El reglamento del club de niñas fue modificado para incluir el trabajo de conserje de superhéroe, inventado por Chloe, pese a que no fue su intención original. No sería necesario mentirles a los campesinos, aunque por seguridad se ocultarían los detalles acerca de su verdadera naturaleza.
Además, el reglamento solicitaba la inscripción de los conserjes a la cooperativa de los policías aficionados. Crearon en el código una verdad a medias, que se utilizaría cuando fuera necesario.
Ser policía aficionado era peligroso en Haram, tanto con relación a la delincuencia como a las personas normales que cooperaban con la persecución antiaficionada. El artilugio reglamentario las obligaba a inscribirse ante el CASPA, más les permitía afirmar a su manera, que el verdadero detective era Super Perico. Ellas actuaban como supuestas criadas, dedicadas a la limpieza y reparación enfocadas a la evaluación de daños en el trabajo de campo.
En la práctica nuestro héroe estaba encantado cooperando con sus propias conserjes, su auxilio era especialmente útil en las labores más pesadas. Poco entendía de los interrogatorios y las enredadas motivaciones humanas. Con sus superpoderes la faena avanzaba rápidamente pues le permitía abarcar la labor de muchos sin apenas sentir cansancio. En cierta forma Super Perico era el verdadero subalterno.
Los campesinos estaban fascinados con nuestro pájaro y compañía reparando daños de delincuentes. No entendían porque un héroe y sus conserjes se responsabilizaban por averías en los que evidentemente no estaban involucrados. Pero si querían trabajar, ellos no los iban a detener.
Lo mejor de todo para el CPAN, fue que las personas comenzaban a dar ideas, y contaban historias. Chloe se sorprendió, al encontrar que los campesinos aceptaban llenar sus cuestionarios completos. Aunque todavía no sabían cómo detener a los cuatreros. Poco a poco, en los corazones de las niñas dejó de ser el imposible que todos temían.
—No quiero que me disparen inútilmente —admitía la mayoría.
Super Perico explicaba el plan que comenzaba a forjarse:
—Necesitamos testigos, no muertos. Yo me encargo de bailar las balas. Los llamaremos con alguna señal cuando todos estén bien atados.
Algunos comenzaron a cooperar:
—En ese caso me avisan para que sirva de testigo de lo que alcance a ver. Mas qué puedo ver si no estoy presente… ¿Acaso eres inmune a los disparos?
—No lo sé. Esos bichillos me dan miedo como para hacer el experimento —admitía la supermascota—. Pero me muevo lo suficientemente rápido y logro evadirlos.
Desde el primer día consiguieron muchos potenciales testigos. Aunque no se puede ser testigo si no hay ninguna prueba que declarar, estaban muy contentos. También surgieron ideas, mas varias terminaron como experiencias en vano.
La primera idea prometedora que investigaron fue la llamada «Casa que aparece y desaparece». La misteriosa casa, difícil de ubicar, fue señalada por varios como un probable refugio de cuatreros. En los alrededores de Egeria, muchos afirmaban haberla visto. Tres años atrás también se reportaba su avistamiento en las cercanías de la zona cubierta por el CPAN.
Se suponía que, durante la noche, unos malhechores la armaban en donde les venía en gana; luego otra noche de improviso también la desarmaban.
Aunque nadie tenía pruebas, los rumores daban por hecho que se trataba de una base móvil de operaciones para una banda de delincuentes de la ciudad de Egeria.
Afortunadamente, uno de los entrevistados por las niñas, recordó que un señor de apellido Gonzáles, quién trabajaba de guardia en una finca cercana, presumía que en sus rondas había conseguido tomarle una foto a la misteriosa edificación.
Puesto que González trabajaba de guardia, resultó bastante simple de ubicar. Super Perico viajó inmediatamente a solicitar la foto al hombre, que se la prestó al CPAN muy satisfecho de que por fin alguien lo tomara en serio.
Armado de la imagen el pájaro realizó un recorrido por todas partes, buscando alguna construcción similar a la foto. No tardó mucho en encontrar una posible ubicación, aunque completamente al otro extremo de las montañas que rodeaban la ciudad de Egeria.
Las niñas pidieron al perico acompañarlo durante la pesquisa. Así que acordaron que llegarían los cinco juntos a la construcción.
Pasaron antes a dar aviso al dueño de la propiedad, mas no lo encontraron y solo pudieron hablar con su esposa. Los propietarios ni siquiera se habían enterado del levantamiento precarista. Tales invasiones, aunque raras, no solían considerarse motivo grave de alarma. Muchas podían resolverse por simple negociación o por intervención oficial. Excepcionalmente el problema se complicaba, e incluso cabía la posibilidad de llegar a perder el derecho en favor del precarista.
Super Perico y las niñas se dirigieron prontamente a la misteriosa construcción, prometiendo informar a la dueña prontamente del resultado de sus pesquisas.
De la casita móvil salió un hombre, que los saludó con mucha tranquilidad. La verdad, es que las niñas estaban muy asustadas, pero el hombre fingió no darse cuenta. Su nombre era Pavel, no utilizaba sombrero como los campesinos, pero su piel no tenía quemaduras. De apariencia algo extraña en la zona, era como si fuera un habitante de paso.
Pavel no parecía un campesino, pero definitivamente era fuerte de brazos. Les narró una ficción sobre su supuesta vida. Evidentemente eran puras mentiras. En esta primera versión de su historia, habló como si hubiera residido en la zona desde siempre. Los antecedentes, aunque escasos, eran suficientes para no creer básicamente nada.
Las niñas le enseñaron la foto de la presunta casa que aparece y desaparece. Era idéntica a su habitación actual. Atrapado explicó su curiosa situación en pocas palabras:
—Estas niñas listas me han descubierto, soy un precarista. ¿Me van a arrestar por ser un muerto de hambre?