Solas

capitulo 1- SOLAS

Existe una soledad muy específica y dolorosa que solo ocurre cuando estás rodeado de gente. Es la soledad de darte cuenta de que compartes el espacio con el mundo, pero no la vida.

El café estaba casi vacío aquella tarde.Ella ocupaba la mesa de siempre, junto a la ventana.Tenía los audífonos puestos, aunque no estaba escuchando música.Los había aprendido a usar de esa manera.Eran una forma sencilla de decirle al mundo que no quería hablar.

Sobre la mesa había una taza de café que ya llevaba varios minutos frío, un cuaderno lleno de apuntes y varias hojas con dibujos.

En una de ellas había una casa.

No era la primera vez que la dibujaba.Tampoco sería la última.

Había una sala amplia junto a una ventana enorme. Una cocina pequeña, pero iluminada. Un sofá frente a una estantería llena de libros. En el segundo piso había una habitación con un escritorio colocado frente a otra ventana.

No era una casa especialmente grande.Era simplemente suya.Tomó el lápiz y corrigió una de las líneas,se quedó mirando el dibujo,la línea seguía sin convencerla borró una parte y volvió a dibujarla.Esta vez quedó peor.

Suspiró.

Arrancó la hoja, la hizo una bola y la dejó junto a sus pies, sacó otra.

El resto de la tarde pasó entre apuntes, dibujos y cafés que se enfriaban antes de que pudiera terminarlos,cuando terminó de estudiar, guardó sus cosas y salió.

No pensó demasiado en el lugar.

Al día siguiente volvería.Probablemente.

Tres días después, regresó, la misma mesa, la misma ventana,los mismos audífonos,el café, el cuaderno, la casa que ahora tenía un segundo piso y, como siempre, pasó la mayor parte del tiempo sin hablar con nadie.

Cuando llegó el momento de irse, guardó sus cosas y caminó hasta la barra.

Esperó unos segundos.

—Nos vemos.

No recibió respuesta.

No le dio importancia.

Salió.

Pasaron varias semanas.La rutina continuó, universidad, casa, café, universidad, casa, café.

Hasta que un día, durante una clase, el profesor decidió cambiar la rutina de todos.

—Para la próxima semana quiero que trabajen en parejas.

Un murmullo recorrió el salón, ella levantó la mirada de sus apuntes.No le gustaban los trabajos en pareja, no porque no supiera trabajar con otras personas, simplemente no sabía cómo acercarse a ellas.

Miró alrededor.

La mayoría ya estaba buscando con quién trabajar. Una chica se giró hacia su amiga, dos compañeros juntaron sus mesas, otros simplemente se llamaron por sus nombres.

Ella bajó la mirada.

Esperó.Quizá alguien le preguntaría.

Nadie lo hizo.

El profesor comenzó a anotar las instrucciones en la pizarra.Ella respiró profundamente, no podía quedarse sin pareja, un trabajo podía arruinarle la nota, y una mala nota significaba preguntas, preguntas significaban explicaciones, explicaciones significaban comparaciones.

No.

Mejor buscar a alguien.

Levantó la mirada nuevamente.Solo quedaba una persona que parecía no tener pareja, un chico sentado unas filas más adelante.Lo había visto algunas veces, no sabía su nombre.

Se acercó cuando terminó la clase.

—¿Tienes pareja?

Él levantó la mirada.

—No

—¿Quieres hacer el trabajo conmigo?

El chico sonrió.

Entró como siempre y se sentó en la mesa junto a la ventana, sacó sus audífonos, abrió el cuaderno.

Esperó.

Unos minutos después, alguien se acercó a su mesa.

—¿Lo mismo de siempre?

Ella levantó la cabeza.

Por primera vez lo miró realmente cabello negro, ojos claros, una expresión tranquila, el uniforme del café.Se quedó en silencio durante un —Claro.

— asi de facil?

—- quieres que te haga un entrevista?

El la miro.

— No, y sonrio un poco avergonzada

Y así fue como terminaron juntos sin música, sin miradas especiales, sin nada extraordinario, solo dos personas que necesitaban una pareja para una actividad.

Dos días después, ella volvió al café.

segundo.Entonces lo reconoció.

—Tú...

Él levantó una ceja.

—¿Yo?

Ella lo miró un poco más.

—Tú eres...

Hizo una pausa.

—El de la universidad.

—Sí.

Ella bajó la mirada hacia su taza.Y entonces recordó algo más.

Una tarde, meses atrás.

Una voz preguntándole:

¿Quieres azúcar?

Volvió a levantar la mirada.

—Tú eras el chico del azúcar.

Él soltó una pequeña risa.

—Supongo que sí.

Ella asintió, como si acabara de resolver algo que llevaba tiempo sin importancia.

—Ah.

Y volvió a mirar su cuaderno.

Solas se quedó allí un instante.

—Entonces... ¿lo mismo de siempre?

Ella levantó ligeramente la taza.

—Sí.

Él asintió y regresó a la barra.

Ella volvió a dibujar.

Para ella, ese momento no significaba demasiado.

Todavía no.

Pero ahora sabía el nombre del chico que llevaba meses sirviéndole café.

Solas.




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