Una regla
Una vez me pregunté: ¿Cuándo una relación termina?
¿Es cuándo A empieza a ocultarle cosas a B? ¿O cuándo B se siente herido porque sabe que A le oculta algo? ¿Es culpa de A? ¿O es culpa de B? Si A no lo dice porque no quiere preocupar a B. Y B se siente mal porque siente que no es suficiente para A.
Don Ángel dijo que el amor no es suficiente para que los protagonistas terminen juntos. Puedes amar tanto, ¿pero de qué sirve si la persona que amas no lo sabe?
Las palabras y los actos importan.
Si solo dices y no lo haces, es falso.
Y si actúas, pero no lo expresas, es cobardía.
Los seres humanos somos tan complejos. Unos pueden cantar en miles de idiomas sobre el amor y, sin embargo, nunca valorarlo. Otros serán detallistas, pero jamás dirán un “Te amo”. Y ambos grupos siempre pensarán: Es que lo otro es innecesario. Olvidan que una relación es de dos, y deciden invalidar la perspectiva que su pareja tiene del amor.
Entonces, ¿es así termina cómo termina una relación?
El timbre suena y aprovecho que los gemelos están preguntándole algo a Cooper para correr a la salida. Dios, nadie habla de lo incómodo que es actuar como si no hubieras visto nada. En la mañana evité que me recogiera alegando que debía llegar más temprano para una reunión inexistente del consejo estudiantil, y como una comadreja me escondí hasta que el timbre anunció el inicio de clases. Sentí náuseas al entrar y fingí estar muy concentrada en clases. Como si no me supiera de memoria sobre la química orgánica. Me autoconvencí de que era lo más interesante del mundo e incluso pasé al pizarrón para resolver los ejercicios. Si algo me quedó claro el día de ayer, es que no puedo manejar estos sentimientos y me es más fácil hacer ejercicios para ignorarlos.
En receso, por irónica que sea la vida, al menos hoy fui su elegida. Y el entrenador llamó al equipo a un repaso porque ya se acerca la próxima eliminatoria. Nunca pensé que podría desear no verlo, y que su ausencia me hiciera sentir alivio. El contacto ha sido reducido. Y ante sus llamadas en la noche, solo pude sentir una leve ironía al ver las notificaciones con el estado de “pérdidas” en la mañana. No fue apropósito, mi teléfono estaba muerto y no tenía ganas de cargarlo.
Por primera vez no sé que estoy haciendo, ni qué debería hacer al respecto. ¿Debería hablar? ¿Exigirle una respuesta? ¿O simplemente escuchar lo que tenga que decirme? ¿Qué es lo correcto? Me siento tan perdida porque siento tanto que, no puedo creer poder hablar sin echarme a llorar.
Mierda, tal vez no tuve el tiempo suficiente como para asimilarlo. ¿Por qué demonios tuvo que ser el domingo? Si hubiera sido un viernes, un luto de dos días tal vez habría sido suficiente.
Ahora, recién inicia la semana y ya quiero que termine.
En el fondo, solo tengo una cosa clara. Sé que mi miedo a hablar con él, es la posibilidad de revivir el trato de ese día. No quiero volver a sentirme tan ansiosa ante sus gestos y no entender sus cambios repentinos.
Llego a mi cancel, pero no puedo abrirlo. Ver a Bowen en el suyo me hace detenerme y voltearme enseguida. ¡Mierda! ¡De verdad no debí seguirlo! ¡No debí preocuparme por su estado! ¡Debí irme a casa! Me habría ahorrado estas heridas. Acelero el paso hacia la salida sintiendo como las palmas me sudan. Cruzo la puerta y escucho cómo él me llama. Una punzada en mi pecho me hace tensarme, pero aprieto los labios y me obligo a seguir caminando. Busco desesperada en mi mochila los audífonos para excusarme por no haberlo escuchado. Los tomo y con manos temblorosas me coloco uno, estoy por colocarme el otro cuando su mano toma la mía y me detiene.
—¿Abi?
Aprieto los labios ante su dulce voz y me volteo para verlo. Agradezco que suelte su agarre.
—Co-cooper… ¿qué sucede? —le pregunto forzando una sonrisa.
Su ceño se frunce pareciendo confundido.
—¿Qué sucede? Yo te iba a preguntar lo mismo, te fuiste sin despedirte.
¿De verdad él quiere hablar de lo que no hice hoy? ¿Y lo que él hizo ayer, qué? Mi mano libre va hacia mi espalda y cierro el puño fuerza aguantando mi enojo.
—Lo siento. Estaba algo apurada —murmuro y trato de retomar mi camino, pero su mano vuelve a tomar la mía.
—Abi, espera.
—¿Qué sucede? —le pregunto otra vez, volteándome.
—¿Estás molesta por lo de ayer? Lo siento, fue un día de locos y…
—Está bien —le interrumpo sonriendo —No importa. Seguro que algo importante sucedió con tu familia…
Odio como mi voz se vuelve débil y mi pecho se hunde recordando su escena.
—Sí, pero…
—No, tranquilo, lo entiendo. No hay problema.
—Abi…
—Ya es tarde —digo mirando mi teléfono —Debo irme y tú deberías hacer lo mismo.
—No, escucha —dice tomándome las manos —Sobre lo de ayer, estaba estresado porque mi madre me pidió un favor y no sabía cómo manejar ese problema.
Cooper… ¿no podías solo dejarlo? ¿Tenías que sacar el tema a colación? La verdad, prefería mil veces haberme quedado con lo de ayer que el recuerdo de ahora. Al menos podría mentirme diciendo que los amigos se abrazan, son cercanos y existen los malentendidos. Ahora, ahora solo sé que acabas de mentirme a la cara y no encuentro forma objetiva para justificarte eso. Esta vez, ni siquiera tengo las manos libres para regularme. Así que solo hago de asentir con la cabeza mientras siento el escozor en los ojos. No soportaría más, así que antes de mostrarme vulnerable, decido imitarlo.
—Te creo —miento sin subir la mirada de nuestras manos.
Sé que soy torpe cuando se trata de emociones. Pero no soy tan tonta cómo para no saber qué algo ha pasado. Y ese algo, ha hecho que él mienta, y que yo me despierte.
Todos tenemos secretos y en algún momento mentimos. Solo que unos duelen más que otros. ¿Eso importa?
Ya todo se está yendo al carajo.
***