Solteras y atrevidas

1. Odio

Todo comenzó en un día de celebración. 

Colores, la agencia de Marketing que su hermana mayor —Micaela Torres—. lideraba de la mano de su novio y su familia, ofrecía una de las mejores fiestas que su cuidad había visto en los últimos años y, por supuesto, Salomé Torres asistiría, dispuesta a encontrar algún soltero que valiera la pena.

Esa tarde y mientras todos afinaban detalles para la tan esperada fiesta, Micaela recibió la imprevista visita de Domink Ymal, el empresario hotelero y dueño de la cadena Salad Hotel & Resort. 

Venía en compañía de su querida hija Adrielle, de quien Micaela era madrina y, si bien, no esperaban que llegara tan temprano, la morena estuvo feliz de tenerlo en las instalaciones de Colores.  

Hablaron de negocios por largo rato, hasta que, Domink decidió que ya era hora de presentarse ante el resto de los empleados de Colores. Como ya le era costumbre, dejó a Adrielle bajo el cuidado de Micaela y caminó libre entre las oficinas elegantes y sus trabajadores.  

Alexander no tardó en reunirse con Mica y con la niña de rizos oscuros y, tras charlar divertidos algunos minutos, Domink regresó con ellos. 

—Domink, que bueno verte… llegaste temprano —dijo Alex con clara sorpresa—, ¿cómo estuvo el viaje?

Domink sonrió satisfactoriamente. 

—Increíble. —Sonrió—. Avión privado, champagne de dos mil dólares y caviar de Osetra —dijo Domink con tono maravillado.

—Suena lujoso —respondió Mica sin saber de qué estaban hablando.

Domink estalló en una carcajada. 

—¿Lujoso? —preguntó Domink y se echó a reír otra vez—. Solo son pequeños lujos que hacen mejor mi vida —alardeó. 

Desde la puerta, Salomé oía esa charla que le resultaba tan absurda y, si bien, no solía ser una mujer descortés, en ese momento no se pudo quedar callada. 

—¿Pequeños lujos? —interrumpió Salomé con tono sarcástico y desde la puerta le miró con animadversión. 

Domink centró sus ojos en ella y la detalló con descaro de pies a cabeza. 

La mujer entró a la oficina con paso firme y besó la mejilla de Micaela, su hermana; luego le regaló un gesto a Alex, para terminar por clavar sus ojos en la niña que gateaba por el piso sin la supervisión de un adulto. 

Domink abrió grande ojos cuando vio a la morena aparecer sin ofrecerle respeto, ni siquiera un saludo. Era acompañada por una jovencita con Síndrome de Down. 

»Con todo respeto, Señor Pequeños lujos, pero con todo ese dinero, podría alimentar a cien niños, tal vez por una semana —añadió Salomé con dureza e Ymal se quedó sin palabras.

No supo que le golpeó más. Si su belleza arrebatadora o su forma dura y sin tacto de decirle las cosas. Cosas que, claramente, eran ciertas, pero las que se negaba a aceptar, puesto que él era Domink Ymal y jamás se equivocaba. 

—Hola, Salo —le saludó Mica cuando notó la tensión entre el empresario hotelero y su hermana—. Hola, Dione —saludó a la novia de Calvin.

—Hola —saludó Dione con timidez.

Salomé vio como Adrielle gateaba y estudió duramente la actitud del que, visiblemente, era su padre. El hombre apenas le prestaba atención. Estaba más pendiente de mirarle el escote que de las cosas que su hija hacía o de esa guerra de miradas que parecía no tener final.  

Domink se preguntó cómo era posible que, esa chiquilla de trenzas rosas, no se doblegara ante sus encantos imperiosos. 

Ella ni pestañeaba. Parecía inmune a sus seducciones. 

—¿Es su hija? —le preguntó Salomé sin despegar sus ojos de él. 

Domink reaccionó agitadamente cuando escuchó un gran estruendo y buscó a su hija desesperado, pero estaba tan aturdido por el ímpeto de Salomé que, se estrelló con torpeza contra el escritorio de Micaela y, por su grandeza, dejó caer todo al piso, generando un caos horrible.

Todos gritaron asustados cuando vieron a Adrielle jalar el cable de la electricidad, pero Domink se movió rápido para liberarla de tan peligrosa hazaña. 

Tras ese gran ridículo, se rio nervioso para disimular, pero su hija le dio una ayuda con un llanto histérico. 

Salomé puso cara de horror y soltó un suspiro ante tan drástico escándalo. 

—Bueno, solo acompañé a Dione para que viera a Calvin —dijo Salomé y se acercó a su hermana para besarla en la mejilla.

—¿Te vas? —preguntó Mica.

—Sí, debo ir a un lugar antes, pero vendré a tu fiesta —le dijo dulce. Adrielle continuaba soltando lágrimas, imposibilitando esa charla de hermanas—. No me la perdería por nada —le susurró divertida—. Comida maravillosa, vestidos elegantes y hombres solteros deliciosos. —Se mordió los labios.

Alex rodó los ojos.

—No incentives a mi mujer al camino de satanás —bromeó Alex.

Salomé soltó una gran carcajada. Dione le acompañó.

De fondo y con Adrielle perdida en un gran llanto, Ymal era espectador de esa bonita interacción y, por primera vez, se sintió solo.



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En el texto hay: amor y odio, diferencia de edad, viudo

Editado: 28.10.2022

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