Te enamoraré (versión nueva)

Capítulo 65 "El último baile juntos" (Editado)

El último baile juntos

Primer vestido:

—Gira a la derecha, sonríe. No, ese no.

Segundo vestido:

—¿De verdad ese color te gusta? Es feo.

Vaya, gracias....

Tercer vestido:

—No es bonito el diseño.

Con cada intento de vestido siento que me desespero y cuando salgo, abro la cortina con la peor gana de la vida. La miro mal y camino con pasos firmes hacia ella.

—¡Me has tenido por casi dos horas probándome vestidos! ¡Dónde no te guste este me pegó un tiro o salto de un puente!

Hailey me mira, para luego curvar su boca en una sonrisa.

—Me gusta ese —dice finalmente.

Escucharla decir eso es como si los ángeles se asomaran y tocaran sus finos instrumentos, ¡una gran música para mis oídos!

—¡¿Enserio?!

—Sí, tiene un buen color, un diseño que es mejor que el resto y para combo te queda bien.

—Vaya, gracias.

—De nada, ahora paga y vámonos. Tengo hambre.

—Te dije que fuéramos a comer primero —le reprocho.

—Siempre estás pensando en comida, glotona —se ríe —Venga, retíratelo con cuidado y vamos a pagarlo.

Asiento y hago lo que dice. Salgo, entrego el vestido, me infarto con el precio y pago con dolor mientras ignoro como Hailey me reprocha por no comprender el precio de la moda.

Ruedo los ojos y mi estómago gruñe.

¡Con eso habría comprado torres de helado!

***

—Si me preguntas a mí, yo le dije que se arreglara desde que llegó —escucho a Hailey decir tras la puerta —Pero la señorita prefirió volver a dormir y aquí estamos.

Escucho una risa baja y me sonrojo.

—¡Fue un error, me quedé dormida! —grito tratando de justificarme y al mismo tiempo de subir la cremallera del vestido.

—Pues fuiste la única, porque con tu alarma pausada cada cinco minutos ni Ben ni Golum pudieron hacerlo. Y lo de Golum dice mucho.

¡Hailey, dios, cállate! ¡Y es verdad! A ese perro gordo no le cuesta nada quedarse dormido y roncar. Pero, ¡¿quién diría que me desmayaría con tan solo tocar la cama?! La amo, pero hoy ella me ha traicionado.

Limpio el vapor del espejo para ver si todo está en su lugar y conforme con mi decente apariencia, abro la puerta. Ignoro a los dos sujetos que están sentados en mi cama conversando y corro a colocarme los tacones. Estoy por cerrar las hebillas cuando Alan me detiene.

—Yo lo hago, sigue con lo demás.

—Awww, que lindo.

Ignoro a Hailey por segunda vez y dejo que cepille mi cabello mientras me coloco crema en el rostro para que me maquille un poco. Gracias al equipo de tres terminamos más rápido de lo planeado y a buen tiempo para el viaje hacia el evento. Hailey corre escaleras abajo diciendo que buscará el fijador. Aprovecho para ver mi reflejo en el espejo y me volteo hacia Alan.

—¿Me veo bien? ¿Alan? —pregunto moviendo la mano frente a él.

—¿Sí?

Inclino un poco la cabeza confundida.

—Te pregunté si me veo bien.

—Eres bonita.

Bueno, eso no es lo que pregunté. Pero no digo nada porque ver sus orejas rojas me hace avergonzarme también y mirar hacia otro lado. Oh, aprovecho para tomar el collar de brújula y extendérselo. Él entiende de inmediato lo que quiero y me coloca con el mismo cuidado que lo hizo ayer.

—Gracias.

Sonríe y asiente.

—De nada, ahora…será mejor que bajemos.

La forma en la que su expresión se mantiene algo tensa y actúa de forma torpe, despierta en mí las ganas de molestarlo como él suele hacer conmigo.

—Estoy tan linda, ¿qué ahora te pone nervioso estar a solas conmigo, Cooper?

Sube la mirada del piso y cuando me observa puedo ver como sus pupilas se agrandan un poco. Mi corazón se acelera al notar esa reacción. ¡Le gusta lo que ve! ¡Bueno, a mí también!

—¡Iugh! Lamento interrumpir su coqueteo, ¡pero traje el fijador!

Cierro la boca de inmediato y dejo que Hailey me lo coloque en el cabello. Lo hace rápido y huye murmurando que la fiebre por san Valentín es peor que la navideña. Ignoro mi rostro caliente y tomo mi bolso para salir. Para bajar por las gradas Alan me ofrece su brazo y cuando llegamos al jardín, Hailey suspira con dolor.

—Mi bello peinado deberá sobrevivir a esa bestia cubre cerebros.

—Lo siento, hoy surgió un imprevisto en la empresa y mi padre necesitó el auto.

—Está bien, solo ignórala —le digo a Alan y Hailey me saca la lengua.

—Solo me estaba quejando. Al igual que cuando supe que mamá tiene velada y ni de broma podíamos usarlo —ahora es mi turno de sacarle la lengua —En fin, vayan con cuidado y me escribes cualquier cosa.

Le grito una afirmación y vamos hacia su moto. Alan toma el casco y me mira antes de fruncir el ceño.

—Debo comprar un auto.

Ruedo los ojos sonriendo.

—¿Cuándo por fin le tomé cariño a tu monstruo de dos ruedas?

—¿Decirle así es quererla?

—¡Claro, es un apodo cariñoso!

Ríe entre dientes ante mi falta de vergüenza y con cuidado me coloca el casco. Me entrega una chompa impermeable y me ayuda a subir a la moto con cuidado. Voy al frente mientras me ayuda a acomodar el vestido largo con cuidado. Mientras lo hace puedo ver que cada vez está más preocupado.

—Siento que bien podría asomar un letrero de: No intentes nunca esto en casa.

Me río y niego con la cabeza.

—Está bien, estoy envuelta como momia las piernas y tú eres el conductor.

Ahora él niega con la cabeza.

—El regreso será en auto, al menos ahí se puede pedir taxis o alguna carrera.

—Desventajas de un pueblo pequeño y lejano —me encojo de hombros —¡Dile a Darwin que ya tengo otra desventaja!

Se ríe.

Sube a la moto y se asegura de nuevo de todo. Sonríe cuando mis manos van al volante y están con los mitones celestes. Sí, después del casco, Alan también me compró mitones. Miro también los de él y sonrío. Sin embargo, dejo de hacerlo cuando recuerdo la conversación de esta mañana con mi mamá.




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