Te enamoraré (versión nueva)

Capítulo 70 "Aclaremos las cosas" (Editado)

Aclaremos las cosas

Si tuviera una moneda por las veces que he perdido amistades, tendría dos, lo cual no es mucho, pero es curioso que sucedan en el mismo año, y entre las mismas personas. Creo que mi mirada fija incomoda a Joel, pero no puedo evitarlo, la situación me es tan desconcertante que la única forma de procesarlo, es verlo para creer que no desaparecerá.

No, no parece que yo esté alucinando. El señor no nos estaría viendo curioso por la situación.

—¿Vas a quedarte parado? —le pregunto —La gente creerá que te estoy intimidando.

—No —dice y se sienta en el sofá al frente de mí.

Enmarco una ceja sin acostumbrarme a su cambio. Desde que dejamos de hablarnos solo supe de él por las malas lenguas. Pero eso no cambia que todavía se me haga extraño ver el contraste de un chico bromista y hablador, a uno que es callado y tímido. Bueno, tampoco podía juzgarlo, yo dejé de ser tan explosiva y terca. Oh, y ya no me entrometía en peleas ni verbales ni físicas.

Mi teléfono suena y veo que Cooper me está llamando. Frunzo el ceño.

—¿Es Cooper? —Subo la mirada y asiento con la cabeza —Debes estar feliz, solía gustarte mucho. Incluso de niños tú...

La llamada termina y veo que empieza a escribirme.

—Sí —le interrumpo —¿Eso es de lo que quieres hablar? ¿Mi situación sentimental? Te recuerdo que ya no somos cercanos para cotillear sobre eso.

Su cabeza baja un poco.

—Lo sé...y lo siento.

Asiento con la cabeza y miro el mensaje de Cooper: ¿Dónde estás? Compré un paraguas para ir a verte.

Eso me saca entre una mueca-sonrisa y le respondo: En la biblioteca. Estaré esperándote.

—Pasado pisado, Joel —le digo y por un momento puedo verme con una pipa y haciendo el signo de paz y amor con los dedos.

—No, de verdad me arrepiento. Abigail, fui un idiota. No sabía lo que estabas viviendo y solo escuché lo que me convenía.

A la niña de mi corazón, que, por alguna razón, me mira sentada al lado de Joel, le gusta escuchar eso, pero niego con la cabeza recordándole que ya todo ha terminado.

—Está bien, de verdad. Gracias a que nos alejamos, logré integrarme.

Su rostro empalidece, pero no puedo hacer nada al respecto. Es la verdad, de alguna forma me favoreció su acto. El karma fue cruel con él, pero ya no volví a entrometerme para evitarlo.

—Abigail, tú...crees que ¿la gente puede cambiar? Quizá no en unos meses, pero... ¿con el tiempo?

No sé a dónde quiere llegar, pero decido ser sincera.

—Tal vez, pero lo que te hicieron sentir no.

—¿Cómo puedes estar tan segura de eso?

—Joel, cuando alguien que amas te hiere, ¿en qué crees que piensas? ¿En los recuerdos bonitos o la última vez que te miró a la cara y te destrozó el corazón?

—Yo...no podría olvidar lo bueno —responde bajando poco a poco la voz.

—Pero tampoco lo malo.

—Abi...

—Si una persona cambia, creará un nuevo futuro, pero jamás podrá borrar el pasado. Tal vez las personas cambien, Joel, y los sentimientos se desvanezcan...pero los recuerdos no.

—¿Incluso si me arrepiento tanto?

Una sonrisa triste se forma en mis labios y acaricio un mechón de su cabello, que antes era ondulado y ahora es más lacio.

—Tienes que aceptarlo y seguir viviendo, sino no lo haces y te quedas atrapado en el pasado, dentro de otros cinco años volverás a preguntarte lo mismo, y se volverá un ciclo vicioso. Bien —me levanto, dando por terminada esta especie de sesión de terapia improvisada —Mi novio ha llegado. Adiós, Joel.

—Espera, Abigail —lo miro y él levanta la mirada —Sé que estás postulando a la universidad de la Sorbona.

Me tenso, sorprendida por su comentario, pero luego asiento con la cabeza al comprender que él también ha postulado allí.

—Sí.

—Estaremos de nuevo en una ciudad nueva, así que pensé que, tal vez...nosotros podríamos empezar de cero.

Tomo aire y lo suelto despacio, entendiendo por fin el motivo de su repentina valentía después de tantos años. Niego con la cabeza.

—Una nueva ciudad no significa un nuevo comienzo, solo es una continuación de tu vida. Y en la mía, me gustaría que siguiéramos siendo solo conocidos, Joel Newell.

—Entiendo...

Paso a su lado sin sentirme triste al respecto. Éramos jóvenes, sí, por ello no estoy enojada con él, pero no deseaba repetir el pasado. Lo he pensado muchas veces y no bromeaba cuando le dije a Alan que en estos años no me habían herido lo suficiente como para reaccionar. En el pasado me aferré mucho a conservar su amistad, aguanté sus palabras, su ausencia, su silencio y parcialidad. Al final ni siquiera se preocupó por mi estado físico.

Lo solté.

Porque ya no había nada a que aferrarse.

Voy hacia la puerta cuando escucho a Alan llamarme a mi espalda. Él se levanta de una silla de madera de la gran mesa central de la biblioteca y camina en mi dirección. En sus manos veo una funda de papel.

—¿Cuándo llegaste? —le pregunto al notar que incluso ha comprado un libro.

—Hace unos minutos —sonríe encogiéndose de hombros —Vi que estabas ocupada, así que decidí esperarte.

—Podías interrumpirnos.

La verdad, ¡le hubiera hecho un altar de agradecimiento si lo hacía! Pero niega con la cabeza y parece algo avergonzado.

—No, yo te hice esperar, así que quise esperarte.

Sonrío un poco y bajo la vista a sus manos.

—¿Qué compraste?

Dudo en acercarme como antes, pero él con toda la naturalidad me lo entrega para que lo observe.

—La cuarta parte de tu antología de cuentos de terror.

Subo la mirada sorprendida.

—¡Salió hace dos semanas y de la traducción al español ni siquiera se ha hablado! —abro la primera hoja y veo que incluso está firmado —¡¿Cómo?!

—Puede que haya investigado un poco y conseguido de casualidad este ejemplar.

—¿Casualidad? —enmarco una ceja sin creerle.




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