Sigue Las Estrellas

Capítulo 9 ¿Y Dónde Están Los Bonos?

La señora Alba llevaba días diseñando el vestido de su hija. Debía ser elegante y llamativo, pero con ese toque retro que lo convertiría en un atuendo mamá-hija, de esos que captan la atención.

Y ella quería captar la de la familia Makinthon. Especialmente la de la anciana señora Lucille, que cada año premiaba los tres mejores atuendos. A los seleccionados les daba bono doble.

Mientras daba puntadas y últimos retoques, Tula se acercó vacilante.

—Cuñada, quería pedirte un pequeño préstamo. Es pequeño, no se notará.

Alba no levantó la vista de la costura.

—¿Y qué deseas hacer, Tula?

—Iniciaré un proyecto. Sé hacer perfumes, así que solo necesito ese empujoncito de la buena suerte. Podemos compartir ganancias.

Alba meneó la cabeza. Tula había inventado más de quince negocios y ninguno había arrojado resultados.

—¿Estás segura, Tula? Mira que no hay mucho dinero. Y el que tenemos es para remodelar la casita, arreglar la cocina, hacerle una ampliación al baño, arreglar la habitación de Alizza y la fachada. Quiero tener un recibidor bonito, con sus sillitas y un jardín... de esos que tienen las casas de la gente famosa... como esos que salen en televisión, a ver, ¿cómo es?... ¡Ah, ya lo tengo! Como los de los Hampton. Quiero un jardín de rosales, con macetas a los costados y grama.

—Pues es un jardín muy ambicioso — murmuró Tula.

—Claro que lo es. Los Trenton podemos soñar y permitirnos un poco de alegría y felicidad.

Borlando paseaba por cada una de las secciones con sus acostumbrados carteles: dos por uno, promoción solo por hoy... 497, 379, 259, 199... alegando que eso captaba la atención.

Soledad ordenaba la sección de Colchones Premium, vistiendo las camas en tonos pastel y colocando las nuevas almohadas. Por su parte, Lucy, quien ahora estaba en jardinería, daba rienda suelta a su creatividad. Lucía un comedor de jardín en tono azul cobalto, con su sombrilla y asador, y hasta había puesto varios trozos de carne, papas, cebollas y pimientos.

Borlando se acercó.

—Señora Lucy, ¿se puede saber qué diablos hace?

—Hermano Borlando, despeja esos puntos Ki... todo es de utilería, pero se ve precioso. Y para el humo, usamos niebla artística. Amén. La combinación perfecta.

Borlando frunció el ceño, retándola a colocar sus ofertas y a vender, o se quedaría sin bono y sin días de descanso.

Entre tanto, Alizza reía divertida. Su sección de rebajas por fin daba frutos. Las viejas lámparas que estaban en bodega llenándose de polvo, después de una limpieza, cambio de cables y luces nuevas, cautivaban.

Por lo menos, Borlando no tendría excusa para no pagarle su bonificación. Ella estaba liquidando viejas y destartaladas lamparitas. Más que un bono, merecía un Oscar a la mejor inventora de la tienda.

Horas más tarde llegaron los relevos y cada una se dirigió a la cafetería.

—Chicas, ¡qué lindo y qué bendición verlas!

—Nos vimos en la mañana en el autobús, no nos extrañes tanto, por Dios — le soltó Teresa.

—Hermana, no tomes el santo nombre en vano. No es bueno, pero qué alegría que reconozcas que lo necesitas. Es un paso importante en tu vida.

Teresa sacudió la cabeza. Definitivamente a esa chica le faltaban varias tuercas.

Lucy hizo una reverencia mientras tomaba su bandeja de almuerzo.

—Creo que ella fuma alguna cosa rara — afirmó Estela, diciendo que poseía un frasco con unas cosas verdes extrañas.

—Cállate y come tu almuerzo. Si eso fuera así, todas nos iremos de patitas a la calle. Ahora, come tus hojas verdes, se llaman acelgas... no hierbas — le respondió Soledad.

Estela dejó escapar una risa, y Alizza lanzó la pregunta que dejó a todas con los tenedores en el aire.

—Yo me pregunto, como cosa mía, como aquí entre nos... ¿y cuándo pagarán los bonos? Van quince días con toda esa cantaleta de ofertas, lleve tres pague cinco, o si quiere pague seis y lleve ocho... quiero saber... ¿dónde carajos están mis bonos?

Estela asintió. Lucy se persignó, diciéndole que tuviera paz. Y Teresa dijo algo como... Borlando es el mismísimo diablo.

Soledad lanzó la advertencia final:

—A mí que no me vean cara de idiota, quiero mi pago completo.

—Ay, hermanas, recemos unidas y permanezcamos unidas — remató Lucy.

Teresa frunció los labios y Alizza, sin más, se embutió el rollo de carne.

En la noche, mientras cenaban en familia, Alba colocó tres frasquitos sobre la mesa. Alizza probó el primero, era fresco y relajante. Rodfer tomaba el segundo, elogiando a su madre. Alba dijo que era Tula la creadora de la fragancia. Valía la pena apoyar su proyecto.

El señor Robin servía una porción nueva de papas con salsa curry, mirando a su hermana Tula.

—Tula, espero que encuentres el camino, recuerda, la luz...

—La luz siempre te guiará — respondieron todos a coro.

Una vez que apagaron las luces, la familia se dispuso a dormir y a soñar cada uno con sus anhelos.

Alizza encendía su lámpara, tomando un sorbo de café.

Nota de diario 10:25 p.m. Alizza, reportándose y con noticias.

Querida Vida: Hoy es un día de esos llamados... "de locos". Estoy vendiendo, y eso se verá reflejado en bonitos extras. Mientras tanto mi madre cose y cose su vestido tipo retro. Y yo solo sueño con mi bono, que se irá directo a la refacción. No importa, mamá y papá tendrán sonrisas en sus rostros, y nosotros lasaña de premio. La vida corre y yo con ella, no sea que se convierta en campeona y me deje por fuera.

Att: Alizza, con aroma, vestido retro y sin corte Milano.




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