Soy la oveja negra de mi familia

Capítulo 24 [editado]

La semana pasó rápido, por lo que ya estamos a domingo por la tarde y eso significa que Ana se encuentra en mi casa perdiendo el tiempo. Bueno. Ambas estamos perdiendo el tiempo. Como no teníamos nada interesante que hacer, decidimos ponernos a ver una de las tantas series que teníamos pendientes desde hace mucho. 

Así que, nos tiramos en mi cama para disfrutar de la maratón. 

Por supuesto, la rubia compró unos bocadillos. Ella asegura que no es una tarde de series sin tener algo que comer. Ni siquiera intenté llevarle la contraria. 

Solo la dejé ser feliz. 

—¿Segura que no quieres? —pregunta por décima ocasión. 

Ruedo los ojos. 

—Sí. Ya te dije que estoy bien —repito también por décima ocasión—. Vas a ver la serie, ¿si o no? —despego la vista de la pantalla de la computadora para realizar la pregunta. 

—Pues, claro que sí. 

—Entonces presta atención y deja de hablar. 

—De acuerdo, señorita amargura. 

Le lanzo una mirada matadora apenas la escucho y ella solo se encogió de hombros. Seguidamente, toma un puñado del contenido de la bolsa de frituras que tiene en la mano y lo lleva hasta su boca en completo silencio. 

Cuando por fin siento que hay paz y tranquilidad. El ruidoso teléfono de Ana empieza a sonar. Frunzo el ceño al pensar que el aparato es tan inoportuno como la dueña. De inmediato la rubia revisa de quien se trata y al hacerlo, una mueca de desagrado aparece en su rostro. 

Aquello me resulta extraño por lo que no puedo evitar sentirme curiosa y querer saber cual es el motivo de su reacción: —¿quién es? 

Suelta un suspiro al mismo tiempo que cuelga la llamada sin siquiera molestarse en contestarla, lo cual es raro, muy raro de hecho. Ana nunca rechaza una llamada, porque —según ella— tal vez podría tratarse de una emergencia. 

Y ahora que lo pienso, podría tener algo de razón. 

—Probablemente, el estupido de mi ex —respondé ella.

—¿Probablemente? 

Vuelve a suspirar. 

—Como bloquee su número, me sigue llamando desde el teléfono de sus amigos o eso creo —se encoge de hombros—. El punto es que, estoy ignorando todas las llamadas que no sean de mi mamá… o tuyas. 

—Entonces, ¿no has vuelto a hablar con Leo ? 

—¡Por supuesto que no! —me hace saber con el ceño fruncido—. ¿para qué voy a perder mi tiempo hablando con él?... es obvio que solo quiere inventar mil excusas y así convencerme de volver. 

Yo la miro sorprendida. 

Escucharla hablar así me hace sentir como una mamá orgullosa al ver a su hija crecer. 

—Tienes razón. Es mejor ignorar a ese idiota. 

—Así es, mi querida Liv —concuerda la rubia de inmediato—. Y ya dejemos de hablar del tema y terminemos de ver la serie. 

Levanto una ceja indignada pero no digo nada. 

 

****

 

Como es costumbre, iniciamos la jornada escolar con una breve oración, acto seguido abrimos nuestros libros de texto. La hermana Bernarda empieza a explicar el tema correspondiente de la clase de hoy. Yo simplemente la observo sin prestar mucha atención a lo que dice. Solo quiero que ya sea hora irme a casa. Para mi mala suerte todavía faltan cinco horas para ello. 

Suelto un suspiro cargado de aburrimiento. 

La hermana parece percatarse de ello porque dice: —espero que todas estén prestando atención porque esto también aparecerá en el próximo examen —no me sorprende cuando fija sus redondas cuencas en mí—. ¿escuchó, señorita Mendoza? 

Verónica, no pierde la oportunidad de burlarse y soltar uno de sus típicos comentarios inapropiados. Sin embargo, no dejo que aquello me afecte. 

—La escuché claramente, hermana —respondo con una sonrisa sardónica en mi rostro.  

—En ese caso confío en que obtendrá una excelente calificación en su examen. 

—Por supuesto —sueno demasiado confiada—. Tenga la seguridad de que así será. 

La hermana Bernarda, luce molesta al ver que no reaccioné de la manera que ella —probablemente— imagino que lo haría. 

Como no encuentra una manera de seguir fastidiando, endereza su espalda y eleva su mentón unos centímetros en muestra de arrogancia y prosigue con la clase. En contra de mi voluntad me obligo a prestar atención y tomar apuntes.  

<<Genial>>. Pienso en mis adentros. 

Yo misma terminé poniendo una soga sobre mi cuello y gracias a esa estupidez, ahora tengo que pasar ese bendito examen y me atrevo a decir que no me resultará nada fácil conseguirlo. Si de por sí no le caigo bien ahora menos. A veces quisiera cambiar un poco mi personalidad, al menos, en momentos como este y así evitar meterme en problemas. 

Pero no. 

No soy el tipo de chica que se queda callada y solo deja pasar las cosas sin siquiera defenderse. 




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