya. Cuando la encuentro y se lo entrego me doy la vuelta chocándome contra un cuerpo.

—Perdón —me disculpo con rapidez.

—No tienes que disculparte —levanto la vista en cuanto escucho la voz de Unai—. Hola —me dice en voz baja, creando un ambiente más íntimo, sólo para los dos. Y como hace últimamente coloca un mechón de mi pelo tras la oreja y me acaricia la mejilla cuando termina.

—Hola —el rubor de mi mejilla vuelve y le sonrío con timidez.

—¿Qué tal estás? Me han dicho que estás trabajando en el colegio —dice emocionado y yo asiento a lo que está diciendo—. ¡Eso es genial! Estoy orgulloso de ti —me agarra de las manos y las aprieta suavemente en un gesto de cariño.

—Sí —sonrío—, la verdad es que estoy muy contenta. Los niños son increíbles y el profesorado me ha acogido muy bien. No podía pedir más.

—Me alegro un montón y más saber que estás aquí —me dice buscando mis ojos—, más cerca de mí.

Me quedo en silencio sin saber que responder a sus palabras. Ha sido tan directo… Iba a decir algo, pero aparece una de mis compañeras y me arrastran lejos de él.

***

La música retumba por todas partes al caer la noche. Hablo con unos, con otros y creo que está siendo una de las mejores fiestas en las que he estado en los últimos años. No siento las miradas en mí, a la gente hablando, comentando cada cosa que hago y puedo respirar tranquila, disfrutar de todo.

Me pido en la barra unas patatas fritas porque me muero de hambre y voy hacia una de las mesas para comer tranquila. La música no es tan fuerte y puedo observar a la gente que tengo en frente.




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