Soy la oveja negra de mi familia

Capítulo 36 [editado]

 

—¡¿Se besaron?! —grita Ana sin poder controlar su emoción.

Enseguida noto todas las miradas de las demás estudiantes que se encuentran a nuestro alrededor se fijan en nosotras. 

Arrugo mi frente con molestia.

—Controlate un poco, ¿Quieres? —la reprendo.

—Lo siento. Es que…. ¡por fin besaste a nuestro guapo jardinero aspirante a doctor!

—¿Nuestro? —inquiero, al tiempo que una de mis cejas se levanta. 

La rubia rueda sus ojos con incredulidad.

—Tuyo. Por fin besaste a tu guapo jardinero aspirante a doctor —corrige. Fijando sus bonitos y redondos ojos color miel en mí, añade—: Eso es lo que quise decir, por supuesto.

Asiento complacida.

—Eso fue lo que pensé.

—Quién diría que fueras celosa —comenta a modo de broma y ahora soy yo la que rueda los ojos—. Y eso que no te gustaba —hace una especie de comillas con sus dedos al pronunciar la última palabra.

Y detesto no poder negarlo.

Es cierto que al principio no me gustaba Marcos. Al menos no de forma romántica. Pero eso cambió y ni siquiera sé en qué momento pasó. Lo único que sí sé, es que estamos juntos y eso es lo que importa, ¿no? 

Siendo honesta. Me alegro que el primer chico con el que voy a salir sea Marcos. Estoy segura que no me arrepentiré de haberlo elegido a él. 

Esa es otra cosa que tengo clara.

—Como sea —dice Ana, regresándome a la realidad—. Solo diré que siempre lo supe. Era demasiado obvio.

—Claro. Y así de rápido deberías ser capaz de captar las clases de matemáticas.

—Una cosa no tiene que ver con la otra, Liv. 

Y de nuevo no puedo refutar. 

—Lo que digas. 

Justo en ese momento el portón principal de la escuela se abre indicando que es hora de dirigirnos a nuestros respectivos salones.

****

Las clases terminaron sin ningún inconveniente. Como ya no tengo que limpiar el jardín llegué más temprano a casa. Eso significa que estoy en mi habitación terminando las tareas que tengo que entregar mañana. La encargada de la primera clase será la hermana Bernarda así que no quiero arriesgarme. 

No, cuando falta tan poco paa que termine el año escolar.

Suelto un suspiro de cansancio.

Estiro mi cuerpo antes de dignarme a levantarme de la silla en la que estoy sentada en ir por un vaso de agua a la cocina. 

Me detengo antes de terminar de bajar las escaleras. Una voz familiar resuena en mis oídos. También oigo que mamá y mis hermanos también hablan y se escuchan extrañamente animados. A paso lento termino de bajar el resto de escalones que me faltan.

Veo a mamá sentada en el sofá de la sala, mientras que, mis hermanos abrazan a un hombre de cabello entrecano  que viste un uniforme de la Marina. 

<<Papá>>

Así que después de tantos meses ha regresado a casa. Solo me hubiera gustado que mamá no hubiera tenido que pedírselo. Todos están tan metidos en su propio mundo que ni siquiera notan mi presencia. Aprovecho para observar a papá con detalle. Se ve más delgado y ojeroso que la última vez que lo ví. Ni mencionar que en su rostro hay más arrugas que antes. 

Se ve más mayor de lo que recordaba. 

En eso papá mira en la dirección en que me encuentro y es en entonces cuando se dan cuenta de que estoy aquí. 

—Hola, Liv —me saluda con una leve sonrisa en sus labios.

Carraspeo un poco antes de responder 

—Hola.

Aunque se qué no debería, es inevitable para mí sentirme incómoda. Papá se da cuenta porque la pequeña sonrisa que mostraba hace unos segundos desapareció.

—Y, ¿Cómo estás?

—Bien. Estoy bien —respondo encogiéndome de hombros—. No sabía que vendrías hoy.

—Quería darles una sorpresa.

—Ya veo —es lo único que digo.

No me esperaba que dijera la verdad sobre la conversación que tuvo con mamá aquella noche, pero tampoco creí que soltaría una mentira tan rebuscada. 

La razón por la que guardo silencio al respecto al tema es debido a mis hermanos. Ellos se ven tan felices de tener a papá en casa y no quiero arruinarles eso nada más por un mero acto de egoísmo de mi parte.

Además, mamá también parece contenta de verlo.

—Ya qué papá también está aquí, ¿Por qué no vemos todos juntos una película? —propone la pequeña de la casa. Su vista viaja de papá a mí y de regreso a papá—. Hace mucho que no hacemos eso.

Mi corazón aprieta al escucharla.

—Esa es una buena idea —dice mamá levantándose del sofá.

—Totalmente —apoya papá. Dirigiéndose a mí, pregunta: —¿Tú qué dices, Liv?




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