Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 14 - DERRIBANDO LOS MUROS

DERRIBANDO LOS MUROS

Elena

Hace 2 años

Otoño de 2024.

Bilbao, Vizcaya (País Vasco)

La respiración se me entrecorta, tenerlo enfrente, tan cerca, me nubla el juicio.

—Porque si lo vuelves hacer no sé si podré controlarme, Elena —se inclina más hacia mí, dejando que nuestras respiraciones se entremezclen, sintiendo nuestras respiraciones erráticas y el calor de nuestros cuerpos—. Porque ahora mismo lo único que quiero es empotrarte en esa pared y besarte hasta que ya no puedas más.

Sus palabras arrasan con todo mi ser. Nuestras respiraciones se aceleran y nuestras miradas se cruzan. Sus ojos están oscuros, llenos de deseo, abrasadores y no hacen más que mirar a mis labios.

Su cuerpo se pega más al mío si cabe, una de sus manos se aferra con fuerza en mi cintura y su frente se posa en la mía.

—Unai… —consigo decir en un susurro.

—Lo sé —me dice con la voz más grave de lo normal mientras roza su nariz con la mía—. ¡Joder! Me lo pones muy difícil Elena…

Siento cómo su cuerpo se tensa, cómo se pega más a mí, el calor de su cuerpo y no puedo evitar volver a morderme el labio. Está tan guapo así…

—Elena —gruñe acercando su boca a la mía.

—Lo siento —me disculpo y sin querer vuelvo a morderme el labio.

—Estás jugando con fuego, pequeña —sus labios se posan en mi mejilla y después bajan a la curva de mi cuello.

Sus besos en mi piel me queman, me hacen temblar y me dejo llevar, apoyando mi cabeza contra la pared.

Unai sigue con sus besos por mi piel, quedándose más tiempo en la comisura de mis labios. Un pequeño gemido sale de mi boca cuando toca mi punto sensible tras el cuello y él gruñe en respuesta, pegando su cuerpo aún más.

—Unai, por favor… —consigo decir colocando mis manos sobre sus hombros para separarlo de mí y poder respirar.

—Lo sé, lo sé, lo siento —se disculpa dejando un beso en mi frente, separándose un poco, pero no del todo, sus manos aún se aferran a mi cintura—. Me lo pones muy difícil —me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa mientras las mejillas se tiñen de rojo—. Estás preciosa así —me susurra.

—¿Así cómo?

—Con las mejillas sonrosadas y el pelo revuelto —me acaricia la mejilla con calma.

—Creo… creo que es mejor que nos vayamos a dormir —asiente con la cabeza—. Cada uno a una habitación —decido cuando veo en qué estado estamos los dos.

—Ni de coña —me mira fijamente y me coge las mejillas con ambas manos para que lo mire a los ojos—. No te vas a librar de mí tan fácilmente, te dije que ibas a dormir conmigo y vas a dormir conmigo.

—Unai…

—Me voy a dar una ducha fría. Ponte alguno de mis pijamas. Enseguida vuelvo —me deja un beso en la frente y entra en el baño.

Cuando por fin se va de mi vista intento coger aire y respirar de nuevo después de toda la tensión y el calor. Voy hasta el armario y me pongo uno de sus pijamas. Después me meto en su cama y espero a que salga del baño.

Los nervios me carcomen por dentro y más al recordar que va a darse una ducha fría. ¡Dios, qué vergüenza! Creo que es la vez que más nerviosa estoy antes de dormir con él.

Sale del baño sacándome de mis pensamientos. Solo va vestido con un pantalón corto de pijama y secándose el pelo con una toalla. Al verme metida en la cama deja la toalla y se acerca. Quita las sábanas y se mete. Después se pega a mi espalda, abraza mi cintura y me deja un beso en el cuello, que me hace estremecer.

—Buenas noches, pequeña —me dice al oído.

—Buenas noches, Unai —respondo pegando más mi espalda contra su cuerpo.

Cierro los ojos mientras siento cómo los brazos de Unai me envuelven y a pesar de los nervios, del calor, de la tensión, los dos conseguimos quedarnos dormidos.

***

Unos besos en mi cuello me despiertan. Me hago la remolona pegándome al cuerpo cálido de mi espalda. Sus brazos me rodean con fuerza y le oigo reír en mi oído.

—Buenos días, pequeña —vuelve a dejar un beso en mi cuello.

Me giro como puedo entre sus brazos y lo abrazo con fuerza, oliendo su perfume y sintiendo el latido de su corazón.

—Buenos días —respondo aún medio dormida.

Unai me estrecha más contra sus brazos, pero consigo abrir los ojos y alzar la mirada para verlo. Sus ojos sonríen al verme y yo le sonrío de vuelta.

—¿Qué tal has dormido? —me pregunta apartándome el pelo de la cara.

—Muy bien. ¿Y tú?

—Mejor que nunca —sus labios besan mi frente y yo solo puedo cerrar los ojos.

Nos quedamos un rato en silencio abrazados hasta que Unai se mueve. Se queda apoyado sobre su codo y me mira.

—Tenemos que levantarnos —me dice bajito para no romper el clima que hemos creado.

—Lo sé —me froto los ojos para despejarme y él sólo me mira sonriendo—. ¿Qué?

—Nada —sigue con esa sonrisa pintada en su cara que me pone nerviosa—. Vamos a desayunar, anda —se inclina y me besa de nuevo en la frente.

Bajamos a la cocina y desayunamos entre sonrisas, miradas intencionadas y silencios cómodos. Al terminar me subo a la habitación y vuelvo a vestirme con mi ropa.

—Gracias por lo de ayer —le digo cuando lo veo aparecer por la puerta de su habitación.

—¿Te vas ya? —me pregunta acercándose a mí.

—Sí, tengo que corregir algunas cosas de los niños para mañana y tú deberías descansar del partido de ayer.

—Bien —me dice, aunque la alegría de antes acaba de desaparecer—. Te llevo a casa.

—No hace falta, Unai, puedo coger…

—Deja de querer deshacerte de mí tan rápido —me coge de la cintura pegándome a su cuerpo.

—Yo no quiero deshacerme de ti —intento defenderme de su insinuación—, solo no quiero molestarte y…

—Tú no eres ninguna molestia, Elena —me coge de las mejillas para que lo mire a los ojos—. Eres lo más importante para mí.




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