Sigo apostado por ti || Unai Simón

Capítulo 15 - ESTAR CON ÉL

ESTAR CON ÉL

Elena

Hace 2 años

Navidad de 2024.

Murgia, Álava (País Vasco)

Las vacaciones de Navidad son una de mis épocas favoritas del año porque nos reunimos toda la familia y más ahora que Ane está en nuestras vidas. Ver a la pequeña ilusionarse viendo las luces, los regalos… Es increíble. Nos ha hecho a todos volver a tener esa chispa de ilusión.

Llego a casa de mis abuelos cargando con una bandeja de comida. Como puedo consigo cerrar la puerta y camino hasta la cocina para dejar la bandeja sobre la encimera. Me quito el abrigo y la bufanda, colocándolo en el perchero y voy en busca de la gente.

Entro en el salón y me quedo estática en el sitio. La habitación está más llena de lo que yo esperaba. Hacía mucho que no nos reuníamos todos juntos, no falta nadie.

—Hola —saludo algo tímida al ver que todos se giran para verme.

—Hola cariño, te estábamos esperando —me dice mi abuela acercándose y dándome un abrazo.

—¿Y todo esto? —pregunto pasando mi mirada por todos y deteniéndome en unos ojos que no han dejado de observarme desde que he entrado por la puerta.

—Hemos decidido que ya es hora de volver a retomar nuestras tradiciones —es ahora mi abuelo, sentado en su sillón, quién habla—. Estamos cansados ya de todas estas tonterías —me mira directamente y después posa su mirada sobre Unai.

La vergüenza me inunda, porque sé perfectamente que no nos hemos vuelto a juntar por culpa nuestra, por lo que pasó aquella noche. Pero que lo digan tan abiertamente hace que todo se vuelva realidad y que la culpa sea más grande.

—Tita, tita —Ane se acerca corriendo hasta mí y yo me agacho para abrazarla—, vamos a pasar la Navidad todos juntos por fin —me sigue diciendo todo emocionada.

—Eso parece princesa —la doy unos cuantos besos y ella se muere de la risa. Después sale corriendo a saber dónde y cuando me levanto ya no queda nadie en el salón, todos se han ido a hacer las tareas que les han encomendado.

—Parece que nos han dejado solos, pequeña —la voz de Unai en mi espalda me hace dar la vuelta y encararle.

—Eso parece.

Unai se acerca más a mí, levanta una de sus manos y me acaricia la mejilla con su dedo de forma delicada. Después se inclina hasta mí y me besa en la mejilla.

—Te echaba de menos —me susurra cuando se aleja.

—Yo también a ti —respondo mirando a todas partes para asegurarme de que nadie de nuestras familias haya visto nuestra interacción, no me apetece ningún interrogatorio en este momento—. ¿Vas a pasar las navidades aquí?

—Todo lo que pueda sí. Ane es pequeña y no quiero perderme ningún momento con ella, bastante ya me pierdo de su vida —coge mis manos entre las suyas.

—Lo entiendo, yo también…

—Unai, hijo, ¿me ayudas con las mesas? —su madre nos interrumpe y ambos pegamos un bote por el susto, separándonos con rapidez. Ninguno de los dos estaba atento a lo de fuera, sólo estábamos en nuestra burbuja.

—Claro, mamá —responde y me mira una última vez antes de irse. Eso sí, se va rozando con sus dedos mi mano, en una caricia sutil pero que me acelera el corazón.

Cuando los dos desparecen del salón camino hacia la cocina y me pongo a ayudar con los platos de la cena.

Al terminar nos sentamos todos juntos en la larga mesa, quedando sin pretenderlo justo enfrente de él. Cuando los dos nos sentamos y nos miramos, siento cómo todo el salón se queda en silencio y las respiraciones se congelan.

Ambas familias nos miran preocupados y algo incómodos al tenernos sentados tan juntos, pero no tienen ni idea de que a ninguno de los dos nos resulta incómodo estar en presencia del otro.

Me muerdo el labio divertida y siento cómo los ojos de Unai se posan ahí donde me he mordido. Niego con la cabeza y me centro en Ane, que se ha sentado junto a mí.

La cena pasa sin ningún inconveniente y el ambiente se relaja cuando se dan cuenta de que ninguno de los dos va a saltar hacia el otro. Al menos no de la forma en la que ellos se piensan.

Al llegar las doce y terminar de cenar salimos al jardín y esperamos a que los fuegos artificiales brillen en el cielo, como cada navidad.

Justo cuando empiezan siento cómo una manta se posa sobre mis hombros. Al girarme me encuentro con Unai, que me guiña el ojo y se va junto a su hermano. Sonrío como una tonta por el gesto y vuelvo a mirar al frente, pero un par de ojos me miran fijamente.

Mi abuela y su abuela me miran con los ojos entrecerrados. Han pillado nuestra interacción y están intentando entender qué es lo que acaban de ver. Me sonrojo cuando veo que las dos se miran y se hablan sin decir una sola palabra. Esas dos se están montando una película y no sé si quiero saber cuál es.

Cuando los fuegos terminan todos entran dentro y me quedo un rato sola mirando el cielo estrellado.

—Feliz Navidad, pequeña —me dicen al oído en voz baja mientras siento sus manos sobre mi cintura.

—Feliz Navidad —respondo girando la cabeza para mirarlo.

—¿Qué haces aquí fuera con el frío que hace? —me pega más a él, para mantener el calor y termino apoyando mi espalda contra su pecho.

—Me apetecía ver un rato las estrellas.

Unai no dice nada, simplemente deja un beso sobre mi pelo y nos quedamos así, abrazados mientras miramos el cielo estrellado.

***

***

Hoy tenemos plan navideño de esos que hacen que me tire toda la tarde riendo. Vamos a patinar a una pista de hielo todos juntos y eso va a ocasionar risas aseguradas.

Me pongo los patines e intento atarlos, pero no puedo. Unas manos apartan las mías con delicadeza y comienzan a atarme los patines. Cuando alzo la mirada me encuentro a Unai arrodillado frente a mí atándolos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.