Capítulo 7 — El Pastel que Casi Destruyó el Bosque
El Bosque Primordial de Kalyug jamás había vivido una situación tan extraña.
Cien de sus criaturas más poderosas se habían convertido de repente en pequeñas crías.
Bestias Antiguas.
Kraken Celestiales.
El Rey de la Melena Dorada.
El Jabalí de Montaña.
El Lagarto Resistente al Veneno.
Criaturas capaces de hacer temblar reinos enteros ahora eran pequeñas, redondas, esponjosas y completamente humilladas.
Todas miraban al mismo hombre.
Jiang.
Él estaba fuera de su cabaña, estirándose perezosamente bajo la luz de la mañana.
Al ver el círculo de crías que lo rodeaba, sonrió.
—Buenos días a todos.
Los diminutos ojos del Rey de la Melena Dorada se entrecerraron.
¿Cómo se atreve a sonreír?
Todavía recordaba aquel biberón.
Los patitos amarillos.
Las risas.
Sus diminutas patas se cerraron en puños.
—¡Ataquemos!
Las demás crías asintieron.
Una Bestia Antigua soltó un gruñido.
Los pequeños Kraken Celestiales levantaron sus diminutos tentáculos.
El cachorro de oso bajó la cabeza.
El pequeño lagarto mostró los dientes.
Entonces atacaron al mismo tiempo.
¡BOOOOOOM!
La tierra explotó.
Las montañas temblaron.
El cielo pareció resquebrajarse.
Una enorme oleada de energía espiritual atravesó el bosque.
Llamas.
Rayos.
Cuchillas de viento.
Presión espacial.
Niebla venenosa.
Técnicas capaces de borrar un reino entero del mapa.
Jiang simplemente se quedó allí.
Parpadeó.
—¿Eh?
Los ataques lo alcanzaron.
¡BOOM! ¡CRASH! ¡BANG!
Una nube de polvo cubrió todo el claro.
Después llegó el silencio.
El Rey de la Melena Dorada levantó lentamente una diminuta pata.
—¿Lo conseguimos?
Nadie respondió.
El polvo comenzó a disiparse.
Jiang seguía exactamente en el mismo lugar.
Su ropa estaba intacta.
Su cabello seguía despeinado.
Ni siquiera tenía un rasguño.
Jiang miró a su alrededor.
Después sonrió.
—Ah.
Las crías se quedaron inmóviles.
Jiang levantó ambas manos.
—¡Me están lanzando besitos!
Las crías quedaron confundidas.
Jiang soltó una carcajada.
—Sabía que les caía bien.
El diminuto rostro del Rey de la Melena Dorada tembló.
¿Besitos?
¡Acababan de lanzar suficiente poder para destruir montañas!
¡Y ese hombre pensaba que le estaban mandando besos!
—¡Otra vez!
Otra explosión envolvió a Jiang.
Nada.
La Bestia Antigua atacó.
Nada.
Los Kraken Celestiales atacaron.
Nada.
El Rey de la Melena Dorada liberó toda la energía que su pequeño cuerpo podía reunir.
Nada.
Jiang seguía allí, completamente tranquilo.
—¿Eso es todo?
El horror comenzó a reemplazar la furia en los rostros de las crías.
Jiang sonrió con amabilidad.
—No tienen que ser tímidos.
Algo dentro del Rey de la Melena Dorada finalmente se rompió.
—¡AGÁRRENLO!
Las crías cargaron.
Si los ataques espirituales no funcionaban, usarían los dientes.
El cachorro de oso mordió la pierna de Jiang.
¡Ñam!
Nada.
El pequeño lagarto mordió la otra pierna.
¡Ñam!
Nada.
El Rey de la Melena Dorada saltó sobre la espalda de Jiang y clavó los dientes en su hombro.
¡Ñam!
Nada.
Pequeños tentáculos rodearon sus brazos.
Garras tiraron de su ropa.
Otros dientes intentaron morderle el cabello.
En cuestión de segundos, Jiang estaba cubierto por una montaña de pequeñas criaturas furiosas.
Jiang miró el montón de pelaje que se había abalanzado sobre él.
Entonces su cuerpo comenzó a temblar.
—Je...
Las crías se quedaron quietas.
—¡Jajajaja!
Jiang se dobló de la risa.
—¡Esperen! ¡Eso hace cosquillas!
El Rey de la Melena Dorada quedó completamente inmóvil.
¿Cosquillas?
Habían usado suficiente fuerza para destruir montañas.
Y aquel hombre se estaba riendo porque lo estaban haciendo cosquillas.
Editado: 09.10.2026