Terrible elección

CONOCIENDO A GEORGE BLAISE

Siete años atrás...
 


 


*MADIE* 
 


Eran cerca de las ocho de la noche  estaba en casa con unas empleadas, esperando a misseres para cenar. Tenía diez años de edad en ese entonces. Mi hermana Sally estaba en su servicio comunitario y mi hermano mayor iba a la universidad de Seattle.

- Madie, hija. Ya llegamos.

Bajé de inmediato a recibirlos, abracé y besé a mis padres y me percaté de que no venían solos

- ¿Quienes son, Papi? -Susurré.

- Ellos, hija, son Lily y John Blaise, nuestros amigos y socios de la empresa, acaban de mudarse a Malibú. Saluda Madie.

Estreché la mano de los señores Blaise, y detrás de ellos había un niño castaño con gafas, era de mi edad.

-Oh. -La señora se dirijo a mi. -Madie, te presento a mi hijo.

Era demasiado tímida con los hombres, no soportaba tener a alguien cerca mi mucho menos tener contacto de cualquier tipo, ni siquiera con mi hermano Patrick me gustaba tener algún tipo de acercamiento.

-Madie. Saluda hija. -Mi madre me acercó al niño, estábamos frente a frente, sus ojos intimidaban los míos y finalmente estrechamos nuestras manos.

-Soy George. George Blaise. -Me sonrió.

En toda la cena George no dejaba de verme, mis padres estaban muy concentrados en su conversación con los Blaise. Agaché la mirada, pero los ojos de ese chico penetraban buscando los míos.

Mis padres me sugirieron llevar a George a conocer la casa, le mostré desde el jardín principal, el recibidor, la sala, la cocina y comedor.

Salimos al patio trasero, vio mis columpios y la piscina, pero su vista se enfocó en una de las flores de mamá. Las rosas. Acababan de retoñar y eran realmente hermosas.

El chico se acercó a mí y tomó mi mano. Comencé a temblar involuntariamente y pareció notarlo.

- ¡Dios! Es hermosa. -Susurró.

- Lo se, las rosas son...

-No hablaba de las rosas, estaba hablando de ti, Madie.

Sus ojos color avellana hicieron contacto con los míos por un largo rato. Lo siguiente sucedió rápidamente, el chico se acercó a mí, cerró sus ojos y besó mi mejilla. Me quedé estupefacta hasta que su voz me sacó de mi trance.

- Acabo de darte mi primer beso, Madie.




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