Tensión Textual

9. Holly al borde de estallar

Narrado por Holly

 

–Gracias señor Cooper–murmuro sintiendo que me tiemblan las rodillas. Caray, no puedo creer que me haya provocado esto, alguna vez en mi vida me juré que no volvería a sentirme doblegada por Jordan nunca más.

Y aquí estoy, precisamente siendo doblegada por el hombre más perverso que he conocido jamás.

Me paro frente a todos, con la mirada fija en cada rostro somnoliento. La sala aún envuelta en penumbra, pero mi determinación brilla con fuerza. Frente a mí hay tres chicas que me miran con desdén, dos rubias y una morena que parecen evaluarme 

–Buenos días a todos–comienzo, intentando proyectar confianza–. Mi nombre es Holly Anderson, tengo veintitrés años y estoy recién graduada de la carrera de Marketing–. Estoy a punto de decir de qué Universidad, pero no quiero que la charla vaya en esa dirección–. Me siento super agradecida de la oportunidad que se me presenta ahora, conocí esta empresa a través de una postulación pública en Internet y me enamoré desde el primer momento ya que siempre he sido fan de los libros de romance, de las películas y toda la ficción empalagosa que haya al respecto. Tengo muchas ganas de poner en práctica todo lo que he aprendido y admiro cada una de las tareas que ustedes hacen, quiero aprender mucho de…

–Y el poder de síntesis sobre todo es lo que más podrías aprender–me corta Cooper en seco y todos se ríen, sobre todo las tres bobas que tengo al frente. O no. No todos. Sarah sonríe apenas quizá para quedar bien, pero Chris no ríe en absoluto–. No tenemos mucho tiempo así que basta con saber tu nombre, lo demás ya te irán conociendo, Holly.

Asiento sin más con un movimiento apenado de mi cabeza y tomo asiento con las mejillas ardiendo. Las ganas de llorar se me suben por el cuerpo consiguiendo que la sangre se me hierva en las venas.

He evitado mencionar los antecedentes que nos unen a Jordan, por lo que tampoco pude hacer alusión a que mis méritos siempre fueron completamente honestos. Iba a hacer un guiño a la honestidad, pero él me desvió. Sabe lo que hace y cada vez me siento más segura de mis sospechas de que solo pretende tenerme en su empresa para humillarme.

En mi mente, retengo los secretos que podrían cambiar la percepción de todos sobre Jordan. Pero por ahora, he decidido llamarme al silencio y escuchar las coordenadas de los proyectos vigentes, cosa que no consigue tomar completamente mi atención puesto que le doy vueltas una y otra vez a las risas de mis propios compañeros avaladas por la persona que me contrató.

Intento mantener mi enfoque en los temas laborales, pero la dinámica de la sala me afecta. Las chicas al frente están perdidas en Jordan cosa que avala Christine en cuanto salimos de ahí y ella me dice:

–Ya las conociste. Piensan que tienes algo con el jefe y te tomarán como su enemiga, llevan años midiéndose entre ellas para ver quién se queda con el señor Cooper.

–¿Él se acuesta con sus empleadas?–pregunto lo indebido, quizá no debería pronunciar esas palabras en voz alta dentro de la empresa.

–Chissst–sugiere ella–. No que yo sepa, pero ve con cuidado con esas tres. 

–¿Andamos de cotilleo?

Rayos.

La voz de Jordan es la que nos alcanza de costado mientras se dirige hasta su oficina con la morena de piernas largas y Sarah, ambas llevando cablerío detrás. Quizá prepararán otra reunión más elegante para el jefe.

–¡A trabajar!–nos dice y desaparece en su pecera de vidrio.

Me vuelvo a Christine:

–¿Cómo lo soportas?

Ella tiene un gesto de confusión.

–Generalmente no es así, pero mejor hablamos luego entre unos traguitos viendo a mis amigas las vogueras. ¡Permiso, corazón!

 

Estoy harta.

Es mi segundo día en la empresa y, mientras me sirvo mi tercera taza de café de la mañana tras tres horas que llevo en el lugar, escucho a las chicas cuchichear sobre Jordan. Las chicas superpoderosas o algo así. Mientras charlan emocionadamente, trato de mantenerme discreta y centrada en mi tarea de apartar la cafetera y armarme un capuchino para variar un poco el paladar.

—...y su inteligencia es simplemente sorprendente. ¿Has notado cómo siempre tiene la respuesta correcta en las reuniones?–comenta una de ellas, y la otra asiente con entusiasmo.

Opto por un enfoque sutil y escucho discretamente.

–Es muy atractivo y con un carácter fortísimo.

–Es lo que se requiere para estar en sus zapatos.

–¡Preferiría estar dentro de su bragueta!

–¡Uuuy!

¿En serio van a decir esas cosas? Definitivamente no lo conocen ni de cerca a cómo yo lo conozco a él.

Mientras continúan elogiando a Jordan, me esfuerzo por no dejar que la incomodidad se refleje en mi rostro. Por dentro, mi escepticismo persiste, pero mi objetivo es mantener la profesionalidad y evitar confrontaciones innecesarias.

Una de las chicas se vuelve hacia mí con una sonrisa en cuanto saco mi taza llena de mi bebida calentita.

–¿No te parece que Jordan es simplemente el jefe más atractivo que podríamos tener?–pregunta con entusiasmo–. Tu que recién llegas, ejem, ¿cómo te llamabas? ¿Haley?

–Holly, boba–le dice la rubia y se ríen.

Opto por una respuesta equilibrada y diplomática.

–Sí, definitivamente tiene un enfoque único en su trabajo–comento y las evado para salir de la oficina.

Ya Christine me advirtió sobre ellas, además que piensan de mí cosas completamente contrapuestas a mi vinculación con el señor Cooper.

Al regresar a mi escritorio, me encuentro con la sorpresa de que Jordan me está esperando con una pila de cajas repletas de documentos. Su expresión lleva consigo una chispa maliciosa mientras explica que necesitan ser perforados, convertidos en folios y organizados en las estanterías.

–Apenas llevo a medias el primer libro–le digo, atónita.

–Entonces deberías repensar tu trabajo porque vas muy lento. Sospecho que el puesto te quedó grande, Holly Anderson.




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