Superclásico

Capitulo 6: Un trato

Olivia
 

—Aún sigo sin hallarle una razón que me resulte lógica para que hicieras lo que hiciste. —eran más de las doce de la noche. Luca seguía a mi lado y, en este punto, mis galletas de miel eran más suyas que mías, algo que no me molestaba pues, después de todo él se había ofrecido a comprar más bebidas.

Ya no estábamos en la estación de servicio debido a que Luca me había propuesto ir a un mirador a tan solo unos diez kilómetros de donde estábamos inicialmente. Su auto, un Audi Q3 en un color rojo para nada discreto, se hallaba estacionado al lado de mi viejo pero confiable Mercedes.

—Creo que opto por mantener mis razones en privado. —dijo y me quitó de las manos la botella de sprite que estaba batallando en abrir— Y con eso me refiero a que no hay una razón en concreto. —añadió y me entregó la pequeña botella ya abierta.

—Entonces, si no había una razón ¿por qué decidiste hacerlo?, ya sabes, lo de decir que soy tu novia...ni siquiera me conoces. —le di un sorbo a la bebida y casi me ahogo en el momento en el que se volteó a verme.

—No lo sé, surgió algo y tú eras la opción que tenía más cerca.

—¿Yo estaba más cerca?, eso no tiene sentido teniendo en cuenta que podrías haber metido a cualquier otra persona que resultara más interesante. —lo escuché reír.

—Puede que sí, pero hay una foto circulando donde estoy abrazando a una mujer, y casualmente esa mujer eres tú. Así que me pareció perfecto.

No respondí, simplemente me quedé en silencio y maldiciendo en mi mente cuando escuché que del interior del auto comenzaba a sonar una canción de Bad Bunny que amaba, pero que ahora preferiría no escuchar. Me voltee a ver a Luca, quien sacó del paquete la última galleta de miel y la partió cuidadosamente a la mitad y me entregó una de las partes.

Adorable.

—Me siento como si estuviera en Ucrania. —dije y él me dedicó una mirada curiosa— Una vez vi un video donde una chica decía que se pasó meses esperando que él chico con el que salía le pidiera ser su novia y resultaba que para él ya llevaban meses siendo novios porque ahí no se pregunta eso.

—¿Quieres ser mi novia? —preguntó mirándome y llevándose la botella de coca cola a la boca.

—No funciona así. —respondí.

—Bueno, al menos hice el intento. —se encogió de hombros y dejó la botella sobre el capó.

—No tendría sentido igual.

—¿Y por qué no?

—Porque yo llevo meses admirándote y viéndote jugar y... tú no sabías de mi existencia hasta que sucedió lo del superclásico. —el superclásico, que recuerdo más amargo.

—El mejor superclásico de mi vida, si te lo preguntas. —sonrió por un instante, pero luego volvió a su semblante neutro—Aunque asumo que para ti no lo fue tanto.

—Ya no me hago tanto lío por eso. —me encogí de hombros— Al final resultó que llevaba seis meses siendo cornuda. —confesé y vi como el llevaba ambas manos a los costados de su cabeza.

—Lo sabía. —lo miré y el solo sonreía mientras negaba con su cabeza— Es que era obvio, utilizó una excusa muy pelotuda. Sabía que todo tenía que ver con eso. Eres mucho para él.

—¿De verdad era muy obvio? —el asintió— Ahora me siento tonta.

—El tonto es él. —sacó un paquete de gomitas y me lo ofreció— Me hubiera encantado ver la cara que puso al ver mi historia.

—¿Te sigue en instagram? —asintió.

—No solo eso, siempre me dejó en claro lo mucho que me admiraba como jugador con los típicos mensajes de "eres mi modelo a seguir". —me sorprendí por aquella confesión, pero a el parecía darle igual, como si ya estuviera acostumbrado a recibir ese tipo de elogios— Y ahora, su exnovia es mi novia.

—Siendo honestos, no soy tu novia. Solo soy tu mejor mentira piadosa del momento.

—Cambiemos de tema. —dijo y cruzó sus brazos— ¿qué es lo que más quieres en este mundo? —cuestionó y yo me quede pensando por varios segundos.

—No lo sé, son muchas cosas. —respondí.

—Pero si tuvieras que elegir esa cosa que quisieras obtener ahora, en este momento, ¿cuál sería?

Lo pensé durante bastante tiempo. Era cierto que anhelaba muchas cosas en este momento, pero había una sola cosa que destacaba más que las otras debido a la situación que había pasado con la profesora Moreno un par de horas atrás.

—Dejar de vivir bajo el mismo techo que mis padres. —solté y de inmediato sentí su mirada sobre mí— Eso es, probablemente, lo que más quiero en este momento.

—¿Puedo preguntar por qué? —asentí.

—Mi padre es un abogado defensor, mi madre es doctorada en educación y mi hermano siguió los mismos pasos que ellos, se recibió como abogado sin repetir años ni dejarse materias o como se les diga, y ahora está estudiando algo referido a la educación. Siempre han querido mantener su perfecta imagen de familia exitosa y llena de lujos, por lo que esperaban que yo también ingresara a la carrera de derecho o me dedicara a algo que generara mucho dinero. Se decepcionaron y se enojaron demasiado conmigo al enterarse de que mi plan era estudiar Física y la bronca aumentó cuando tuve que recursar varias unidades curriculares y casi siempre me recuerdan cuan fracasada soy por tener veintitrés años y haberme quedado estancada en el tercer año de una carrera que debía de haber terminado hace un año.

—De algún modo siento que te criaron para ser un robot perfecto, pero espero estar equivocado. —negué.

—No lo estás, me educaron para ser perfecta en todos los sentidos, pero fallé en una sola cosa y entonces decidieron marginarme. Por eso, si tuviera que pedir un deseo, solo pediría poder dejar de vivir con ellos, poder vivir sin sentir una presión y un estrés constante. Solo pediría vivir con la libertad de hacer lo que quiero y lo que me guste sin tener que pedir permiso o sin sentirme culpable por incumplir las reglas.

Nos quedamos en silencio, ese silencio incómodo en el cual no sabes que decir o que hacer para aliviar. Ese silencio típico de no sentirte capaz de elegir las palabras correctas. Ese silencio de tener ganas de llorar, pero de no poder hacerlo porque simplemente no es el momento.




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