17 de julio de 1969
El 17 de julio de 1969, se hizo una gran fiesta. Vinieron hijos, nietos y nosotros, sus bisnietos, gente de todos los rincones del país. Recuerdo que la casa estaba llena de parientes que parecían conocerme y me saludaban mientras que yo, que tenía casi 9, no tenía idea de quiénes eran ellos.
La causa: ¡la abuela Brígida cumplía 80 años!
Hay 2 fotos de ese cumpleaños. En una de las fotos están los hijos. Yo sabía que existía porque, recordaba vívidamente el momento en que fue tomada. Pero mi madre no la conservaba y eso realmente me daba pena.
Hay otra foto en la que están los nietos... y nosotros, los bisnietos. Cuando mi mamá se puso para la foto, sus tíos le dijeron: ¡Eh! ¡Los nietos! Y mi mamá contestó: ¿Y yo qué soy? Obviamente, nuestra presencia confundió a muchos de ellos, que tendían a pensar en mi mamá como una hija más.
Ese cumpleaños fue una gran ocasión familiar, no creía yo que jamás volviera a reunirse todos. Una vez muerta mi bisabuela, la familia fue dejando de verse, como pasa siempre. ¡Qué lástima!, ¿no?
Por mucho tiempo creí recordar que todo esto había pasado en julio 1970. Pero mi hermano nació en agosto de ese mismo año. De ser así, mi mama tendría que haber tenido una barriga respetable, cosa que no se aprecia en la foto. Y, al notar que la fecha de nacimiento de la abuela Brígida es 1889, me di cuenta de que ese cumpleaños memorable habia sido en realidad en 1969.
Eso explicaba la figura esbelta de mi madre, lo joven que se ve Mona.
En ese momento noté un detalle: ese hecho fue muy cercano a otro que recuerdo con claridad aunque, en mi mente de niña, ambos parecen estar muy separados en el tiempo.
21 de julio de 1969
Esas vacaciones de julio fueron memorables no sólo por el cumpleaños de la abuela Brígida, como todos la llamábamos. Luego del mismo, seguimos rumbo a la estancia y allí me encontraba yo, incomunicada, y completamente ignorante de que El Hombre acababa de llegar a la Luna. Era julio, invierno en el hemisferio sur, había llovido mucho y las rutas estaban cortadas por los ríos crecidos.
El 21 arrancamos rumbo a Montevideo en un viaje de arena gruesa que duró como 6 o 7 horas aunque la distancia era de unos 180 km. Tuvimos que dar un gran rodeo porque los ríos habían tapado los puentes de la ruta que usualmente tomábamos. Yo quería irme a dormir temprano porque el 22 era mi cumpleaños y quería que éste llegara cuanto antes.
Pero en cada parada que hacíamos - ¡y perdí la cuenta de cuántas fueron! - todos hablaban de eso, de que El Hombre había por fin llegado a la Luna. En cada bar en el que parábamos para comprar comida, veíamos a la gente frente al televisor blanco y negro, mirando atentamente las imágenes de aquella memorable caminata lunar.
Con mi mente de niña, no entendía por qué tanto alboroto y novelería con ese asunto... ¡Para mí, El Hombre ya estaba en la Luna desde hacía tiempo! Yo no me daba cuenta de que estaba viviendo la historia.
Durante 30 años creí honestamente que el hombre había llegado a la luna el 21 de julio de 1969. Mi cumpleaños es el 22 y eso fue el día anterior, lo recordaba yo perfectamente, así como la razón: yo quería irme a dormir temprano para que mi cumpleaños llegara rápido. Eso era clarísimo para mí. Sin embargo, cuando se cumplieron 30 años de ese hecho me enteré de que en realidad el alunizaje había sido el 20. ¡Imagínense mi asombro! Durante 30 años estuve yo confundida respecto a la fecha del primer alunizaje.
Pero luego supe que en realidad fue el 20 a las 22:56, hora de Uruguay, por lo que la mayoría de nosotros recién lo supo el 21. Supongo que eso explica mi confusión al respecto.
#1693 en Otros
#299 en Relatos cortos
#82 en No ficción
abuelos historias, aventuras en ambos sentidos, alegrías y tristezas
Editado: 17.10.2026