Después de haberme ganado un par de gritos del entrenador y las burlas constantes de Sam durante todo el entrenamiento, pensé que el resto de la semana escolar transcurriría con algo de cordura. Grave error. En Ashwood High, la cordura es un mito urbano y los chismes viajan más rápido que un pase de anotación.
El miércoles por la mañana, el pasillo principal parecía el set de una película de espías. Cada vez que pasaba frente a los casilleros de la sección de música, sentía miradas clavadas en la nuca. Brittany se había encargado de difundir la teoría de que "la chica invisible" le había hecho algún tipo de vudú mental al capitán del equipo de fútbol. Lo gracioso era que, lejos de molestarme, la idea me causaba una gracia enorme.
Me detuve frente a mi casillero para cambiar los libros de la clase de trigonometría, maldiciendo mentalmente las ecuaciones diferenciales, cuando escuché un carraspeo suave a mi lado.
Giró la cabeza y ahí estaba ella. Llevaba una gabardina ligera de color beige y el cabello suelto, con un mechón rebelde que le caía sobre la frente. Sostenía un libro de literatura clásica con ambas manos contra el pecho, adoptando una postura de total defensiva.
-vaya, Sanders. Veo que hoy tu mayor enemigo no es el receptor del equipo contrario, sino la tabla periódica y las matemáticas
Dijo Anne con una media sonrisa socarrona, apoyando la espalda contra los casilleros contiguos.
-escuché por ahí que casi provocas un infarto al coach en la práctica de ayer, ¿Tan distraído estás, o es que los engranajes de tu cerebro finalmente se sobrecalentaron?
Cerré la puerta del casillero de golpe, apoyando una mano en el metal justo al lado de su hombro para cerrarle el paso si intentaba huir. Ella parpadeó sorprendida, pero no retrocedió ni un centímetro. Su capacidad para mantener la compostura cuando la tenía tan cerca seguía desconcertándome.
-digamos que tengo la cabeza ocupada en asuntos de suma importancia, Miller
Murmuré con la voz un poco más baja de lo habitual, disfrutando de cómo el color subía instantáneamente por sus mejillas.
-por ejemplo, intentando descifrar por qué cierta violinista decidió dejarme con la palabra en la boca frente a todo el pasillo el lunes pasado
Anne desvió la mirada un segundo hacia el suelo, intentando ocultar una sonrisa que le delataba hasta el alma, antes de volver a enfrentarme con esa chispa desafiante en los ojos.
-fue una jugada táctica, capitán. Necesitaba ver si tenías el valor suficiente para soportar la presión mediática de Brittany y sus secuaces sin recurrir a tus típicos discursos de chico popular
-y, según tu evaluación experta, ¿aprobé el examen?
Pregunté, inclinándome un poco más hacia ella, sintiendo el aroma sutil a vainilla y lluvia que siempre parecía acompañarla.
-digamos que raspaste el aprobado
Respondió ella con una risa contenida, dándose la vuelta con elegancia antes de que pudiera replicar.
-nos vemos, Sanders. Y te sugiero que traigas un suéter más abrigado, pronosticaron una tormenta para la salida
Se marchó moviendo la cabeza con aire triunfal, dejándome con una sonrisa estúpida plantada en el rostro y el corazón latiendo a un ritmo completamente irregular.
Tenía razón con lo del clima. Para cuando sonó el timbre de la última hora, el cielo de Ashwood se había teñido de un gris plomizo y amenazante. Apenas puse un pie fuera de la entrada principal de la escuela, las primeras gotas de una tormenta brutal comenzaron a azotar el pavimento. La mayoría de los estudiantes corrían desesperados hacia sus autos o se amontonaban bajo el porche techado.
Yo me quedé allí, buscando las llaves en los bolsillos de mi chaqueta, cuando una figura con una gabardina beige apareció a mi lado, abriendo un paraguas azul marino que apenas si lograba cubrir a una persona.
-parece que el pronóstico acertó, Sanders
Dijo Anne suspirando al ver la cortina de agua que caía frente a nosotros.
-¿Y tu flamante auto deportivo? ¿Decidió quedarse descansando en el estacionamiento?
-lo dejé en el taller mecánico esta mañana. Así que, técnicamente, compartimos la misma desgracia: nos toca caminar bajo el diluvio universal
Respondí, señalando con la cabeza la parada de autobús al final de la calle.
Anne me miró un segundo, evaluando la situación con una mezcla de resignación y diversión, antes de levantar el paraguas un poco más hacia mi lado.
-supongo que un héroe de la cancha como tú no le teme a un poco de agua, ¿O me equivoco?
-contigo bajo la lluvia, Miller, diría que estoy dispuesto a enfrentar un huracán categoría cinco
Admití en voz baja, tomando el mango del paraguas con mi mano para cubrirla mejor.
Ella no dijo nada, pero sus dedos rozaron levemente los míos mientras echábamos a andar bajo la tormenta.
***
La tormenta no era una simple lluvia pasajera; era un auténtico diluvio de verano que parecía decidido a ahogar cada rincón de Ashwood High y sus alrededores. El viento soplaba con fuerza, haciendo que el paraguas azul marino de Anne fuera poco más que un adorno decorativo mientras caminábamos hombro con hombro intentando esquivar los charcos gigantes que se formaban en la acera.
-te juro que si me da una neumonía doble, la culpa será enteramente tuya por no haberle hecho caso al reporte meteorológico, Sanders
Protestó Anne con una media sonrisa, intentando sacudirse unas gotas de agua que se le habían pegado al flequillo.
-tranquila, Miller. Si te da neumonía, prometo visitarte en la mansión, traerle sopa a tu mayordomo y leerte los libros de anatomía hasta que te quedes dormida
Bromeé, sintiendo que el frío del ambiente contrastaba grotescamente con el calor absurdo que sentía en el pecho cada vez que rozaba su brazo con el mío.
El trayecto hacia el vecindario se nos hizo inusualmente corto. Para cuando llegamos frente a los portones de nuestras casas, ambos teníamos los zapatos completamente empapados y el dobladillo de los pantalones chorreando agua. En lugar de seguir de largo hacia mi entrada, Anne se detuvo justo en el descansillo de su porche, bajo el techo protector que nos libraba al fin de la cortina de agua.