Silencio

(pt.2)

Continuación del anterior capitulo     

—Fue insurrección a los ojos del señor lo que hice—siguió contando sin volverse—. Se levantó tan airoso que hasta el sillón se fue hacia atrás, Indila del miedo retrocedió y yo no pude saber que pasó después cuando su puño impactó en mi rostro y mi cuerpo cayó al suelo.

  <<—Desperté en una cama al siguiente día, recuerdo que cuando abrí los ojos lo primero que miré fue el rostro de Indila, ella había estado observándome mientras dormía— relató inamovible al tono lúgubre y apenado que empleaba—. Después de mi caída él la uso como se usa un lienzo en blanco, dejó la obra de sus nudillos en la maltratada piel de ella, me extravié en los colores violáceos y rojizos que se exponían en la superficie de sus ojos y labios, justo donde se había corrido un camino y que al final se formó una línea de sangre seca. El hombre hizo de ella un saco de cólera. >>

—¿Que pasó después? —pregunté incorporándome yendo hacia él.

—Ese mismo día me envió lejos de casa, mismo en que vi por última vez a mi hermana.

Deje escapar un agonizante suspiro tras su respuesta.

Escruté su perfil intensamente queriendo encontrar una fascinación de odio por su historia pero lo único que descubrí fue una desapasionada y sombría mirada que yacía casi oculta por su oscuro cabello.

—Julián, ¿que lo motivó a abrirse conmigo?

Guardé pacientemente por su respuesta hasta que él se dignó a verme a los ojos.

—Indila, en una ocasión me pidió un favor, me dijo "dile a mi madre que regrese el tiempo, dile a mi madre que me regrese la vida, dile que sufro que quiero estar ya con Dios"

Instintivamente apartó la mirada de mí, inspiró hondo y contuvo él aliento por unos segundos. Tuvo que tragar saliva antes de poder hablar y devolverme la mirada.

—Sentí un resentimiento vivo brotando de la voz de esa mujer, uno que me recordó al dolor de la vocecita de mi hermana llorando—cerró los ojos unos instantes y respiró con pesadez—. No tengo idea quien era esa mujer con la que discutía el vigía pero, sé que su queja me fue sin duda creíble.

Recordé entonces el nombre de esa mujer Demelza y las extraña miradas que me lanzaba.

—¿La tal Demelza, esa mujer?

Una fría ráfaga de viento nos cubrió a los dos, una que me hizo abrazarme y que al mismo tiempo desordenó la melena oscura de él mostrando al desnudo su enrojecido rostro. El puente de su nariz yacía sonrojado tal como sus ojos y bajo estos un brillo húmedo reposaba mostrando que su pesar había descendido.

—Por un instante me apiade de ella, me apiade porque a simple vista parecía una pérdida que se ha vendido, pero por otro—Suspiro exasperado dejando entrever en sus ojos un destello de aversión—, por otro largo instante solo me ha causado viva repulsión.

—¿Por ella?

—Si, por esa—escupió asqueado—. En una sola mujer fui capaz de presenciar la encarnación de dos, una joven inocente y una vil prostituta.

—¿Le causa en verdad pavor esas mujeres?

—Es algo que no puedo evitar, ¿más indignas que ellas? lo encuentro imposible—reveló con seriedad—. El hecho no es algo que me enorgullezca, al contrario me fastidia la existencia. Una mujer sucia me trajo al mundo y un perverso por padre me enseñó a aborrecerlas...

—Usted es mejor que él, Julián.

—Y nunca lo he dudado—dijo seguro tan pronto mi voz se apagó—. Señorita, quiero que sepa que yo sería incapaz de ponerle un dedo a una mujer, incluso si ésta me lo pidiera a gritos.

—¿Por eso ha tardado tanto? —pregunte sin pensar.

—¿Disculpe? —preguntó confundido.— ¿De qué habla?

Ante la ignorancia que vi en sus gestos de presto me embargó un nerviosismo terrible, colmado de culpa y pena debido a papel de jueza que había tomado respecto a su actitud en el camino.

—¿Ha golpeado alguna roca, una pared o un árbol si es posible para liberar esa ira acumulada?¿Se ha tardado por eso? —pregunté inquieta.

Arqueó una ceja gesto inequívoco de que no entendía el disparate que acababa de decir sin pensar.

—¿Me cree un salvaje, señorita? —cuestionó calmoso, esta vez mirando el mar de nubes color plomizo en el cielo. — Porque si es así, vaya que sería una decepción para mí que pensara eso.

—¡No! Claro que no, ¿Cómo creé?

—Entonces, ¿que la perturba?

Miré al cielo tal como él y suspiré decayendo mis hombros.

—Estuve muy preocupada por usted cuando mire que no me encontraba, así que absurdamente en mis pensamientos lo di por perdido—dije rígida sin despegar los ojos del firmamento—, sumido en sus memorias, que ya me ha contado y que desconocía, me enojé con usted, me molesté porque no ponía atención a mis palabras ni a los campos, su sorpresiva actitud me pareció insultante...—suspiré apenada—aunque en parte soy bastante culpable, perdóneme, Julián...

—No, yo lo lamento, no debí mezclar mi realidad pasada con la de ahora—tranquilizó posando brevemente su mano con la mía en barandilla de madera—. Respecto a mi tardanza me he encontrado de sorpresa con un conocido de antaño, y sin poder evitarlo me vi envuelto en una conversación en la que no pude darla por terminada

—Oh—dije sorprendida—. Creí que mi hermano era el único contacto que tenía aquí, me he equivocado entonces.

—Se equivoca porque no es el único, ahora está usted destruyendo ese solitario número—declaró distante—, es usted, señorita a quien deseo como mi íntima tal como lo es su hermano y su padre, aunque me encantaría, si es posible, si lo fuera más que ellos.

—Creo que ya lo soy, Julián. —musité, desviando él rostro hacia él.

En ese momento él hizo lo mismo. Se volvió a mirarme y quedando los dos suspendidos entre el silencio que producían nuestras miradas, hubo algo en ese efímero momento que me sobresalto internamente, había una chispa que no podía existir, el cual los hermanos y los amigos no contraen.




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