Capítulo 6 — Las Bestias Más Poderosas Aceptan el Desafío
La papilla venenosa seguía frente a la cabaña de Jiang.
Nadie la había tocado.
Ni siquiera querían acercarse.
El bosque había aprendido la lección.
Bueno...
Casi todos.
Un León Simio asomó la cabeza detrás de un árbol.
—¿Sigue ahí?
Un lobo cercano miró el cuenco.
—Por desgracia.
—¿Y nadie la ha tocado?
—Desde anoche, nadie. Hasta las moscas se mantienen alejadas.
—¿Las moscas?
El lobo bajó la voz.
—Una pasó por encima a medianoche.
Hizo una pausa solemne.
—Le hicimos un funeral.
A unos metros de allí estaba el Rey de la Melena Dorada, gobernante de la parte oriental del bosque.
Llevaba tres horas mirando el cuenco.
Aunque fingía no estar interesado.
—No me interesa esa cosa —declaró.
Nadie le había preguntado.
Durante un rato, el bosque volvió a quedar en silencio.
Entonces, una joven Bestia Demoníaca levantó la cabeza y miró hacia la cabaña de Jiang.
—Esperen.
Todos se volvieron hacia él.
—Jiang se la comió.
Las bestias intercambiaron miradas.
Otra asintió lentamente.
—El bebé también.
Un lobo negro frunció el ceño.
—El bebé lloró durante una hora.
—Y después lo pateó.
—Los bebés lloran —dijo la joven bestia—. Eso es normal, ¿verdad?
Nadie respondió.
—Jiang dijo que lloraba porque le gustaba la leche.
—Jiang también dijo que la papilla estaba «bastante buena».
Silencio absoluto.
La joven bestia infló el pecho y dio un paso hacia el cuenco.
—Si Jiang pudo comérsela... y el bebé también... entonces, ¿por qué nosotros no?
—Esa es la cosa más estúpida que he escuchado esta mañana —murmuró alguien.
—Aunque tiene cierto sentido —admitió otro.
Una tercera bestia sonrió.
—Entonces, ¿todos tenemos miedo de un cuenco de papilla que un humano perezoso se tragó de una vez?
Aquellas palabras golpearon el orgullo de las bestias como un martillo.
Una tras otra, comenzaron a enderezarse.
—Ni siquiera hizo una mueca.
—Casi no masticó.
—Ese hombre no tiene instinto de supervivencia.
—¡Entonces nosotros tampoco deberíamos necesitarlo!
El Rey de la Melena Dorada cerró los ojos.
—Esa no es la conclusión que deberían sacar.
Nadie le hizo caso.
Y así...
comenzó el desafío.
◆ ◆ ◆
Un enorme Rey Oso dio un paso al frente.
—Yo iré primero.
Las demás bestias se apartaron inmediatamente.
El Rey Oso caminó hacia el cuenco con la confianza de alguien que había olvidado por completo lo que les había sucedido a los demás.
Se detuvo.
Miró la papilla.
El contenido del cuenco burbujeó.
Blup.
El oso se inclinó y la olió.
Su expresión cambió.
—Huele peor de lo que esperaba.
—¡Jiang se la comió! —gritó un León Simio desde detrás de una roca.
El oso recuperó la compostura.
—Cierto.
Agarró el cuenco.
—Jiang se la comió. El bebé también. Yo puedo hacerlo.
Tomó un sorbo diminuto.
Durante tres segundos no ocurrió nada.
El oso bajó el cuenco con una sonrisa orgullosa.
—¿Ven?
Las bestias comenzaron a celebrar.
—¡Lo sabía!
—¡No es tan mala!
Entonces la sonrisa del oso desapareció lentamente.
Sus orejas cayeron.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Todo su cuerpo se quedó rígido.
—Mi... lengua.
—¿Qué pasa con ella?
—¡NO PUEDO SENTIRLA!
El oso soltó el cuenco y salió corriendo hacia el manantial.
¡PLASH!
Metió toda la cabeza bajo el agua.
El bosque quedó en silencio.
Un León Simio susurró:
—¿Está muerto?
De repente, el oso salió disparado del agua.
—¡¿POR QUÉ SIGUE EN MI BOCA?!
El bosque entero estalló en carcajadas.
◆ ◆ ◆
—Aparten.
Un enorme lagarto demoníaco de escamas verdes avanzó entre la multitud.
—Tengo una resistencia natural al veneno.
El oso, todavía empapado, lo miró.
—No lo hagas.
—He comido criaturas venenosas desde que era pequeño.
—Entonces, ¿por qué estás temblando?
—No estoy temblando.
Todo su cuerpo temblaba.
—Tengo frío.
—Hace calor. Estamos bajo la Lluvia Sagrada.
El lagarto apretó los dientes.
—Cállate.
Tomó la cuchara y probó un bocado diminuto.
Sus pupilas se contrajeron hasta convertirse en dos puntos.
Se quedó completamente inmóvil.
Después giró lentamente la cabeza.
—¿Dónde está el manantial?
El oso, todavía chorreando agua, ni siquiera se movió.
—Espera tu turno.
◆ ◆ ◆
Un enorme jabalí de montaña cubierto de grueso pelaje avanzó.
—Una vez sobreviví a una flor venenosa que mató a trescientas bestias.
El León Simio asintió impresionado.
—Eso es increíble.
—Gracias.
El jabalí tomó una cucharada.
Su rostro se retorció.
Tragó.
Después caminó tranquilamente hasta un árbol.
Apoyó las dos pezuñas contra el tronco y comenzó a lamer la corteza.
Una bestia lo miró confundida.
—¿Qué estás haciendo?
—Buscando otro sabor.
Hasta las Bestias Antiguas que dormían bajo tierra se echaron a reír.
La tierra tembló con sus carcajadas.
◆ ◆ ◆
Junto a la cabaña, Lin Tian observaba todo aquello con profunda confusión.
Goberné los Tres Reinos durante diez mil años.
Y ahora estos idiotas están haciendo fila para probar la cosa que casi les destruyó la lengua.
Lin Tian miró a su padre.
Jiang seguía durmiendo.
—Ronquido...
Lin Tian señaló a Jiang.
Después señaló el cuenco.
Parecía preguntar por qué aquellas criaturas seguían comiendo la horrible comida de su padre.
Nadie entendió lo que quería decir.
Quizá era mejor así.
El desafío continuó.
Editado: 09.10.2026