¿solo Una Noche Mas?

"¡Te esperare aqui!"

El pasillo de la preparatoria estaba vacío. Los salones cerrados proyectaban misterio, y el silencio era tan profundo que podía oír el zumbido de las lámparas fluorescentes. Todo era familiar, pero se sentía... diferente. Era como si estuviera en un lugar que conocía, pero en un tiempo que aún no existía, como si mi sueño quisiera despertarme.

De repente, una voz rompió la inquietud. Me congelé. Era tan perfecta.​

"Te esperare aqui", dijo.

Era una voz de un chico. No de un hombre, sino de un adolescente de unos dieciocho o diecisiete años. No lo conocía, pero sonaba suave y segura, como una promesa vacía. Sentí una calma que me erizó la piel.

Caminé hacia la entrada de la escuela. La luz de afuera entraba por las puertas de cristal, formando un claro en la oscuridad del pasillo.

Allí, de pie en el umbral, estaba una silueta poco familiar. Podía ver su forma, su altura, la manera en que tenía las manos en los bolsillos de su sudadera. Pero no podía ver su rostro. Era una mancha borrosa, un vacío en el lugar de los ojos y la boca.

​La silueta me hizo un gesto con la mano, como si me estuviera invitando a unirme a él. Un latido de urgencia recorrió mi cuerpo. Tenía que llegar a él. Tenía que ver su rostro, saber quién era, entender por qué sentía que su vida dependía de ese momento.​

Pero antes de que pudiera dar un paso, un estruendo me sacó del sueño.

Caí al suelo con un golpe seco, el impacto reverberando por todo mi cuerpo. La lámpara de mi mesita de noche se tambaleó y cayó, rompiéndose en la oscuridad. No me importó.

Solo pensaba en esa voz y esa silueta. Gateé a tientas por el suelo, buscando a ciegas mi cuaderno y el lápiz que siempre tenía a mi lado.

El ruido del desorden alertó a mi madre, que entró a toda prisa en la habitación, encendiendo la luz y despeinada por el susto.​

-¿Qué pasó?¿Estás bién? -preguntó, con la voz llena de pánico y miedo.

La ignoré. Por fin mis dedos encontraron la libreta de espiral. Me senté en el suelo, sin importarme los pedazos de la lámpara.

La voz del chico seguía resonando en mi cabeza.Abrí la libreta, que ya estaba llena de dibujos abstractos y frases sueltas, y sin dudarlo, empecé a dibujar. Dibujé la entrada de la escuela. Luego, la silueta borrosa de ese chico, con las manos en los bolsillos. Debajo del dibujo, escribí una sola línea:

Te esperaré aquí.

Mi madre me vio con una mezcla de frustración y preocupación en sus ojos. No entendía. Nunca lo había hecho. Pero sabía que yo no estaba en mis cabales, y que por más que intentara, no podía ayudarme. Al final, solo se arrodilló para ayudarme a recoger los trozos de vidrio rotos del suelo, mientras yo seguía dibujando, atrapada en un mundo que solo yo podía ver.

​-¿Qué soñaste que estás tan apurada dibujando?- habló, su voz preocupada. No era la primera vez que hacía eso, pero esta vez se notaba que María estaba más nerviosa.​

-Nada, mama. solo que soñe con la ropa de mis sueños -respondio jessica tratando de disimular.




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