—¡Suéltala, Evelyn!
Evelyn la soltó al oír las palabras de Azul y volteó a mirarla.
—Oye, tú. ¿Por qué empujaste a Fiore? —preguntó mientras se acercaba con los puños cerrados, apretando los dientes—. ¡Contéstame! —le gritó.
Azul no tardó en romper en llanto, agachando la mirada.
—Estás enamorada de ella, díselo —continuó Evelyn.
Fiore no quería ver llorar a Azul, así que decidió intervenir.
—Basta, Evelyn... déjala.
—No. Por su culpa tú te irás.
Azul levantó la mirada con rapidez al oír que Fiore se iría.
—¿Te irás?
—Ah, con que ahora quieres hablar —dijo Evelyn.
—No te vayas —ignorando a Evelyn.
—Ya no quiero estar en esta escuela, sabiendo que me odias.
—Yo, yo no...
Azul suspiró, se acercó a Fiore tomando fuerzas y volvió a empujarla. Aunque esta vez lo hizo suavemente y con ternura. Le dio un gran beso entre lágrimas y dijo:
—No se pueden enterar de esto, no te vayas, por favor —y luego se fue corriendo sin decir más.
Fiore había quedado aturdida, con los ojos muy abiertos. No entendía qué había pasado. Se dejó caer, deslizando su espalda por la pared lentamente.
—¿Estoy soñando?
Evelyn aprovechó el momento para romper el silencio con una pequeña burla.
—¡Iuh! Baba de Azul, qué asco.
La sonrisa de Fiore no tardó en salir. Se levantó del suelo, sonrojada, y golpeó a Evelyn con la palma de la mano en su hombro repetidamente.
—Eres una tonta, Evelyn, me haces reír. Y tienes razón, siempre tuve asco de los gérmenes y ahora no me reconozco.
—Me alegra que estés bien, amiga.
Nilin aún estaba pensando en Azul y Fiore, abrazándose a sí misma, mordiéndose los labios.
—¡Awwwwww! Qué lindo beso.
—Bueno. Yo... las veo en el gimnasio —dijo Fiore con una gran sonrisa, retirándose del lugar.
Evelyn se acercó a Nilin con la mano en el bolso.
—Tengo algo para ti, mi amor.
—¿Algo para mí?
—Sí, aquí tienes.
Sacó algunas fotos y se las obsequió.
—Son las fotos de nuestra cita.
—¿Es verdad? No creí que fueras a dármelas.
De repente, se abalanzó sobre ella, dándole un fuerte abrazo y beso a Evelyn.
—Hay algo más... quiero invitarte a mi casa, quiero que conozcas a mi madre.
—¿Estás segura de eso?
—No —riendo—. Mi madre es todo un caso. Bueno, ya la has conocido. Pero sí, estoy decidida. Quiero integrarte completamente a mi vida.
—¿Te parece si me llevas hoy?
—Sí... hoy será. Jugaremos al dodgeball y al salir de aquí iremos a mi casa.
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Editado: 16.10.2026