El traje de Tata, el origen de su apodo
Cuando en mis relatos pronuncio las palabras "mi abuelo", siempre y sin excepción me refiero a mi abuelo materno, ya que fue el único con el que tuve la enorme dicha de convivir y generar recuerdos directos en mi infancia. Mi abuelo paterno perteneció a una historia muy diferente, llena de secretos que recién empecé a desmenuzar hace unos pocos años.
Mi abuelo materno se llamaba Feliciano Bautista Labandera y, aunque en el pago muchos lo llamaban simplemente por su segundo nombre, Bautista, para nosotros, sus nietos, él fue, es y será siempre "Tata". Tuvo que pasar mucho tiempo y tuve que sumar varios almanaques encima para comprender un modismo rural clave: en el campo uruguayo, "Tata" es la forma tradicional en que los hijos llaman a su padre. Supongo que bajo esa estricta costumbre así lo llamaría mi madre Isabel y, por transitividad, nosotros terminamos adoptando el apelativo con total naturalidad en el hogar.
Al escarbar en mis recuerdos de la niñez, la fisonomía de Tata brota con total nitidez: a menos que estuviera trabajando en el campo y andando a caballo, siempre, sin importar la ocasión o el calor, usaba traje formal y, la gran mayoría de las veces, coronaba su estampa con un sombrero.
Era un hombre sumamente bueno, dueño de un carácter apacible y de un corazón lo suficientemente grande y generoso como para abrir las puertas de su propia casa de par en par. En una época difícil, recibió en su casa a dos de las hijas de María, una de las hermanas de Mamama, mi abuela materna.
Mucho tiempo después, Tata terminó cobijando también a otra familia entera, en una confusa dinámica donde nunca supimos del todo si fue por pura generosidad de su parte porque aquella gente andaba necesitada, o si llanamente esa gente se aprovechó de la nobleza de él. Tal vez un poco de ambas.
Ambas tramas son complejas y las iré desarrollando más adelante.
Como mi mamá no tuvo hermanos varones ni mujeres, sus primas y amigas de la infancia suplieron con creces esa carencia afectiva. En especial las hijas de la tía María, quienes convivieron bajo el mismo techo durante muchísimos años, han sido siempre figuras sumamente especiales, queridas y entrañables para todos nosotros y serán parte importante de mis historias.
Jolie
En ese ir y venir de recuerdos, fue una absoluta sorpresa para mí enterarme de que existía otra hermana de María también llamada Isabel, un nombre que aparece mucho en la familia, y a la que le decían Jolie. Jolie quiere decir bonita en francés. Tal vez ese apodo tenía que ver con su aspecto físico. Ella había decidido hacer una vida completamente independiente desde muy temprano en la juventud, alejándose del núcleo familiar.
Hace tiempo, picada por la curiosidad de la sangre, supe que Jolie había tenido una hija llamada Cristina. Un día me metí en Facebook e intenté contactarla, pensando con optimismo que, si bien ya no había llegado a tiempo para conocer a la madre, todavía estaba a tiempo de estrechar lazos con la hija.
Lamentablemente, el destino me ganó de mano. Me contestó alguien que dijo ser la nuera de Cristina, esposa de su hijo, para darme la triste noticia de que mi prima segunda también había fallecido. Aquella persona no sabía absolutamente nada de la existencia de nuestra rama familiar, así que le conté a grandes rasgos sobre nosotros.
Nos escribimos unas pocas veces de cortesía a través de la pantalla y luego, inevitablemente, el contacto se terminó perdiendo.
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abuelos historias, aventuras en ambos sentidos, alegrías y tristezas
Editado: 17.10.2026