Tesis sobre un amor cliché

Capítulo 12: tiempo después

[Narrado por Anne]
El campus de la Academia de Música de Nueva Inglaterra a las ocho de la mañana era un espectáculo de frío gélido y pretensión pura. El aliento se me escapaba en pequeñas nubecillas blancas mientras caminaba de prisa por los senderos empedrados, cargando el estuche de mi violín con la mano izquierda y un termo de café hirviendo con la derecha.
A diferencia de mis años en Ashwood High, donde cada pasillo parecía un campo minado de jerarquías sociales y miradas suspicaces, aquí la única guerra era contra la entonación perfecta, los tiempos de Bach y la falta de horas de sueño. En teoría, este era el lugar al que pertenecía. Un espacio donde mi amor por la música no era un bicho raro, sino el idioma oficial.

-te lo juro, Anne, si el profesor de historia del arte vuelve a mencionarme el dadaísmo con esa cara de que ha descubierto la cura contra el cáncer, voy a comerme una hoja del manual

La voz de Lidia retumbaba a todo volumen por el altavoz de mis auriculares inalámbricos, mientras ella caminaba por el campus de su propia universidad en otra ciudad.

-¿Me estás escuchando, o te has quedado catatónica otra vez intentando descifrar una partitura mental?

Solté una risa corta, sacudiendo la cabeza mientras esquivaba a un grupo de estudiantes que cargaban violonchelos como si fueran mochilas escolares.

-te escucho perfectamente, Lidia. Y te sugiero que soportes al profesor de dadaísmo si no quieres suspender el semestre antes de Navidad

Le respondí, ajustándome la bufanda de lana contra el cuello.

-al menos tú tienes a Max, que es un novio perfecto, comprensivo y brillante

Me detuve un segundo frente a las escaleras principales del edificio de ensayos, sintiendo una punzada sutil en el pecho.

-Max no es mi "novio perfecto", Lidia, solo estamos saliendo desde hace unos meses...

Intenté corregirla, aunque una sonrisa involuntaria se dibujó en mis labios al recordarlo.

-sí, claro, y yo soy la reina de Inglaterra

Bromeó ella antes de colgar con la excusa de que tenía que entrar a clases de anatomía aplicada al diseño.
Guardé el teléfono en el bolsillo de mi abrigo y subí los escalones con paso ligero. Justo al abrir las pesadas puertas de roble del estudio de ensayo, una mano amable detuvo el batiente para que pudiera pasar con el violín.

-buenos días, Miller. Veo que llegaste temprano otra vez, ¿Acaso intentas ganarte el premio a la alumna más estresada del trimestre, o simplemente te aburres en tu habitación?

Una voz cálida y divertida me saludó con acento relajado.
Era Max. Compañero de la sección de cuerdas, rizos castaños indomables, ojos color miel y una sonrisa perpetua que parecía incapaz de albergar maldad alguna. Desde el primer día de clases, cuando se me cayeron todas las partituras de Vivaldi en medio del pasillo y él se arrodilló a recogerlas sin importarle el desastre, Max se había convertido en mi refugio favorito en esta universidad. Era el polo opuesto a cualquier cosa que hubiera conocido en Ashwood High: cero pretensiones, cero dramas de popularidad, pura música y buena vibra.

-buenos días

Le saludé devolviéndole la sonrisa, sintiendo cómo la tensión acumulada por el frío matutino se desvanecía de inmediato.

-y no estoy estresada, solo tengo un sentido de la puntualidad que tú claramente desconoces

Max soltó una carcajada limpia y sincera, caminando a mi lado por el pasillo alfombrado hacia los cubículos de práctica.

-oye, ofendes a mi falta de organización matutina

Bromeó, sacando una barra de cereal de su bolsillo y partiéndola por la mitad para ofrecerme un trozo.

-por cierto, estuve pensando en lo que comentaste ayer sobre el concierto de invierno. Si sobrevivimos a la prueba del profesor Henderson este viernes, ¿Qué te parece si nos escapamos a esa cafetería de la esquina a celebrar con chocolate caliente y demasiada azúcar?

Lo miré de reojo, observando la chispa de genuino interés y afecto en sus ojos. Con Max todo era tan jodidamente fácil. No había que calcular las palabras, ni adivinar intenciones ocultas, ni temer al qué dirán. Era una relación construida sobre risas compartidas, partituras arruinadas y cafés a medianoche.

-me parece un plan perfecto

Acepté con voz suave, abriendo la puerta de mi cubículo.
Mientras sacaba el violín de su estuche, sintiendo la madera familiar bajo mis dedos, me repetí mentalmente que mi vida estaba exactamente donde tenía que estar: lejos de los viejos vecindarios, lejos de las miradas penetrantes y los recuerdos de un pasado que ya no pintaba nada en mi presente.
Sin embargo, mientras afinaba las cuerdas con precisión mecánica, una pequeña y terca parte de mi mente ignoraba por completo que las vacaciones de Navidad estaban a la vuelta de la esquina, y que el pasado, a veces, tiene la molesta costumbre de esperarte a la vuelta de la esquina con un suéter navideño ridículo y una bandeja de brownies.

***

La prueba con el profesor Henderson había sido, tal como lo predijimos, un auténtico campo de minas sonoro. Salí del auditorio principal con los dedos ligeramente entumecidos por la tensión y el cabello descolocado de la coleta, pero con la satisfacción de haber tocado cada nota con la precisión de un reloj suizo.
Apenas puse un pie en la acera nevada, un abrigo cálido y familiar se depositó sobre mis hombros por la espalda.

-sobreviviste

Anunció la voz divertida de Max, quien se asomó frente a mí con una sonrisa de oreja a oreja y un vaso humeante de chocolate caliente en cada mano.

-te dije que el viejo Henderson no muerde si tocas a Vivaldi con la devoción de un feligrés. Tómate esto antes de que el frío de Nueva Inglaterra decida congelarte las ideas por completo

Tomé el vaso de cartón entre mis manos, sintiendo cómo el calor reconfortante se extendía de inmediato por mis palmas. Caminamos por el sendero iluminado por las primeras luces navideñas de la ciudad, riendo de las anécdotas de los examinadores más estrictos de la facultad. Estar con Max era exactamente eso: un respiro constante, una brisa ligera que disipaba cualquier rastro de ansiedad. No había dobles intenciones ni miradas calculadoras; solo dos estudiantes universitarios compartiendo un momento simple en medio del bullicio invernal.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.