Soy la tierra que pisas

1. Origen.

Existía un punto de luz en aquella inmensidad oscura, justo en el centro, pulsaba vivaz a través de las olas embravecidas.
Aquellas olas, de un azul oscuro al sol y un brillante color perla bajo la luna, no permitían el paso a la gente de la tierra, pues en caso de que ellos intentaran acercarse, doblegados ante su curiosidad y la destrucción mediante la cual saciaban dicha curiosidad, se verían rebasados por el recelo de aquellas aguas maternales.

Años después, bajo la sombra de una protección audaz, un montículo de tierra se asomó y esté creció. Los árboles no tardaron en salir, seguidos de flores y raíces repletas de bayas.
Hombres famélicos en espera del momento oportuno para embarcar en aquella isla, estuvieron dispuestos a criar a sus próximas generaciones para lograr la hazaña que quizá ellos nunca lograrían.

De aquél montículo de tierra siguió brotando aún más vida. Fascinados ante flora y fauna que florecía en aquél lugar, los hombres y mujeres de la tierra utilizaron cámaras colocadas en artefactos automatizados con hélices, las cuales, minutos después, eran engullidas por el mar y luego escupidas en la orilla de la playa como remanentes de lo que habían sido.

La llamaron la Isla Paiguen, tierra prohibida, nacida de la nada, foco de atención de cadenas televisivas, organizaciones gubernamentales y amantes a lo desconocido. Y así se mantuvo, hasta que nació Inda, quien demostraría su conexión con aquél lugar, motivo que la haría ser la primer tripulante humana de la cápsula Flandra que sería enviada a Paiguen.

Con tan sólo tres años, Inda daría marcha aquello que estaba a destinado a ser. Para los habitantes de Paiguen ella sería la señal.


 



Sabine K.

Editado: 24.06.2020

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