La fiesta de Verónica
—¡Ya está aquí!
Ante el grito de Hailey, me levanto de la cama y bajo las escaleras con una mochila en el hombro. Mamá sale y me pregunta una vez más:
—¿Estás segura?
La miro y siento el fuego quemarme la garganta. ¿Ahora le preocupaba? ¡¿Luego de haberme encerrado con ella?! Sin embargo, no puedo explotar con mi madre, así que tomo aire y mando las manos detrás de mi espalda.
—Sí, solo iré a la fiesta para hablar con Claennis sobre su patrocinio.
¡Y quién sabe de qué cosas más! Siento...que voy a vomitar de nuevo.
—Cariño, sabes que solo quiero lo mejor para ti. Y si Claennis puede ayudarte a seguir tus sueños...yo de verdad deseo que los cumplas.
Bajo la mirada a sus manos, que toman las mías y las aprieta suavemente. Sí, lo sé, pero... ¡dios, Belinda, a veces eres tan...!
—No dejes que tu orgullo te gane, sé paciente, cariño. Todo saldrá bien.
Siento que sus palabras son un martillo. ¿Mi orgullo? ¡¿Mi orgullo dice?! ¡Es mi instinto de supervivencia! Voy a explotar de nuevo, pero el auto toca la bocina y aprovecho para despedirme. Abro la puerta del auto, ¡qué no me sorprende que sea negro y polarizado! ¡Ah, y sin placas! ¡Mierda! Entro, cierro la puerta y me arrimo al asiento. Bien, ¡lo que sea! Después de todo si me hacen perder los estribos y lanzo por accidente una copa de vino a sus caras, Claennis deberá hacerse responsable, no yo.
—Mierda, mierda, mierda, mierda...
Sé que el conductor está asustado porque sube el vidrio que nos separa y luego enciende la música. Aprovecho esta intimidad para cubrirme el rostro con la mochila y soltar un grito ahogado.
—¡Maldita seas Claennis Hans!
Después de sacar mis demonios, me arrimo y cierro los ojos escuchando el solo de piano. No tardo mucho en quedarme dormida, y solo cuando la puerta es abierta, que es después de casi dos horas de viaje, volteo la mirada a un lado.
—¿Señorita Martins? —me pregunta una señorita con el cabello recogido.
—Sí.
La misma que viste y calza…
—Sígame, por aquí, por favor.
Salgo y me tenso al notar que me hacen ingresar por la puerta del servicio. ¡Lo que faltaba! Esto me da mala espina. Si no hay nada que ocultar, ¿por qué temer que me vean? Ah, de solo pensarlo ya me duele la cabeza.
Entramos a un ascensor que se detiene en el cuarto piso y me guía hacia una habitación. No me sorprende que sea tan lujosa. Lo que si lo hace es el vestido en el centro. Es estilo victoriano, y sé el término porque Hailey ha repetido miles de veces que ama este tipo de estilo, pero esto... ¡es una locura! ¡¿No se supone que deben cubrir la parte superior un poco más?! Aunque me agrada las mangas de encaje negro...Mierda, ¡incluso tiene corsé! Además de que es largo y tiene varias capas. Cierro los ojos y me dejo caer en una silla.
¿Qué demonios…significa esto Claennis?
La puerta es tocada, les afirmo que pueden ingresar y veo a las personas que imagino me ayudarán a arreglarme. No digo nada, solo dejo que hagan su trabajo mientras ignoro su curiosidad. Si ustedes no saben que hago aquí, ¡mucho menos yo! Así pasan las horas, entre arreglos, casi romper el vestido y maldecir cuando ajustan el corsé. Veo mi reflejo y me congelo. Es la primera vez que uso tonos oscuros, pero no se me ve mal. Parpadeo incrédula al notar que mi expresión aturdida podría pasar por frialdad. Nunca...me había visto de este modo. Mi cabello recogido en una especie de cola alta, y el vestido con escote sexy, pero estilo victoriano, tampoco hacen por atenuar mi nueva imagen.
Así que esto es un cambio radical de imagen, ¿eh?
Dejo que me coloquen la máscara negra con cristales rojos, que no me atrevo a tocar porque si no son de fantasía, voy a infartarme.
—Está lista.
—Gracias. ¿Te dijo algo más la señora Hans?
—Sí, asista a la fiesta a la hora indicada.
Asiento con la cabeza y la veo salir. Me miro una vez más y suspiro. ¿Solo asistir? ¿Qué ganaría con esto? Además, si Alan me ve seguro se infarta. No quise decirle nada porque no sé qué quiere Claennis. Es una mascarada, no sabrán mi rostro, pero Alan seguro reconocerá mi voz. ¿Estoy de incognito o no? Ella me hizo entrar por la puerta trasera por alguna razón. ¿Cuál? No creo que mi vestimenta inicial haya sido el problema si lo mencionó tan a la ligera. Un sabor metálico llega a mi boca y separo de inmediato el dedo pulgar.
—Mierda —mascullo al ver que me he lastimado.
Presiono unos segundos esperando que pare el sangrado y veo por la ventana a los carros ingresando a la mansión. Bueno, si ella dice que solo debo asistir y no hay prohibición... ¡recorreré este maldito lugar y sabré que trama por mi cuenta! Tomo la falda del vestido para poder caminar y entro al ascensor. Presiono planta baja e ignoro como me sudan las manos al notar a toda la gente. Agradezco la máscara y pasar desapercibida mientras escucho como murmuran entre ellos.
—¿También lo escucharon?
—Sí, pero no es algo sorprendente. Siempre se ha rumoreado que son novios de infancia.
—Recuerda que ella lo desmintió muchas veces.
—Exacto, incluso escuché que él ya tiene una pareja.
—¡¿Enserio?! ¡¿Y quién podría ser?!
—Desconozco, solo sé que es alguien uhm común...
Paso a su lado y agradezco que la puerta me lleve a una de las salidas. Sin embargo, mi alegría dura poco, noto que hay una pequeña conmoción y regreso rápidamente. Al final termino junto a la fuente de lo que creo es champán y espero al inicio de la ceremonia. Cuando es hora, bajan el volumen de la música y Claennis sube para dar un discurso de apertura mencionando el aprecio a su sobrina, lo desafortunado que es la ausencia de sus padres por situaciones mayores y reitera sus felicitaciones hacia Verónica por su mayoría de edad. Se hace a un lado, las luces se apagan y un reflector alumbra la entrada. Verónica está usando un vestido del mismo estilo victoriano, pero de color blanco y a su lado...