El primer San Valentin juntos
Ser una espía nunca me ha resultado bien, pero encontrarme con gente a la que manifiesto no querer ver, ¡se me da de maravilla! Aprovechando aquello, no dudo en pensar todo el camino en: Nunca. Jamás. Encontrarme. Con. Katy. Grey. Jamás. No quiero. Nunca.
¡¿Escuchas universo?! ¡Sería horrible, catastrófico encontrarme con Katy! ¡No quiero!
Amo como el ritual a la inversa funciona. Katy está abriendo su cancel.
Me lanzo hacia ella y la abrazo por la espalda. Ella se sobresalta y da la vuelta. Al verme, suelta una risa entre dientes mientras me da un golpecito en la cabeza.
—¡Joder! ¡Casi se me salen los mocos del susto, boba!
Río y me separo de ella fingiendo asquito mientras ella se suena la nariz.
—¿Resfriada?
—No, sacarte el cerebro por la nariz está de moda estos días. Ya ves, nadie lo usaba de todos modos.
Ruedo los ojos antes de hacer una señal con las manos de pistolita y apuntarla.
—Katy Grey, manos arriba, está detenida para un interrogatorio.
Enmarca una ceja y arrima su espalda al casillero mientras alza las manos.
—Soy un enfermo, ¿de verdad me estás haciendo esto?
—No tienes dificultad para hablar.
—Solo para respirar y eso no cuenta, ¿eh? —se quiere reír antes de volver a estornudar y sonarse la nariz —Espera.
Lo hago, y cuando termina con su nariz...o su nariz con ella. Vuelvo a apuntarle, se ríe.
—Bah, la niña buena se volvió policía. ¡Qué sorpresa!
Ruedo los ojos pese a que me sonrojo por su ironía.
—Soy la comandante Martins, todo lo que diga desde ahora será usado en su contra.
Finalmente se ríe y baja las manos.
—Bah, no podrías ser comandante. Pasarías las pruebas intelectuales, pero no las físicas.
—¿Cómo lo sabes?
Ella enmarca una ceja.
—¿Vas a madrugar todos los días y correr más de cuatro kilómetros?
Bajo de inmediato mi pistolita.
—Y así, es como muere uno de mis sueños.
Se ríe y niega con la cabeza.
—Anda, ¿cuántos van? Cantante, bailarina, chef, veterinaria, doctora...
—Soy desafinada —le interrumpo enumerando —No tengo talento, no es rentable, no podría dormir animalitos sin querer irme a dormir con ellos, y el último...bueno, ya lo veremos.
—¿Cómo que cocinar no es rentable? ¡¿Estás loca?! ¡La gente puede no ir al doctor, pero nunca saltarse una comida!
—Ah, ¿quieres que contribuya a la morbimortalidad?
La miro mal y ella rueda los ojos.
—Joder, ¡entonces se un matasanos o lo que quieras, barbie!
—Lo pensaré. Ahora... —la miro —volviendo al tema...
—Joder, y yo que pensaba que ya lo habías olvidado —estornuda y suena su nariz —Bien, comienza, ¿qué preguntas tiene nuestra pequeña policía?
—¿No viniste porque estabas enferma? —pregunto con cautela y observando sus reacciones. No hay signos de tensión ni nervios. Al contrario, se ve relajada, de alguna manera...
—Se podría decir que sí...de algún jodido modo.
Frunzo el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Soy una bola de mocos, fui al hospital y bueno...de algún modo tuve reposo médico —su cara hace una expresión extraña. Al notar que la observo, Katy sonríe un poco —¿Qué? ¿Me extrañaste mucho?
Sé que su intención es bromista, pero asiento con la cabeza.
—Sí, y Pamela también —enmarca una ceja y de inmediato empiezo a balbucear —Y Sofía, y Darwin, y Alan...
Katy suelta una carcajada.
—¡Ya, ya, todos me extrañaron! Entendí, entendí. Espera...
De nuevo una ronda de estornudos.
—¿Y sobre el concurso de dibujo...? —pregunto suavemente.
—Ah, eso... —suena su nariz antes de responder —Bueno, como no vine no entregué nada. Así que, asumo estoy jodidamente descalificada.
—¿Pero si enseñas el certificado...?
—Oh, mi pintura no está completa.
—¿Qué? Pero...
—Sí, tuve un pequeño percance con la pintura así que empecé a hacer otra. Igual no está finalizada todavía.
—¿Segura que no podemos hacer algo al respecto?
Parece pensárselo antes de volver a estornudar.
—No es que no se pueda, pero... ¿creo no quiero hacerlo?
—¿Me lo estás preguntando?
—Lo sé, incluso yo encuentro increíble mi indecisión —se suena la nariz —Creo que es el resfriado o la pubertad. No sé, estoy muy sentimental.
Sonrío un poco y la abrazo pese a que se queja de que puede contagiarme. Ruedo los ojos, pero si acepto separarme cuando pide estornudar.
—Oh, casi me olvidaba preguntar, ¿cómo estuvo ayer? ¿todo salió bien?
—Ah, sí.
—¿Vino el pollito?
—¿Pollito?
—Oh, así le apodé al niño de Pamela —sonríe Katy —Me recuerda a uno.
—¿Por qué?
¿Un pollito? ¿Jensen? No era rubio y tampoco se veía muy tierno. Es educado, tranquilo y amable. ¿Un pollito se vería así? Puedo jurar que ayer cuando se ponía frente a Pamela para defenderla de su madre, no se veía precisamente como uno.
El timbre suena y junto a este Katy vuelve a estornudar. Le pregunto sobre ir a la enfermería, pero me asegura que solo se quedará medio día. En la tarde tiene que ir al médico de nuevo. Cuando la pregunto por qué, ella se suena la nariz antes de decir: Oh, es que sospechan de tuberculosis ¿o era neumonía?
Siento que empalidezco hasta que la escucho reír.
—¡Para eso si no estás enferma!
***
Los segundos pasan, y con ello todos se inquietan cada vez más. Unos ven a sus lados y otros golpean sus dedos contra la banca. El reloj avanza y a la vez no. Hasta que el segundero va por su última ronda y todos retienen la respiración.
Tres, dos, uno...
El timbre suena y todos se levantan con rapidez para luego salir del aula. La maestra los ve y niega la cabeza con una sonrisa.
—Niños, siempre serán niños.
Me río ante sus palabras y me guiña un ojo antes de seguir borrando el pizarrón. Decido también salir y frunzo el ceño al no ver a Cooper.