Tata

Las bodas de Plata de mis Abuelos Maternos

Mi abuelo materno, Feliciano —a quien todos en la familia llamábamos entrañablemente Tata—, fue el gran pilar de nuestros años en el campo. Sin embargo, su historia de amor y sus lazos familiares estaban profundamente entrelazados con las dinastías del Uruguay de antes.

En mayo del año 1957, la familia se vistió de gala para celebrar sus Bodas de Plata con Mamama, una fiesta memorable donde mi madre Isabel lució un vestido precioso a la derecha de la mesa.

Lamentablemente, mi abuelo Raúl ya había fallecido para el momento en que yo vine al mundo. A no ser por el testimonio de algunas fotografías antiguas que conservo en la computadora, es realmente muy poco lo que sé sobre su vida y su personalidad, un vacío que lamento de corazón.

Por eso, cuando en mis crónicas utilizo la expresión "mi abuelo" a secas, por lo general me estoy refiriendo a mi abuelo materno, Feliciano (Tata). Del otro, de Raúl, solo me quedan referencias difusas y algunas imágenes memorables. Una de ellas es una fotografía grupal muy bella en la que también aparece retratada mi madre Isabel siendo una jovencita. Por el estilo de la vestimenta y la solemnidad del banquete, deduzco que se trata de la celebración de las bodas de plata de mis abuelos maternos.

Al ponerme a analizar detenidamente esa fotografía carcomida por los años, logré reconocer de inmediato el vestido de mi madre, que aparece sonriente a la derecha del encuadre. A la izquierda de la mesa se ubica mi bisabuela, la madre de Tata; mientras que en el centro de la escena resalta la figura de Florinda, una de las tantas hermanas de mi abuela materna.

Durante mucho tiempo estuve dándole vueltas a la cabeza, intentando datar con exactitud matemática el año en que se había registrado aquel acontecimiento familiar. La respuesta me llegó gracias a un verdadero tesoro histórico que me regaló mi prima Nivia Labandera: ¡nada más y nada menos que la servilleta original de tela de cuando Tata y Mamama se casaron!

Al revisar las fechas del souvenir, el misterio quedó resuelto en un segundo. La boda original se había celebrado en mayo de 1932; por lo tanto, la reunión de la fotografía, el vestido de mi madre y la torta de las bodas de plata correspondían exactamente al mes de mayo del año 1957. El pasado, por fin, se ordenó ante mis ojos.

Para los lectores curiosos que quieran desentrañar el laberinto de nuestros apellidos y el enredo de los primos hermanos los invito a recorrer las páginas de mi libro de Los Costa Ibero, donde el árbol genealógico sale a la luz.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.