Tesis sobre un amor cliché

Capítulo 6

El bajo de la música reverberaba directamente en las plantas de mis pies, sacudiéndome el pecho en una mezcla de adrenalina y desconcierto. Por primera vez en lo que parecía una eternidad, no me importaba quién estuviera mirando. Tenía un vaso rojo con un trago dulzón y sospechoso en la mano derecha, la otra la llevaba en alto y reía a carcajadas junto a Lidia mientras ambas dábamos vueltas en medio de la sala atestada de gente, dejándonos llevar por el caos de una fiesta universitaria que era exactamente lo opuesto al orden clínico de mi casa.

-¡Te dije que la noche prometía, Miller!

Gritó Lidia sobre el ruido ensordecedor de los parlantes, agitando su propio vaso con energía mientras esquivábamos a un par de chicos que saltaban al compás.

-¡Creo que el jugo de este vaso tenía algo más que fruta, Lidia!

Le contesté de vuelta, riendo sin poder evitarlo mientras sentía el mundo girar con una ligereza extraña y maravillosa.
Por un par de horas, Ashwood High, las miradas de Brittany, las exigencias de mis padres y las frustrantes ventanas con vistas a la habitación de al lado se habían esfumado por completo. Éramos solo nosotras, la música estruendosa y una total y absoluta falta de control que, extrañamente, se sentía liberadora.

[Narra Ethan]
-te juro que si me pones otra vez esa canción de los noventa en el auto, te rompo el estéreo, Sanders

Bromeó Sam, mi mejor amigo y compañero de equipo, dándome un codazo amistoso mientras caminábamos hacia la entrada de la casa alquilada donde se armaba la fiesta de los universitarios.

-es un clásico, idiota. Aprende de cultura musical

Le respondí con una media sonrisa, ajustándome el cuello de la chaqueta. Veníamos de pasar un sábado aburrido y Sam había insistido en salir a despejarse un rato para sacarse la presión de los entrenamientos.
Entramos al lugar esquivando a la marea de gente en la sala principal. El aire olía a sudor, cerveza barata y malas decisiones. Nos acercamos a la barra improvisada para pedir par de bebidas, charlando con un par de conocidos de la universidad sobre el próximo partido de temporada.
Estaba dando un trago a mi vaso cuando, por un simple golpe de vista hacia el centro de la pista improvisada, el mundo pareció detenerse de golpe.
Entre las luces estroboscópicas y el tumulto de cuerpos saltando, la reconocí de inmediato. Era imposible no hacerlo. Tenía el cabello oscuro suelto y revuelto, los ojos brillantes llenos de una euforia que jamás le había visto en la escuela, y se reía de algo que le decía su amiga mientras se movía al compás de la música con una soltura que me dejó completamente petrificado en el lugar.
¿Anneliese Miller? ¿Bailando en una fiesta universitaria a medio kilómetro de su zona de confort?

-oye, Ethan...

La voz de Sam sonó a mi lado, acompañada de un toque firme en el hombro que me sacó del trance.

-dime que estoy viendo alucinaciones por el alcohol, ¿Pero esa de ahí no es la chica callada que vive al lado de tu casa? La que siempre va con suéteres gigantes
-sí... es ella

Murmuré con la mandíbula tensa, sintiendo que la sangre empezaba a hervir de inmediato al desviar la mirada unos centímetros más allá.
La diversión se me cayó del pecho como una piedra. A pocos pasos de Anne y Lidia, dos tipos mayores -universitarios pasados de copas y con cara de idiotas- se habían acercado demasiado. Los vi rodearlas con total descaro, lanzándoles halagos prepotentes mientras estiraban las manos para agarrarlas de la cintura bajo el pretexto de "aprender a bailar".
Vi la forma en que Anne parpadeó con lentitud, claramente mareada por el alcohol, intentando dar un paso atrás mientras el tipo le bloqueaba el camino con una sonrisa cínica.

-hasta aquí llegué

Siseé entre dientes, dejando caer el vaso de plástico sobre una mesa cercana con tanta fuerza que el líquido salpicó por todos lados.

-cuenta conmigo, capitán

Dijo Sam, tronándose los nudillos con una chispa peligrosa en los ojos al ver exactamente lo mismo que yo.
Cruzamos la pista empujando a la gente a nuestro paso como una aplanadora. Cuando llegué a su lado, uno de los tipos ya le había apoyado una mano en la espalda baja a Anne, inclinándose demasiado hacia su rostro.

-creo que la señorita dijo que no le interesa bailar contigo, idiota

Le solté con voz helada, agarrando al tipo del hombro y girándolo con brusquedad.
El universitario se me quedó viendo con furia, soltando un insulto, pero antes de que pudiera terminar la frase, Sam ya se había encargado del segundo sujeto con un empujón seco. La discusión escaló en segundos; los tipos intentaron ponerse bravucones, pero entre la furia contenida de Sam y mi paciencia agotada por completo, bastaron un par de golpes certeros para que decidieran huir con el rabo entre las piernas, desapareciendo entre la multitud.
Me giré de inmediato hacia las chicas. Lidia estaba recostada contra una columna, riendo tontamente y mirando el techo, mientras que Anne intentaba mantener el equilibrio, parpadeando con pesadez y mirándome fijamente con una mezcla de sorpresa y embriaguez.

-¿Sanders...?

Balbució Anne, ladeando la cabeza con una sonrisa boba y las mejillas completamente encendidas por el alcohol.

-vaya... tu alucinación nocturna se ve muy realista hoy...
-no estoy alucinando, Anneliese. Estás completamente borracha

Suspiré con una mezcla de frustración y alivio, pasándome una mano por la cara.

-no estoy... hic... borracha, solo estoy... flotando

Protestó ella, dando un tambaleo que casi la hace caer al suelo de no ser porque la agarré a tiempo por los codos, pegándola firmemente contra mi pecho.

-sí, claro, y yo soy el rey de Inglaterra

Repliqué con ironía, sosteniéndola con cuidado.

-Sam, ayúdame a cargar con Lidia. Nos las vamos a llevar de aquí antes de que sigan arrastrando los pies
-¡Andando, capitán!




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