Solo y Juntos

¿Rival?

Amarillo, rojo, verde, azul. Las luces se repetían una y otra vez en el salón de juegos. Nagi estaba sentado en uno de los sillones, observando las luces del techo. Hasta hace poco había despertado. La música no sonaba tan fuerte como otros días, por eso pudo descansar un buen rato.

Nagi miró alrededor del salón de juegos.

Aún no llega... ¿no piensa venir?

Miró a la entrada por unos minutos. Seguía sin llegar. Esa chica, Aiko.

Ya había pasado una semana desde aquella vez que le entregaron la libreta. Nagi no había tenido ganas de ir al salón de juegos. Esos días hacía demasiado calor, sudaba demasiado y Reo lo puso a practicar con la

pelota.

Qué fastidioso es el fútbol. ¿Por qué a Reo le interesa tanto? No es divertido.

Nagi dejó salir un suspiro y se preguntó cuánto tardarían en ganar la copa del mundo.

¿Tal vez un año?

Reo se lo había comentado, pero no había puesto tanta atención.

Nagi se levantó con dificultad.

Ya tardó mucho, mejor me voy...

Se estiró, bajó su mano, sacando su celular de su sudadera y empezó a caminar a la salida.

Quería retarla en esos juegos, aunque fuera el DDR que tanto le desagrada.

Solo quiero hacerla perder.

Fijó la mirada en la pantalla, ya le quedaba poca batería.

Qué mala suerte, ahora tengo que cargarla en cuanto llegue a casa.

En cuanto Nagi levantó la mirada, terminó chocando con alguien.

—Oye, ten cuidado.

—Disculpa.

Nagi bajó su mirada y la vio.

—Ah, eres tú...

Ella lo miró por un momento y lo reconoció.

—Otra vez tú...

Ella apresuró el paso, entrando al salón de juegos y dejándolo atrás. Nagi la siguió y alcanzó enseguida.

—Oye, estás sola. ¿Ya puedes jugar, no?

—¿Eres un acosador? —Aiko le miró, levantando una ceja.

—No. Solo quiero jugar. Voy a ganarte.

Él no dejó de mirarla, pero ella desvió la suya.

—No, gracias.

La observó en silencio mientras ella volvía a caminar.

¿Por qué se niega? ¿De verdad tiene miedo de perder como dijo Reo?

Ella se detuvo frente a una de las máquinas, metió una moneda y empezó a jugar. Nagi se colocó detrás de ella y la observó jugar.

Había jugado tres veces y todas las perdió. Y de nuevo, volvía a meter una moneda.

No sabe rendirse... ella no es buena en este juego.

Vio que cometía los mismos errores una y otra vez.

Es tan obvio. ¿Por qué no se da cuenta?

—Vas a volver a perder —le dijo en voz alta.

—Cállate.

—Déjame probar...

Nagi dio un paso adelante, quedando al lado de ella. Aiko finalmente le miró.

—Oye, ya déjame, rarito.

Nagi parpadeó al ver que la pantalla se puso roja. Aiko pasó de él a la pantalla en un instante y su expresión se tornó rígida.

—¡Me hiciste perder!

—Ya ibas a perder.

Ella murmuró algo, pero Nagi no pudo escuchar lo que decía. Aiko empezó a caminar a otra máquina y Nagi volvió a seguirla.

—¿Podrías dejar de seguirme?

—Oye, ¿cuándo vas a aceptar jugar conmigo?

—¡Nunca!

Nagi alzó las cejas.

¿Nunca? Eso suena a mucho tiempo...

Si la esperaba, ella podría aceptar. Pero... ¿Qué pasaría con Choki? ¿Sobreviviría tanto?

—¿Podrías reconsiderarlo? No quiero que muera Choki.

—¿Qué? —Ella alzó la ceja extrañada.

—Eres buena en la DDR, ¿no? Juguemos. Sé cómo ganarte.

Ella soltó un largo suspiro.

—Aun sí quisieras, no podrías ganarme.

—La primera vez fue porque no sabía jugar. Ahora lo sé. Y te voy a ganar.

Aiko se giró para mirarlo de frente, poniendo una mano sobre su cadera.

—Solo una partida y me dejas en paz. ¿Entendiste?

Nagi asintió, con un brillo en sus ojos.

—Sí. Me iré después de hacerte perder.

—Eres un tipo tan...

Nagi y ella subieron a la plataforma de la DDR. Las luces eran de diferente color. ¿Era otra máquina? Nagi bajó su mirada y vio como ella empezaba a mover su pie sobre la flecha.

—¿Te parece el nivel intermedio? —Aiko lo miró de reojo.

Nagi entrecerró los ojos, enfocando su mirada en la palabra “intermedio”. Ella no le estaba tomando en serio.

—Pon el de expertos.

—Qué ingenuo. —Ella sonrió de lado—. Practicar unos días con tu amigo no será suficiente para ganarme.

—Ya lo veremos.

Nagi movió su pie al lado de ella mientras elegía el nivel experto en la pantalla.

—Te crees mucho. —Ella se colocó en posición.

Nagi miró la pantalla, estaba a punto de iniciar la canción. Su mente vagó un momento en la sesión de práctica con Reo y la facilidad con la que se movía.

Si Reo pudo, yo también.

El juego comenzó y Nagi se concentró por completo en la pantalla. Las flechas empezaron a caer una tras otra: Arriba, izquierda, abajo, arriba. La parte del coro era predecible. Mantuvo el ritmo, y la canción estaba a poco de terminar.

Sin embargo, se tambaleó en el DDR por los movimientos rápidos, que terminó cayendo al suelo sobre su rodilla.

Nagi miró la pantalla al instante: “PERDEDOR”.

Qué fastidio.

La escuchó acercarse a su lado.

—¿Estás bien? —le preguntó, estirando su brazo.

Nagi giró la cabeza para verla. Lucía preocupada.

¿Por eso me ayuda? Qué raro.

—Estoy bien...

Nagi tomó su mano y ella comenzó a jalarlo sin moverlo de su lugar. Creía que la mano de Reo era delgada, pero la de ella lo era aún más.

—Qué... pesado estás...

Ella lo jaló con las dos manos y finalmente Nagi pudo levantarse.




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