Este es un recuerdo que, debido a su crudeza, va a dar mucho que hablar. Ocurrió un día en que un auto atropelló violentamente a mi abuelo Tata a la vuelta misma del edificio donde él vivía. El impacto fue tan severo que quedó sumido en un coma profundo durante cierto tiempo.
Yo era demasiado chica en esa época como para recordar el episodio por mí misma, pero mi padre me contó, muchísimos años después, la insólita estrategia que utilizó para lograr que Tata se despertara del coma. Podían ser exageraciones de su parte, por supuesto, pero según su relato, se acercó al oído de mi abuelo en la cama del hospital y le susurró con total seriedad:
—Tata, despertate, porque por aquella puerta viene entrando tu esposa... y por la otra viene entrando Elsa.
Dice mi padre que, ante semejante panorama, el viejo abrió los ojos de golpe.
Yo no lo sabía en ese entonces. No lo supe hasta muchísimos años más tarde, pero parece que mi abuelo ya mantenía amores ocultos con aquella mujer, quien tiempo después terminaría convirtiéndose en su segunda esposa.
Mi madre, de hecho, iba todavía más lejos: aseguraba que el terrible accidente de Irene, cuando la puerta le cortó parte del dedito a los dos años, se debió indirectamente a Elsa. Según su teoría, Elsa solía llamar de manera insistente a las niñeras de nuestra casa, imagino que con la intención de espiar o pedir información sobre nuestros movimientos o sobre la vida de mis abuelos. Por supuesto que no se la puede culpar legalmente de la ráfaga de viento, ya que nadie en este mundo sabía lo que iba a pasar, pero el clima de distracción que generaba en la casa era evidente.
Lo cierto es que Elsa demostró ser un personaje verdaderamente nefasto para nuestra familia, y de eso me terminaría enterando yo misma con el paso del tiempo y de la forma más dura posible. De ella hablaré en detalle más adelante, porque lejos de desaparecer, permaneció en nuestras vidas durante muchísimos años, incluso después de que mi propia madre se plantara firme y le prohibiera terminantemente volver a pisar nuestra casa.
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Editado: 17.10.2026