El baile de la escuela de 1974
La vida social de mi abuelo estuvo íntimamente ligada a las costumbres de la campaña uruguaya, en especial a esos eventos emblemáticos que congregaban a toda la zona: los bailes de la escuela rural.
Fue precisamente bajo el telón de fondo de aquel baile en la escuela rural de 1974 donde me enteré del casamiento secreto de mi abuelo y donde hizo su entrada triunfal en nuestro mapa familiar Elsa, mi entrañable "abuelastra" (un término que invento con humor para no tener que repetir las larguísimas y frías frases "la madrastra de mi madre" o "la segunda esposa de mi abuelo").
Elsa tenía una personalidad arrolladora y un carácter que se pintaba solo en el día a día. Fue precisamente tras la dolorosa partida de mi abuelo cuando ella protagonizó una andanza tan disparatada y divertida que quedó grabada a fuego en las risas del clan, quitándole de golpe toda la tristeza al final de la historia...
Si algún lector desea profundizar en los detalles costumbristas de esas noches de baile en la escuela lo invito a recorrer las páginas de mi libro La Estancia, donde comparto la crónica completa de ese día.
Antes de que estallara la verdad de los papeles, yo ya había visto a Elsa en varias oportunidades en los alrededores de la estancia, a veces acompañada por alguna otra mujer —que sería su hermana, supongo— o tal vez por varias personas diferentes según la ocasión; la verdad es que no siempre era la misma gente en la vuelta.
En esa época yo ni les prestaba mayor atención, ni Elsa me terminaba de caer. «Es una amiga de mi abuelo», pensaba yo para mis adentros con total indiferencia. Me limitaba a saludarlas y a tratarlas con la distancia justa, haciendo únicamente lo que la buena educación me obligaba a hacer cuando me la encontraba, acompañando a mi abuelo.
Esa frialdad educada se rompió de golpe aquella noche de música y asado en el campo. Se me dio por acercarme y preguntarle de forma directa:
—¿Y vos quién sos?
Elsa me miró y me contestó, con una soltura de cuerpo que me dejó de una pieza:
—Yo soy la esposa de tu abuelo.
La confirmación
Al principio me quedé helada; pensé que se trataba de una broma pesada y de muy mal gusto.
«Preguntale a tu madre», agregó Elsa con total naturalidad, devolviéndome la pelota.
Fui de inmediato a buscarla y no lo podía creer cuando mi madre me lo confirmó con una seriedad absoluta. No solo era verdad, sino que el matrimonio civil había tenido lugar allá por 1970, ¡y ya estábamos en 1974! Cuatro años de un secreto sepulcral. Para sumarle más complejidad al asunto, mucho tiempo más tarde supe que mi abuela legítima había fallecido en 1968 y que ellos ya mantenían una relación en vida de ella.
Me molestó muchísimo que me hubieran ocultado un acontecimiento familiar de semejante magnitud durante tanto tiempo. Entiendo perfectamente que no me lo hubieran dicho enseguida, siendo más chica, pero en 1974 yo ya era lo suficientemente grande y madura como para entender una situación así sin necesidad de misterios.
Mirándolo hoy a la distancia, a veces pienso que el silencio no se debía a mi edad, sino que era más bien el reflejo del deseo secreto de mi madre de que esa persona, simplemente, no existiera en nuestras vidas.
En ese entonces, pensé que eran celos suyos porque su padre se había vuelto a casar,o que rechazaba que la nueva esposa de mi abuelo reemplazara a mamama.
Pero, con el tiempo entendí que esa no era la razón de la actitud mi madre era diferente.
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abuelos historias, aventuras en ambos sentidos, alegrías y tristezas
Editado: 17.10.2026