¿Qué ocultas Alan?
Veo como poco a poco el cielo se va nublando, parece que oficialmente estamos en invierno. El sol estaba presente hace unos minutos, pero ahora pareciera que nunca salió. Sebastián lo llamó “Sol de aguas” dijo que esa expresión hace referencia a cuando el sol brilla mucho en la mañana, pero que, en la tarde la lluvia azotaría con fuerza.
Aprender, siempre es algo curioso.
—¿Tienen alguna otra pregunta?
Volteo la vista hacia el señor que expuso sobre las distintas universidades extranjeras y su pronta apertura de las inscripciones. Aquello me recuerda el correo de la universidad de la Sorbona, sigo sin confirmar el cupo a la facultad de medicina. Suspiro y escucho como le cede la palabra a un alumno del consejo estudiantil. No presto mucha atención hasta que alguien se sienta a mi lado.
—Parece que no estás muy interesada.
Veo a Gregory y niego la cabeza.
—No es que no esté interesada, pero…
—¿Ya tienes elegida tu universidad? —Vuelvo a negar —¿Estás indecisa?
—¿Tú no?
—No, siempre me ha gustado enfermería. Es muy útil. La licenciatura en algunos países es suficiente para ejercer, y si deseas especializarte hay muchos campos, desde administrativos hasta asistenciales. Puedes aplicar para hospitales, centros de salud, cuidado en geriátricos o trabajos esporádicos referente al cuidado o administración de medicación. También hay curación de heridas y otros procedimientos menores —tras su enumeración parece perderse en su mundo —Diría que es rentable en tiempo de estudio y aplicación. Aunque difiere mucho en cada país. ¿Sabías que en algunos tienen hasta veinte pacientes hospitalizados y una enfermera a su cuidado? —niega con la cabeza —Eso es explotación. Si solo tomas los signos vitales en cinco minutos por paciente harías una hora y cuarenta minutos. En otros la profesión es más valorada, te asignan ocho pacientes o menos según la dificultad de su cuidado. Incluso en UCI asignan dos enfermeras si tras valoración lo requiere. Es entendible, el cuidado muy desgastante, ¿has escuchado del síndrome del cuidador?
Parpadeo y niego con la cabeza.
—Veo que has consultado mucho al respecto.
Sus mejillas se sonrojan y asiente de forma torpe.
—Sí, un poco en mi tiempo libre…
Genial, y yo lo gastaba procrastinando.
—Creí que seguirías alguna ingeniería. Tu proyecto fue de física…
—Me gusta, sí, pero no me veo haciendo eso toda la vida. No es algo novedoso, solo aplicas la formula correcta en el momento correcto. En cambio, el ser humano es complejo y no reacciona igual, aunque tenga el mismo diagnostico que otro.
—¿Y no pensaste en psicología?
Niega de inmediato con la cabeza.
—No, no podría escuchar los problemas de la gente. Carezco de empatía al hablar y mi objetividad sería muy cruel si es alguien muy sentimental. No digo que esté mal ser sentimental, pero en la mayoría de trastornos mentales el paciente carece de valoración emocional por su entorno y… —aprieta el puente de su nariz con sus dedos —Solo digamos que no es mi rama.
Río levemente y asiento con la cabeza dándole la razón. Gregory podría tener muchas cualidades, pero no creo que la elocuencia sea una de ellas.
—¿Y Leah te ha dicho al respecto?
Enmarca sus cejas pareciendo confundido.
—¿Leah?
—Sí, sobre a que universidad postular y cosas así…
—Me ha guiado en algunas cosas, sí. Por ella sé que hay países en los que es una perdida ejercer.
—Ya veo…
—¿Y a ti?
—Sinceramente la he estado evitando. No sé que seguir al respecto, así que no sabe como ayudarme.
—Creí que te gustaba la repostería.
Me tenso y volteo a verlo de inmediato.
—¿Qué?
—¿Me equivoqué? —parece confundido —Estuviste en el club de cocina un tiempo y en los programas siempre has hecho alguna cosa.
—No, no te equivocas, es solo que…no pensé que lo considerarías como una profesión.
—¿Por qué no? Lo es, aunque empezó como oficio. En realidad, muchas profesiones empezaron como uno. Y si fuera un oficio, tampoco estaría mal. Muchos vivimos de ellos.
—No me refería a eso —al ver su rostro con duda, bajo la mirada —¿No te han dicho que estás desperdiciando todo tu potencial?
El silencio que se forma me hace consciente de cómo se me acelera el corazón. ¡Bien, lo dije! ¡Y ya me arrepiento! Cierro los ojos deseando desaparecer por haber dicho algo tan estúpido. Espero la risa, tal vez el tono de burla o ironía donde me acusa de ser egocéntrica o de refregarle mis insignificantes problemas.
—Ah, eso —su voz denota indiferencia —Sí, lo han hecho, pero es mi vida. Es tu vida, Abigail —mis parpados se abren y lo miro —Todo lo que hagas cómo lo que no, las consecuencias las lidiarás tú, no ellos. Y si te siguen molestando solo recuerda que, si son mayores tienen más probabilidad de morir antes que tú. No siempre, pero nunca la probabilidad es cero.
Lo miro unos segundos antes de empezar a reírme. ¡Dios! ¡Eso era muy Gregory de su parte! Me disculpo cuando nos regañan, pero al menos mi corazón late, y ya no es doloroso sentirlo. Supongo que esos son los verdaderos genios, ¿eh?
No les importa lo que piense el resto. No buscan su aprobación.
Bueno, yo nunca fui un genio. Y esforzarme para serlo ya me ha desgastado tanto.
Supongo que, de ahora en adelante pensaré en que las probabilidades nunca son cero.
Mi sonrisa vuelve y Gregory rueda los ojos quejándose de no saber qué fue lo gracioso. Aquello me sorprende, pero entiendo que cuando pasas mucho tiempo con una persona se te pegan sus expresiones.
La charla es finalizada y mientras todos salen, le escribo a mi novio para saber su paradero.
Niña tonta: ¡Oyeee!
Cooper: ¡¿Qué?!
Me río y de inmediato le respondo.
Niña tonta: Eso sonó muy divo jaja