—A ver, te vas a quedar aquí quieto, ¿oíste?— Le advierte Alex, cruzándose de brazos junto a la camilla.
Mientras Hina asiente con la mirada fija en la puerta, respaldando la orden.
—Sí, La directora ya dio la lista y te tocó reposo obligatorio por andar de payaso saltando azoteas sin comer nada— Agrega otro compañero desde el pasillo.
—Ni intentes asomarte a la cancha, o nos arman un desmadre— Le dice Alex a punto de irse.
—¿En serio está tan complicado el asunto?— Exclama Ichiro.
—Sip, pero te conozco y sé que eso no es nada para ti— Le responde Hina en la puerta.
Los pasos de los estudiantes se empiezan a escuchar a lo lejos, resonando por los pasillos mientras todos se dirigen en masa hacia la zona de competencia.
La enfermería se queda en completo silencio... por unos dos minutos.
Ichiro, todavía con la cinta micropore en el brazo donde le quitaron la vía del suero, se levanta despacio de la camilla.
Mira de reojo hacia la ventana que da directo al callejón lateral de la escuela.
—Ve. Demuéstrales que no eres un humano cualquiera... Demuéstrales de lo que estás hecho y que esa tontería no te va a frenar— Le dice hina haciéndose la loca.
—No quiero perderte..— Murmura hina algo triste.
Afuera, en la cancha principal, el ambiente está a tope. Las gradas rebotan de ruido, gritos y los murmullos típicos de los equipos preparando sus alineaciones.
En el área de la pista de velocidad, los ánimos están medio caídos entre el grupo de Ichiro.
—Oigan... ¿y Ichiro?— pregunta uno del equipo, mirando a todos lados con cara de desesperación
—Faltan cinco minutos para el calentamiento de los 100 metros planos y no aparece por ningún lado. ¡Sin su velocidad nos van a pasar por encima en el relevo!—
—Seguro se desmayó otra vez el pendejo o lo mandaron a la enfermería de por vida — Responde otro suspirando pesadamente, rindiéndose antes de empezar
— Ya valió madre, este año nos ganan los de tercero sí o sí…—
Nadie se imaginaría que, cruzando sigilosamente por el callejón y escabullirse entre gente estaría ichiro teniendo un plan en mente.
—No podré entrar a calentar..— murmura Ichiro a lo lejos
El plan de Ichiro es simplemente entrar de golpe cuando los demás empiecen a correr, vaya plan.
Sin calentar Ichiro perderá muy fácil, aparte de tener las piernas medio dormidas por pasar acostado más de 3 horas.
Sin mencionar que han entrado nuevos participantes que son rápidos
Kaito: Un chico de cabello morado y ojos expresivos que no deja de sonreír ni un segundo. Es el alma de las competencias, energético, amigable y de esos que te animan antes de arrancar, aunque su velocidad apenas le alcance para mantenerse en el pelotón principal sin fundirse en el intento.
Sousuke: Un competidor de cabello rojo encendido y mirada afilada. Mantiene una actitud fría y distante con el resto del mundo, viendo la pista como un territorio solitario; es orgulloso, corre con una disciplina férrea y no tolera perder contra nadie... o al menos eso intenta antes de que la realidad lo alcance.
Hiroto: Un tipo de cabello rubio con un toque cálido, relajado y de sonrisa fácil. Es el típico amigo con el que te la pasas bromeando en los calentamientos, un poco presumido cuando se trata de fanfarronear con sus tiempos, pero que al final del día es un camarada leal y buena gente que va a dar la cara por su equipo.
Aunque su mayor fortaleza es la velocidad, no son tan rápidos como parece.
La mayoría de estudiantes de esta escuela desarrollan bien sus habilidades a los 20-23 años, prácticamente después de salir y graduarse.
Ya que aquí no es como las escuelas de alto nivel, ya que en esas escuelas trabajan hasta el triple que aquí y sus técnicas de trabajo son más efectivas para desarrollar bien las habilidades.
En la orilla de la pista, Kaito, el chico de cabello morado, saltaba en su lugar con una sonrisa de oreja a oreja, chocando las manos con sus compañeros mientras estiraba las piernas de lado a lado.
—¡Venga, muchachos, hoy rompemos récord!— Animaba con esa energía imparable que contagiaba a todos, aunque sus piernas apenas alcanzaran el promedio.
A unos metros, Riku, de cabello rojo, ignoraba por completo el bullicio. Apoyado contra una valla, estiraba las piernas con la mirada clavada en el suelo, cruzándose de brazos con una expresión fría y cortante.
No necesitaba hablar; su sola presencia gritaba que iba por el primer lugar y que nadie le estorbaría.
Por otro lado, Hiroto, el rubio, hacía trotes suaves mientras se reía de una broma que le acababan de soltar.
Se sacudía los hombros con total relajación, presumiendo un poco de su velocidad mientras estiraba los brazos hacia atrás, aunque una chispa competitiva se le asomaba en los ojos apenas miraba a Riku.
(Un zumbido agudo se cuela por los altoparlantes de la cancha, seguido de una carraspera antes de que una voz aburrida y formal resuene por todo el complejo).
—Atención a todos los equipos inscritos en la prueba de velocidad de los vigésimos Juegos Escolares. Se les recuerda a los participantes seguir estrictamente el reglamento oficial de la competencia para evitar descalificaciones inmediatas:
Primera regla: Esta es una estricta carrera de relevos. Queda totalmente prohibido que un solo corredor complete todo el trayecto en solitario; el testigo (el bastón) debe entregarse de mano en mano a su respectivo compañero dentro de la zona delimitada.
Segunda regla: Cero tolerancia a las agresiones físicas o empujones intencionales durante los cruces de carril y los relevos. Cualquier conducta antideportiva resultará en la expulsión directa del equipo infractor.
Tercera regla: Los participantes deberán mantenerse en sus carriles designados hasta el aviso de los jueces.
Se les pide a los competidores tomar sus posiciones de inmediato. Repito, a sus marcas…
Los competidores empiezan a caminar hacia la pista principal, acomodándose en la línea de salida mientras el bullicio de las gradas se siente cada vez más cerca.
Kaito suelta una risa nerviosa y chasquea los dedos, tratando de calentar los ánimos.
—Bueno, muchachos, a darlo todo y a pasárselo bien, ¿no? ¡Que empiece la diversión!—
A unos pasos de él, Riku exhala un suspiro pesado por la nariz, cerrando los ojos un segundo antes de mirarlos de reojo con suficiencia.