Un ex mejor amigo
La primogénita de Martins movía los brazos de una osa de peluche. Su imaginación le hacía creer que era una bailarina de ballet, y es que el tutú morado que traía junto al gran lazo en su cabeza, reforzaba su imaginación de cuatro años. Desde que su padre se la había obsequiado, aquella bola felpuda se había vuelto su mejor amiga. Claro, nada superaba a su padre. Por ello, no fue sorpresa que, ante el sonido de la puerta principal siendo abierta, soltará a la bailarina y corriera hacia las barandas. Su altura no le favoreció a su plan y decidió acercarse un poco más. Bajó las gradas con cuidado y detrás de un sofá, sacó su cabeza para observar.
Una pareja conversaba con su madre, y un niño de risos estaba escondido detrás de sus padres. La puerta de nuevo se abrió. Volteó sobresaltada, pero al ver quién era, sus pequeños ojos se iluminaron.
—¡Papi! —gritó antes de correr hacia él. Olvidando por completo su misión ante la alzada de brazos y besos en la cabeza.
—Te extrañe mi niña.
La pequeña lo miró unos segundos antes de empezar a llorar y decir entre balbuceos:
—Te extrañe papi.
Holden al ver su estado, le dio palmaditas en su espalda tratando de consolarla. La pequeña siempre había sido muy apegada a él, no verlo por tres meses había sido muy triste para ella. Él pareció comprenderlo, porque la dejó en sus brazos sin dar indicios de soltarla.
—Tengo unas personas que presentarte, ¿quieres conocerlas?
La curiosidad le pudo más que la tristeza, y unos ojos celestes brillaron emocionados asintiendo con la cabeza. Se limpió los ojos, pero Holden al ver que era algo brusca, la detuvo y lo hizo él. La mujer con cabello ondulado dio un paso al frente y le sonrió. A su lado, un hombre con cabello rubio le saludó con la mano. El color era extraño, pero lo más deslumbrante eran sus ojos. Abigail se volteó hacia su padre eufórica.
—¡Tiene colores papi! —grito señalándole al señor —¡Sus ojos tienen dos colores!
La sala se llenó de la risa de los adultos.
—Los tiene.
—¿Y él? —preguntó curiosa al ver al niño detrás de su madre —¿También tiene de colores los ojos papi?
—¿Quieres verlo? —asintió con efusividad —Bien.
La bajó de sus brazos y cuando sus pies tocaron el suelo, él niño se sobresaltó y de forma instintiva volvió a esconderse detrás de su madre. Abigail frunció el ceño confundida y miró a su padre en busca de ayuda.
—Joel —dijo la señora mientras acariciaba con su mano la cabeza del pequeño —Saluda, es una nueva amiga.
Eso pareció llamar su atención. Después de todo, Joel no había convivido con muchos niños.
—¿Una amiga?
—Así es —ella se agachó —Mira, solo quiere ver tus ojos, ¿le dejas?
Joel pareció dudar un poco, pero luego accedió y se acercó con pasos dudosos en dirección de Abigail. La niña no esperó más y se acercó.
—Son… —sus pequeños ojos se abrieron y saltó eufórica —¡Tienes colores en tus ojos!
Y sin que nadie se lo esperará, ella lo abrazó y lo obligaba a dar vueltas con él.
—¡Abigail…! —Holden la regaño entre sorprendido y atontado.
—¿Sí?
La inocente pregunta de la pequeña hizo que su madre apretara los labios para no reír, pero al final fallase y se carcajeara. Holden miró con mala cara a su esposa.
—No te rías Belinda —gruñó él agachándose —No es gracioso.
—¡Oh, claro que lo es! ¡Tú eres un aburrido!
—Abi…mi niña, tienes que soltarlo.
—¿Por qué?
Belinda de nuevo volvió a reír y Holden tomó un respiro mirando al cielo antes de asentir con la cabeza.
—Porque lo estás ahogando. Debes soltarlo un poco ¿sí? ¿Qué dices mi niña?
—Mmm —ella lo miró pareciendo pensarlo.
Su madre se compadeció por su esposo y se agachó a su lado.
—Abi, cariño. Lo que dice tu padre es que, aunque sea tu amigo, tienes que saber que no es un peluche, si lo abrazas con fuerza, le duele, y le pone celoso a tu padre —agregó rodando los ojos divertida —¿Qué dices? ¿Le ahorras el insomnio a tu padre sobre el futuro de espantar chicos que le espera?
—¿Papi? —preguntó mirándolo sin entender realmente lo que su madre le dijo, pero al ver a su padre, este la miraba suplicando. Desvió la mirada hacia el niño en sus brazos y luego de suspirar, lo soltó.
La sonrisa en Holden fue inmediata y Belinda se rio levantándose.
—Eso fue entretenido —comentó la señora con una sonrisa —¿Les parece dejarlos jugar mientras hacemos la cena?
—Yo creo que no…
—Claro —interrumpió su madre a su padre —Adelántense, por favor.
La pareja asintió e ingresó a la cocina. Holden aprovechó para ver a su hija y frunció los labios pareciendo preocupado. Por su parte, Belinda dejó un abrigo sobre la pequeña y le dejó más juguetes en el suelo. Sonrió al ver cómo su hija ya estaba presentando toda su artillería y besó su mejilla antes de acercarse a Holden.
—Eres un celoso —se burló —Respira, te arrugas con tantas preocupaciones.
—Linda…
Ella sonrió antes de alzarse en puntillas y besarlo en la mejilla.
—Vamos, tenemos que ayudar en la cena.
Holden asintió, pero no hizo un esfuerzo por moverse del lugar. Belinda no tuvo más opción que rodar los ojos y llevarlo a la cocina. Entre los juguetes de la pequeña, una pequeña, pero arrugada foto asomó. Joel la tomó y preguntó por ella confundido.
La pequeña Martins se la pidió y cuando la tuvo en sus manos la alzó como si fuera un gran tesoro antes de gritar:
—¡Mi ángel!
***
ABIGAIL (12 AÑOS)
—Si lo sigues viendo así, el pobre se desgastará —dice Joel a mis espaldas.
Ruedo los ojos, pero lo ignoro.
—No sé qué le ves, además de su apariencia —continúa —Desde que llegamos lo único que ha hecho es verte mal. No le agradas. Aunque a nadie le agradaría alguien que le tira cosas encima.
—¡Uno fue tu culpa! Y el otro un accidente —me defiendo —Además, tampoco me agrada.