El cuarto de Tata
Casi no tengo recuerdos de Mamama en la estancia, pero creo que originalmente mis abuelos dormían en el dormitorio principal y que, después de que mi abuela falleció, mi abuelo se mudó a otro dormitorio, que hasta hoy llamamos el cuarto de Tata, dejándole el suyo a mis padres.
Creo recordar que yo me ponía la ropa y los sombreros de mi abuela y me miraba en los espejos de los dos roperos de Mamama, y que había un escritorio en el cuarto principal donde mi abuelo hacía la contabilidad del campo. Era un hombre muy inteligente, con una gran visión para los negocios. Aunque el campo era originalmente de mi abuela, él lo trabajó con acierto, comprando nuevas tierras, y haciendo muchas mejoras. Uno de sus sobrinos, Arturo Labandera, hijo del hermano de mi abuelo del mismo nombre, expresó su opinión al respecto, coincidente con la mía: Tu abuelo fue una persona con una gran mentalidad empresarial y de avanzada en el medio rural.
Yo no tenía idea sobre la escolarización de mi abuelo, al leer que el hermano, que luego fue doctor en medicina, había asistido a una escuela rural que sólo ofrecía tres años de primaria, pensé que probablemente este habría sido también su caso. Pero Arturo me contó que, antes de casarse, estaba para recibirse de ingeniero mecánico y creo que trabajaba en una empresa americana radicada en Uruguay .
Y también agrego algo que yo no sabía y que me hizo sonreír: "Nosotros, los Labandera, somos adicto al dulce de leche y me comentaba mi padre que tu abuelo tuvo una gran pelea con el cocinero de la estancia porque no lo dejaba comer el dulce caliente."
Con el tiempo heredé el escritorio de Tata, que solía usar para estudiar a diario cuando estaba en la facultad y que luego le ced
í a mi hija mayor. Ella lo tuvo mientras fue soltera.
Alegrías del campo
Mi madre escribió de su puño y letra en su libro de memorias algunas semblanzas entrañables que retratan a la perfección la física y el andén rústico de aquellos tiempos en la campaña. Le llamó a ese capítulo Alegrías del campo. Guardo este valioso testimonio costumbrista sobre la figura de mi abuelo:
Cuando papá venía de trabajar en el campo lo esperábamos con algo rico, como choclos asados, carne asada.
Sufría de asma, mamá lo esperaba llorando porque sabía que vendría atacado, le costaba respirar. Le preparaba baos de tilo. También sufría de jaquecas, mal que heredé yo. Cuando se estornuda parece la cabeza se explota en pedazos. Tiene de bueno que con el tiempo se pasa.
Cuando parían las ovejas, salía a cualquier hora, incluso de noche. Muchas veces aparecía con corderitos que habían quedado solos. Esos los criábamos guachos. Le preparábamos las mamaderas en botellas de vidrio con tetas comunes de las que se usaban con los niños.
Cuando papá decía “hoy vamos a carnear”, los perros se encargaban de arrimar la majada, contenerla en el potrero y allí separaban la que iban a carnear.
Nosotros observábamos y aprendíamos en la medida que una mujer en ese entonces podía.
Siempre prevalecía el cumplimiento de las tareas, lo que hacíamos con gusto y alegría.
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abuelos historias, aventuras en ambos sentidos, alegrías y tristezas
Editado: 17.10.2026