"Respecto al origen de la sustancia NDG, las investigaciones no demuestran que surga de un fenómeno climático..."
Extracto de:
Tesis sobre la Opstelamancia
en otros mundos
-----O-----
Los gruñidos se intensificaron, los enormes lobos salvajes avanzaron un paso más cerrando el cerco. Los investigadores y guías podían sentir como el aire helado se les clavaba en la nuca a pesar de llevar trajes térmicos, nadie hablaba, nadie parecía poder respirar con libertad. El lago dorado a sus espaldas había quedado ya solo como un recuerdo lejano.
Los ojos encendidos de las bestias los rodeaban por todos los flancos. Hakon mantenía las palmas ardientes y listas, pero sabía que no ganaría contra todos. Raidia tenía los dedos tensos sobre su muñeca, tal vez podría sacrificar unos drones más para crear una oportunidad, pero era algo arriesgado y poco seguro. Lucien temblaba un poco y aun así se mantenía delante de la camilla donde estaba Élodi, como si fuera su guardián.
El alvinter temblaba con rabia contenida, se supone que ellos tenían que buscar una salida para escapar y se terminaron distrayendo. Mientras que Magnus permanecía inmóvil a la cabeza del grupo, lleno de coraje, los colmillos descubiertos, el cuerpo firme y tenso como una cuerda a punto de romperse.
Fue entonces que ocurrió. Uno de los lobos se adelantó, era incluso más grande que los demás, de pelaje oscuro con mechones grises como ceniza en torno a su cuello, y una cicatriz le cruzaba el hocico. Su sola presencia hizo que los otros se apartaran en señal de respeto. Sin duda alguna, era el Alfa de la manada.
Y habló.
Similar a un trueno contenido, fue una voz profunda. La boca del alvinter, del humano y de los Solfodd permanecieron cerradas, todos lo escucharon con atención.
—Tú, has derramado sangre de nuestra manada. Has vencido a uno de los nuestros, uno fuerte. Uno que era más que digno. —El gran lobo dio un paso al frente, y por puro instinto todo el grupo dio un paso atrás del miedo. La mirada del Alfa era intensa—. Puedes ocupar el lugar que dejaste vacante, si te unes a la manada no morirás y podrás alimentarte también de nuestras presas.
El corazón del sistema de cavernas subterráneas quedó en silencio, uno profundo y terrible que incluso lastimaba los oídos. Los guías e investigadores estaban intentando procesar lo que sucedía, por un lado los Solfodd no salían mucho de su ciudad, todavía estaban descubriendo este basto mundo nevado. Claro que se toparon con mitos, leyendas y cuentos sobre lo que estaba ocurriendo aquí; pero les costaba creerlo, parecía algo tan lejano.
En comparación Hakon y Kari son nativos del planeta, vivieron todas sus vidas sin salir de él. Conocían bien esto, hasta tal punto que se sentían mal de no haberlo sospechado antes. Se trataba de una manada, en efecto, pero era una de licántropos. Eso explicaba su mayor tamaño y su inteligencia superior a la de un animal promedio.
Era posible que uno no hubiera visto a un licántropo en toda su vida, al final de cuentas las patrullas y Snognis los alejan de las zonas pobladas. Pero su existencia era plenamente aceptada en el mundo, ya que ellos eran el castigo divino encarnado. Para poder volverse Snognis y manipular la nieve mágica era necesario tener dos Chispas, todos nacen con una y la otra se conseguía cuando alguien más la entregaba de forma voluntaria.
No obstante, si alguien obligaba, coaccionaba o entregaba su Chispa de forma forzada entonces lo que recibiría no sería acceso a la Bendición del planeta, sino una maldición. Obligado a sucumbir a sus instintos más salvajes y primarios. Su Chispa se corrompería y se vería obligado a poder cambiar a la forma de un lobo.
A pesar de que uno no se hubiera topado nunca en su vida con un licántropo, siempre conocía a un amigo o pariente que conocía a alguien más a quien le pasó: se topó con uno, fue atacado por uno, o, se transformó en uno.
El silencio se mantuvo, la percepción del tiempo parecía alargarse más de lo debido. Aunque en realidad no pasó mucho tiempo, el Alfa de la manada no soportaría tal falta de respeto tanto tiempo. Su mandíbula se abrió más, las cuchillas blancas en su interior brillaban por la luz dorada y le daba un tono más amenazante.
—¿En serio? ¿Acaso estas fingiendo? ¿Vas a seguir haciéndolo? —Empezó a enojarse más el líder de la manada. Los investigadores intercambiaron miradas intentando saber a quién se dirigía, lo mismo ocurrió con los guías aunque Kari tuvo una suposición rápida—. ¡Pero qué falta de respeto! —El Alfa soltó un aullido potenciado por el eco del lugar—. Te ofrezco la salvación, un lugar en la manada. Y como respuesta recibo indiferencia. Como gustes, morirás también entonces.
La declaración fue firme, al escucharla los demás lobos enormes retomaron sus pasos. Acorralaron más al grupo y estaban listos para lanzarse y asesinarlos a todos, y así lo hubieran hecho si no hubiera ocurrido algo más.
Lo que Kari sospechaba.
Hubo una respuesta. —No estoy seguro de querer unirme —soltó otra voz.
Con curiosidad y preocupación los investigadores y el noble buscaron en la gran caverna el origen de la voz, provenía de otro lobo sin duda, solo que no fue ninguno perteneciente a la manada. El campesino ya tenía su vista clavada en quien soltó la respuesta, y un momento después los demás hicieron lo mismo.
—No me digas que los consideras a ellos tu manada. Ellos no pasaron por lo mismo que tú, nosotros sí. De ellos no recibirás la comprensión que de nosotros si —intentó persuadir el Alfa.
Al frente del grupo acorralado, Magnus contestó. —Es verdad que no puedo considerarlos mi manada, pero tampoco creo que sea necesario. Ellos son algo muy distinto pero igual o más especial para mí. —Su mirada estaba clavada en el Alfa, ni por error se volteó a ver al alvinter y al noble, tal vez por la vergüenza de haberles ocultado la verdad tanto tiempo. En cambio, Kari no podía despegar su vista de su mejor amigo de cuatro patas, estaba perplejo, congelado.
#3347 en Fantasía
#3615 en Otros
#676 en Acción
vampiros demonios hombres lobo etc., nobleza romance, boyslove chicoxchico
Editado: 08.10.2026